Pedro Sánchez, el Renacido, recupera la secretaría general del PSOE

Pedro Sánchez Castejón, el Renacido, ha recuperado la secretaría general del partido socialista obrero español, en unas primarias históricas, ocho meses después de que el Comité Federal del Partido, forzase su dimisión, en una reunión que quedará grabada en la memoria histórica de militantes, votantes y simpatizantes, como una de las Cumbres más vergonzosas de toda la historia del partido.

Esa Cumbre que terminó con intentos de agresión y con un desconsolado llanto de Susana Díaz a quien todas señalaban como la principal responsable de la caída de Sánchez, desde que uno de sus hombres Antonio Prendes, firmó la dimisión de parte de la Comisión Ejecutiva del secretario general, que intentó, en una última jugada convocar un Congreso exprés y blindarse como candidato a unas terceras elecciones generales.

Solo, aislado, con la mayoría del Comité Federal gritando “Tongo, Tongo”, cuando hubo un intento de colocar unas urnas, detrás de las cortinas de la Presidencia, Sánchez decidió tirar la toalla, dimitir de diputado para no tener que abstenerse en la votación de Mariano Rajoy, como presidente del Gobierno, el gran tema que estaba detrás de la pelea entre bastidores entre el aparato y el equipo histórico de poder y el secretario general, que tuvo posibilidad de ser investido Presidente y no lo fue por la traición de Pablo Iglesias, obsesionado con el “sorpasso”.

Con el triunfo de Sánchez el Renacido, que ha prometido un modelo de partido calificado por Díaz de “asambleario”, pierde el aparato del PSOE, el nacional y el Andaluz, pierden los poderes económicos que han hecho todo lo posible porque no ganara, pierde el Grupo Prisa que no sólo ha observado una equidistancia entre los candidatos, sino que han luchado con obsesión por hacer imposible su victoria; pierden muchas empresas del Ibex que le ven como un peligro para la recuperación económica y pierde, sobre todo, personajes históricos del socialismo español que, hasta ahora, eran intocables.

Con el triunfo de este domingo se abre una etapa nueva en el socialismo español que va a contar con la reticencia de Susana Díaz que defiende un modelo de organización que no tiene nada que ver con el que defiende Sánchez, empeñado en crear un nuevo PSOE que no tenga nada que ver con el actual, una labor realmente importante pero complicada de llevar a cabo.

Cerrados los resultados a medianoche de este domingo histórico para el PSOE y para el país, la gran incógnita está en saber qué pasará a partir de este lunes, en que los tres contrincantes que han participado en una campaña electoral de ocho meses (por lo menos en el caso de Pedro Sánchez), que no ha servido para serenar los ánimos, sino todo lo contrario, para que las heridas del vergonzoso Comité Federal del 1 de Octubre, hayan seguido sangrando. Terminado el recuento hemos vuelto al juego de las sillas. Durante unos meses Podemos ha ocupado una de las decisivas sillas de la política y ha dejado al PSOE de pie y buscando su sitio.

Ahora, por muchas movilizaciones callejeras que se hayan producido, incluida la exitosa concentración de este fin de semana en la Puerta del Sol, Podemos está a punto, con su moción de censura dirigida más hacia el PSOE que hacia Mariano Rajoy, y su obsesión de llevar la lucha política a la calle y no hacerla desde las Instituciones, como han decidido sus votantes, de perder la silla en la que estaban y quedarse de pie. Y todo depende, de lo que haga el nuevo secretario general del partido. En cuanto a la integración de todos los que durante meses se han apuñalado, eso sí, con menos ferocidad que el 1 de Octubre va a ser realmente complicada. “La integración va a ser difícil. La gran animosidad personal entre los dos candidatos podría complicar más cualquier esfuerzo por reducir la brecha actual” dice un conocido dirigente socialista. “Se odian profundamente. No cooperarán” decía otro miembro del PSOE. “No creo que haya una división. Pero no se puede descartar completamente”. Pero, aparte de la integración existe un reto aceptado por todos, de que hay que ocupar de nuevo, la silla del poder.

Y eso, tampoco será fácil. Después de gobernar España durante 22 de los 29 años anteriores a 2011, los socialistas han perdido las últimas tres elecciones generales. La hecatombe comenzó con Zapatero, cuando la burbuja inmobiliaria y crediticia estalló en 2008, entonces la negó sistemáticamente y se vio obligado por Europa a tomar medidas impopulares. Desde entonces, los de Podemos, ese partido de extrema izquierda surgido del movimiento de protesta anti austeridad conocido como los “Indignados” del 15M, les ha arrebatado casi la mitad de los votantes y se han sentado en la silla socialista que junto con la del Partido Popular era la que ha gobernado el país, mucho más el PSOE, que el PP.