Un 40 aniversario de legítimo orgullo

Con la inexplicable ausencia del rey Juan Carlos, con quien se hizo la transición política en nuestro país, y en un ambiente tenso por los intentos de Podemos de convertir el acto en una reivindicación de los represaliados durante la transición,  convirtiendo, además, injustamente, al exministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, en la cara de esa reivindicación, se ha celebrado este miércoles los cuarenta años conmemorativos de las primeras elecciones democráticas en el país. Un país donde no se votaba desde Febrero de 1936, en que los españoles eligieron al Frente Popular, episodio al que siguió el golpe de estado militar contra la República, dirigido por el general Franco.

Lo que debería haber sido un acto de legítimo orgullo por lo conseguido hace cuarenta años, con lo que fueron unas elecciones constituyentes y de reconciliación, tras la promulgación de una Amnistía, y el regreso a España de todos los exilados, lo ha querido convertir Podemos, en su obsesión de deslegitimar la Transición, en un acto de pequeña revancha, desproporcionado con los que muchos personajes del anterior Régimen hicieron por normalizar la convivencia nacional y conseguir la reconciliación nacional, hasta el punto de hacerse el harakiri votando una Ley de Reforma política que daba paso a lo que sería eso, tan denostado, por algunos, que fue la Transición. Hasta el punto de convertir en twitter “cuarenta años de democracia” en “cuarenta años de impunidad”.

Como ha repetido este cronista en muchas ocasiones, hace cuarenta años, a una España en blanco y negro, en Franco y negro, le substituyó una España en color. Una España en libertad, una España reconciliada en la que, y es la imagen que tiene viva el cronista en la memoria, – el día de la constitución de las primeras Cortes democráticas, presididas por el rey Juan Carlos, hoy ausente – aparecen muchas de las figuras del anterior régimen, de la España en Franco y negro, con quienes salion de las cárceles y de la clandestinidad. Como  Santiago Carrillo,  Simón Sánchez Montero, Dolores Ibarruri  “la Pasionaria” o Rafael  Alberti, que habían vuelto del exilio y del sufrimiento. Martín Villa abrazaba a Santiago Carrillo, y una Pasionaria, probablemente el personaje más odiado por el franquismo, saludaba sonriente a todo los que se le acercaban, muchos de ellos,  antiguos altos jerarcas del sindicalismo vertical, totalmente desconocidos para quien pasó la mayor parte de su vida en el exilio de Moscú.

Lo ha querido recordar el rey Felipe VI, que el día de las primeras elecciones democráticas, tenía nueve años y que siempre suele decir que hay que ganarse la Corona, día a día. En un discurso donde ha ido relatando lo que fue el proceso de la transición,  el Rey se refirió a las elecciones de 1976 en las que diputados y senadores elegidos 15 de junio de 1977,  tenían ante sí una responsabilidad histórica: dar la respuesta política a nuestros errores del pasado y superar las diferencias entre los españoles, convencidos de que la Guerra Civil y la dictadura eran, como se afirmó entonces en estas Cámaras, una inmensa tragedia sobre la que no cabía fundar el porvenir de España. Y de la “dictadura hacer una democracia”.

Los protagonistas de la Transición “cumplieron con su deber” a pesar de la incertidumbre política; de la difícil situación económica, «por encima también de incomprensiones e ingratitudes» y «a pesar del terrible dolor que causaba el terrorismo». «Si hoy la democracia y la libertad son una evidencia, se lo debemos a ellos. Porque entonces, hay que recordarlo, no lo eran. Se unieron varias generaciones de españoles, del interior y del exilio, con trayectorias vitales muy diferentes, con ideologías muy alejadas, pero todos ellos guiados e inspirados  por un mismo espíritu.

Ese fue el secreto de la Transición en palabras reales: “Nadie en España debía volver a ser enemigo de nadie; la exclusión y la imposición, la intolerancia y la discordia debían ser substituidas por la renuncia al dogmatismo y la defensa de las propias convicciones con pleno respeto hacia el adversario y hacia las opiniones ajenas diferentes. Los españoles, como ciudadanos debían disfrutar de los derechos civiles, políticos y sociales, propios de un régimen democrático que garantizase la pluralidad y la alternativa política mediante elecciones libres y periódicas”.

Ese fue el secreto del paso de la dictadura a la democracia y esos fueron los materiales con los que trabajaron tanto el rey Juan Carlos como el primer presidente democrático Adolfo Suárez, los más aplaudidos cuando fueron citados por la Presidenta del Congreso Ana Pastor. Uno, Adolfo Suárez ya no está con nosotros, y era su hijo quien recogía el cariño de los asistentes, El otro, el rey Juan Carlos, por problemas protocolarios difíciles de entender (él mismo, no lo entiende, a pesar de todas las explicaciones que se le han dado) lo veía por Televisión, igual que su padre, el Conde de Barcelona, vio  su nombramiento  de sucesor  en 1969 a título de Rey, desde la televisión cerca de la costa española.