El gran saqueo…y Rajoy, de viaje, esperando que escampe…

El presidente del Gobierno Mariano Rajoy, en pleno tsunami por la “Operación Lezo”, ha afirmado que no está dispuesto a cesar a sus ministros de Justicia y de Interior, Rafael Catalá y José Ignacio Zoido, por los contactos que han tenido con imputados en el escándalo en torno al expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González, una auténtica bomba de racimo que sigue estallando poco a poco, sin que, por el momento, haya síntomas de que el escándalo vaya a frenarse, sino todo lo contrario.

Con un creciente malestar dentro del partido y una sensación de vergüenza en la mayoría de sus dirigentes y militantes, que no terminan de creerse que se haya llegado a este saqueo, en el que evidentemente ha participado toda una familia (padre, esposa, hermano y cuñado) y una banda criminal, según el lenguaje utilizado por el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco, el Presidente del Gobierno y del partido, es la primera vez que hace referencia a la actual crisis mientras sigue centrado en la economía, en el crecimiento económico y en el reto europeo que nuestro país tiene por delante, como si lo que está pasando no tuviera nada que ver con él.

El Presidente precisamente ahora, ha emprendido un largo viaje que ha empezado en Brasil (país en estado de shock por el escándalo de la constructora Odebretch, el mayor escándalo de corrupción que se ha extendido por toda América Latina, que ha ocasionado la caída de la presidenta Dilma Rusell y está a punto de provocar la caída del actual presidente Michel Temer) y terminará en China, con pequeñas escalas en Madrid y Bruselas. En ese lenguaje tan complicado cuando quiere que no se le entienda, sigue insistiendo en que hay que hacer lo que hay que hacer. Y eso significa, según su tradicional estrategia, que el tiempo termine por solucionar todo, cuando la realidad es que estamos ante un caso peor, mucho peor, que el de “Gürtel” en el que él tiene que comparecer como testigo algo por lo que dice que “está encantado”.

Aparte de la larga lista de personas que están siendo investigadas, que según algunas fuentes, pueden llegar al centenar, y que afecta al mayor escándalo que le ha estallado al PP en plena legislatura de Rajoy, con más implicaciones que el “caso Gürtel”, las conversaciones que están trascendiendo a la opinión pública, el lenguaje chulesco y amenazador, propio de la mafia, con el que se expresa el señor González, los manejos para que la Fiscalía Anticorrupción la ocupe Moix, amigo promocionado como fiscal por Ignacio González, esas relaciones y mensajes entre ministros del Gobierno de España con alguien en el que recaían desde hace tiempo todas las sospechas, hasta el punto que fue descabalgado de candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, la propia dimisión de Esperanza Aguirre que abandona definitivamente la política, han creado un clima irrespirable dentro del PP, desconcertado sin saber qué hacer y con su Presidente fuera de España en lo que parece una huida.

Y todo eso, en vísperas de que empiecen a discutirse los Presupuestos Generales del Estado, mientras desde algún grupo político ha comenzado a pedirse la dimisión del propio Rajoy. Necesitado de los votos de Ciudadanos, Partido Nacionalista Vasco, Coalición Canaria y Nueva Canarias, el Presidente del Gobierno está viendo como en su mejor momento político, cuando Europa está reconociendo su protagonismo y su éxito económico, todo se está viniendo abajo. Él sigue con su política de que “hay que hacer lo que hay que hacer”, convencido de que siempre que llueve escampa. Pero no, no hay que contactar con el Servicio Meteorológico, para saber que esta vez, va a tardar tiempo en escampar. Y cuando lo haga, probablemente sea demasiado tarde.