Paraguay; una tierra de oportunidades

Augusto Roa Bastos, el más grande escritor de Paraguay, despojado de su nacionalidad por el dictador Stroessner, y una de las referencias literarias de América Latina, que dejó constancia de su talento en su novela “Yo el Supremo”, decía que Paraguay es una isla rodeada de tierra por todos lados. Rodeada de tierra en sus fronteras con Bolivia, Argentina y Brasil y condicionada por esas dos grandes potencias que son el inmenso Brasil y, también, la gran Argentina. La guerra grande “de la Triple Alianza” duró cinco años (1865 -1870). En ella se unieron Argentina, Brasil y Uruguay para invadir Paraguay. Posteriormente se produjo la guerra e invasión de Bolivia en “La guerra del Chaco” entre 1932 a 1935. La guerra de la triple Alianza terminó con el 85% de la población paraguaya, y el 95% de la población masculina en lo que fue la Gran Guerra que dejó un país destruido, despoblado y arruinado.

Un conflicto que, por su crueldad, aún está vivo en la memoria de los pacíficos paraguayos y que han sabido, superar con una colaboración total con Argentina, al Sur y con Brasil al Este, con dos gigantescas presas (Yacyreta e Itaypu) que proporciona a los dos países limítrofes la energía limpia que necesitan y que el país administra consciente de que tiene en su poder dos de las riquezas más apreciadas del mundo: el agua y la energía.

Unas riquezas inagotables que proporcionan dos grandes ríos, el Paraguay y el Paraná, y que hace que el país, con una excelente tierra, y un clima subtropical, se haya convertido, en estos momentos, en el primero en la exportación de azúcar, el octavo en la exportación de  carne vacuna, el cuarto en producción de soja, el décimo en trigo. Por otra  parte, actualmente, es el país con mayor crecimiento económico de la región y está en el quinto lugar en América,  desde 2013, por ser el segundo país con gran retorno de la  inversión en Latinoamérica. Cuenta con la tercera mayor flota de barcazas del mundo y es el mayor productor y exportador de energía renovable y, con una cabaña ganadera, que es el doble de su población: más de catorce millones de cabezas de ganado.

A pesar de todos esos datos, Paraguay, es un  país desconocido, que no suele aparecer en los medios informativos, a pesar de ser el país de las oportunidades. El país en dónde se han refugiado muchos miembros de esa “generación perdida” española que se hundió económicamente durante la crisis y que ha encontrado, después de muchos  esfuerzos, una nueva oportunidad “Vine aquí arruinado, hundido, después de perder todo: mis casas, mi yate, todo el producto del trabajo de una vida dedicada a la construcción”, cuenta a esta cronista uno de estos españoles expatriados”.  Aquí empecé de nuevo y ahora tengo una empresa de construcción de 800 trabajadores. En España – dice con cierta tristeza – se habla mucho de la generación de los Ninis, pero nada de quienes con cuarenta o cincuenta años,  tuvimos que empezar de cero, después de una  vida de trabajo y de privaciones”.

Hoy día, Paraguay (400.000  Kilómetros cuadrados, cien mil kilómetros menos que España y con la séptima población de nuestro país)  es uno de los países más ventajosos para invertir por las facilidades fiscales, por los recursos naturales que maneja y, sobre todo, por una población muy joven, que se adapta bien a cualquier tipo de trabajo, después de un periodo razonable de formación. En su optimismo el actual ministro de Industria Gustavo Leite, asegura que Paraguay puede convertirse  en la China del continente, pensando sobre todo en el ensamblaje de vehículos procedentes de China y de Corea del Sur y contando con las enormes ventajas fiscales con las que se recibe a la inversión extranjera.

Esa China con la que sueñan muchos políticos paraguayos es, un país en el que está todo, o casi todo, por hacer, que tiene una nueva clase empresarial joven y muy activa, que cree en el protagonismo de una sociedad civil fuerte que rompa el poder de esas doscientas familias que desde la dictadura de Alfredo Stroessner, piensan que han heredado el país. Esa mecánica  en la que al final son las grandes familias las que se encargan de nombrar a los  candidatos, la rompió en 2008 el obispo católico, reducido al estado laical Fernando Lugo aquí tuvo que abandonar el poder después de los graves sucesos con unos campesinos en los que se produjeron 17 muertos. El Congreso  le hizo un “juicio político” alegando mal desempeño de sus funciones y fue despojado del poder en lo que fue una clara ruptura del orden democrático. Actualmente es senador.

Hoy el candidato a la Presidencia por el partido Colorado, es uno de los representantes de esa nueva clase de políticos tecnócratas de los que se ha rodeado el actual presidente Horacio  Cartes empeñado en una modernización del país. El próximo candidato a la Presidencia Santiago Peña. Peña, ha estado trabajando en el Fondo Monetario Internacional, ha dirigido el Banco Central de su país y su principal objetivo será el Plan Nacional de Desarrollo para el periodo 2014-2030 que girará en torno a tres grandes objetivos: la reducción de la pobreza y el desarrollo social, el crecimiento enconómico inclusivo y la inclusión de Paraguay en los mercados globales.

Durante una semana un grupo de periodistas españoles hemos recorrido el país de punta a punta para conocer el país, confraternizar con sus gentes, gentes amables, generosas, desprendidas, con una tendencia natural a agradar, a preguntar y a interesarse por el viajero. Si el viajero pregunta por aquella Gran Guerra que estuvo a punto de terminar con el país porque hubo un momento en el que la orden de los militares brasileños y argentinos fue eliminar a todos los hombres, incluso a los que estaban en el vientre de sus madres, una reacción de nacionalismos surge con espontaneidad, pero desprovista de cualquier manifestación de odio o venganza.

A pesar de que en aquella contienda, Paraguay perdió gran parte de los territorios que tenía todavía en disputa diplomática con Brasil (334.126 kilometro cuadrados) y fue condenado a pagar una enorme indemnización de guerra, si bien el pago se fue atrasando a través de diferentes gobiernos de posguerra y no se llegó a efectuar. Sin embargo, el préstamo de posguerra de 200.000 £ (libras esterlinas) recibido del Reino Unido se saldó con sucesivas refinanciaciones, llevando la suma a 3,22 millones de libras esterlinas.

El escritor Germa Padinger en su ” Retrato de Marte. Una historia de soldados en la Guerra del Paraguay” (Olmo Ediciones 2016) dice que “es  difícil definir con precisión por qué esta guerra, que tuvo un rol tan marcado en la construcción del país, pasa desapercibida. Quizás por su impopularidad y las revueltas internas que generó; o el aniquilamiento del pueblo paraguayo que tuvo como desenlace; o el hecho de que el conflicto fue encarado por un país anterior, que estaba a punto de cambiar su identidad por la llegada masiva de los inmigrantes”.

En el relato de aquella guerra Padinger cuenta que en una plazoleta del centro de Rosario y frente a la Estación Fluvial, donde en verano la gente hace fila para subir a las lanchas que cruzan a las playas del otro lado del Paraná, hay una estatua de hierro de un joven soldado argentino. Este soldado anónimo (ya no tiene la placa que lo identificaba) -que en realidad no lo es- constituye uno de los pocos símbolos que persisten de la Guerra del Paraguay, el conflicto que hace mucho tiempo hizo sangrar a cuatro países y que hoy casi no se puede ser más que un recuerda, aunque está ahí.