A pesar del autogolpe, Nicolás Maduro, más aislado que nunca

Hoy en Venezuela después de las elecciones de la Asamblea Constituyente de este domingo, la situación está mucho peor, entre otras razones  porque se ha consumado el golpe de estado de Nicolás Maduro Moros. Unas elecciones rechazadas por la comunidad internacional en las que el Gobierno dice que participó el 41,43%  del censo, es decir, casi 8,1 millones de votantes, mientras que la oposición rebaja, a dos millones y medio de votos  (12%), algo más de la tercera parte de lo que la MUD (Mesa de Unidad Democrática) obtuvo en el Referéndum de rechazo del Gobierno  (7,2 millones de votos).

El reto del Gobierno era dar un mayor número de votos que el que consiguió la oposición hace dos semanas, para lo cual el vicepresidente Diosdado Cabello estuvo reunido hasta altas horas de la noche, con la responsable del censo y del Consejo Supremo Electoral,  Tibisay Lucena Ramírez, para cuadrar los números. La señora Lucena a primera hora ya había anunciado que estaba participando el 90 por ciento de los censados. Henrique Capriles horas antes de hacerse público los resultados informaba de la reunión al más alto nivel  y, aseguraba, en su cuenta de twitter, que “siguen reunidos en CNE la cúpula con Lucena maquillando cifras ¡Según anunciarán 8 millones! Digan lo que quieran, el país ya sabe”.

La votación, acompañada de la sangre de quince venezolanos, algunos de los cuales no participaban en la protesta, y de cinco policías heridos en un atentado, abre un foso aún mayor entre la oposición y el madurismo, que cada vez tiene menos que ver con el chavismo. La oposición que no participó en las Constituyentes porque, entre otras cosas, se convocaron en contra de lo que dice la Constitución, ha hecho ya un llamamiento a la continuación de las protestas, al tiempo que ha pedido ayuda a la comunidad internacional.

Nicolás Maduro por su parte, ya ha anunciado que levantará la inmunidad a los miembros  de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, someterá a algunos asambleístas a juicio y, la nueva Asamblea Constituyente, que tomará posesión en las próximas 72 horas, substituirá a la actual. De esta forma, dará por consumado el autogolpe de Estado que le permitirá controlar el Legislativo, cambiar el Tribunal Supremo y cesar a la fiscal general del Estado, la chavista Luisa Ortega, a la que se le han con confiscado todos sus bienes y se le ha  prohibido la salida del país. El propio Maduro ha dicho que intervendría la Fiscalía.

El objetivo de las Constituyentes más que hacer reformas en la Constitución es el control del poder absoluto, en algo tan misterioso como “profundizar en el Régimen y no en el reconocimiento de los errores”. La actual Constituyente, y ya lo ha anunciado Maduro, no tiene límites. Puede pensarse, incluso, como una figura superior al propio Maduro. Y, aunque estará bajo control del chavismo oficial, no es claro qué sector dentro de esa corriente política del chavismo quedará al mando. Quien esté al frente de la Asamblea elegida, podría tener más poder que el mismo Maduro. Y ese que esté al frente,  puede ser, Diosdado Cabello, que puede terminar prescindiendo de Maduro, ante una radicalización de la situación.

A pesar de su supuesto triunfo electoral, Maduro está hoy peor que ayer. Sus elecciones no son reconocidas por la mayoría de los países latinoamericanos. Los gobiernos de Chile, Brasil, Argentina, Colombia, Costa Rica, España, Estados Unidos, Panamá, Perú y  México, han hecho públicos comunicados en los que reconocen como “ilegítima” la votación e instan al gobierno de Maduro a “cumplir con sus obligaciones internacionales” para respetar el sufragio universal y el principio de la soberanía popular. Asimismo, manifiestan su preocupación por la escalada de la violencia que deja un saldo global de 125 muertos. Por su parte la Unión Europea tampoco reconoce la Constituyente y dice que “Venezuela tiene instituciones legítima y democráticamente electas cuyo papel es trabajar juntas y encontrar soluciones negociadas a la crisis actual”. La Constituyente, sigue el texto de la diplomacia de la UE “elegida bajo circunstancias dudosas y frecuentemente violentas no puede ser parte de la solución” porque “ha incrementado la división y deslegitimará las instituciones venezolanas democráticamente electas”.