La vuelta a prisión de López y Ledesma, preludio de lo peor  

Si ya era  grave la situación venezolana con las amenazas del presidente Nicolás Maduro de quitar la inmunidad a los  miembros de la Asamblea Nacional, elegida democráticamente en 2015 y, proceder a la detención de algunos de sus miembros e, incluso, a disolverla para dar paso a la anticonstitucional  Asamblea Constituyente, la situación se ha agravado aún más con la vuelta a la cárcel, en la madrugada de este Martes, de Leopoldo López, trasladado de la prisión a su casa el pasado 8 de Julio, por mediación del expresidente español Zapatero, en calidad de preso  domiciliario y del exalcalde de Caracas, Antonio Ledesma, que  ha sido sacado de su domicilio con la mayor de las violencias hacia la cárcel militar de Ramo Verde. La explicación a estas detenciones es que pretendían huir, algo insólito porque estaban permanentemente vigilados por agentes del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia).

Por eso, si  Zapatero pensaba que había conseguido algo importante en ese diálogo imposible que ha fracasado cada vez que se ha intentado, se habrá desengañado al contemplar una situación que se deteriora por días, que se endurece por semanas y que está desembocando en una auténtica matanza de jóvenes, que ya han empezado a desobedecer las órdenes de los dirigentes más moderados, que claman porque se observe escrupulosamente, la vía pacífica de la protesta. La desesperación, el  hambre, los padecimientos, la falta de medicinas, y el hundimiento de una Economía con una hiperinflación, según el Fondo  Monetario Internacional (FMI) del 720,5%, y que para el año que viene se calcula que  será del 2.068,5%, hacen el resto, Y Ahora, la más dura de las represiones.

Aislado internacionalmente y consciente de que ningún país de América Latina (salvo Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y El Salvador) y los países de la Unión Europea con Alemania y España al frente, acepta la elección de una Asamblea Constituyente que le ha servido para un autogolpe de estado a lo Erdogan, su  objetivo inmediato es disolver la Asamblea Nacional (Parlamento), en manos de la oposición. Así como terminar con la Fiscalía en poder de la chavista Luisa Ortega (“las elecciones de las Constituyentes han sido una tomadura de pelo al pueblo”, se ha atrevido a proclamar Ortega, tras calificar las elecciones del pasado domingo de inconstitucionales) y ocupar los pocos espacios de poder que se habían escapado a su control.

Tosco, maleducado, soez, traidor a las esencias del chavismo, quiere convencer a su pueblo de que habla con Chaves y que, incluso, se le aparece en forma de pájaro. Maduro parece haberse convencido de que el domingo las elecciones fueron un triunfo para él, sin  querer darse cuenta de que su supuesta victoria, es una derrota para su país. Nicolás Maduro con trampas, ha ganado, pero su victoria podría convertirse en una gran derrota para Venezuela. El país está más dividido que nunca. La mayoría de la población rechaza las elecciones. El conflicto no puede resolverse mediante la violencia. Sin embargo, es difícil imaginar que Venezuela encuentre sola la salida de esta espiral que ha llevado al país al abismo, al hambre y al miedo de una población que asiste atónita a una  verdadera masacre.

Venezuela acaba de entrar en una nueva encrucijada, en la encrucijada de la represión (y ahí están las detenciones esta madrugada de dos figuras emblemáticas de la oposición democrática como López y Ledesma) y las amenazas contra los miembros del Parlamento dispuestos a elegir un Gobierno provisional antes de que la Guardia Nacional los  expulse de su sede en el Capitolio Federal. Hay muy poco que los vecinos latinoamericanos pueden hacer para evitar ese desenlace. El Gobierno norteamericano ha impuesto sanciones a 13 venezolanos importantes del Régimen y Donald Trump ha tomado medidas contra Maduro, congelando sus cuentas y bienes en Estados Unidos. Eso, según algunos expertos, puede ser una alerta para nuevas sanciones. La sanción más grave sería la  prohibición de compraventa de petróleo venezolano. Venezuela vende cerca de 800 mil barriles por día a los EE.UU., poco más de la mitad de sus exportaciones totales de petróleo. Un embargo sería desastroso para la economía del país y podría ampliar las protestas, eventualmente llevando a la caída del régimen. Pero daría también a Maduro una disculpa para la crisis y una justificación para ampliar la represión. No está claro si ese eventual embargo aceleraría o no un proceso de transición política, porque  los costes sociales pueden ser inmensos.

España ha reaccionado inmediatamente a las detenciones de esta madrugada y se acaba de sumar a la tesis de las sanciones, pero sanciones selectivas contra los dirigentes cercanos a Maduro. El ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, ha anunciado, inmediatamente después de las detenciones de López y Ledesma, que se ha puesto en contacto con la Alta Representante de la UE, Federica Mogherini, para “poner en marcha el proceso para adoptar medidas adicionales restrictivas, individuales, selectivas y específicas contra los responsables de la situación en Venezuela”.