La semana de pasión de Carles Puigdemont

Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, ha vivido su particular Semana de Pasión en la que todo parece que se le ha venido encima. Desde la división interna que existe en su Gobierno (ver republica.com “El proceso catalán” cada vez más complicado y aislado”), hasta los resultados de las encuestas que le dan la pérdida de más de 400.000 votos, un práctico empate con Ciudadanos, y a Oriol Junqueras, como futuro presidente de la Generalitat.

Pero es que, además, el responsable de organización del PDeCat (la otra cara de la antigua Convergencia) David Bonvehi ya ha tomado posición y previendo que el Referéndum de independencia no se va a celebrar, o si se celebra, se puede perder, ya ha empezado a mover fichas para la búsqueda de un candidato para unas nuevas elecciones que serían unas elecciones autonómicas más, en las que no participaría como candidato por decisión propia, Puigdemont, ni Artur Mas, inhabilitado por el Tribunal Constitucional.

Pero lo más grave de esa Semana de Pasión, se produciría el Miércoles Santo, cuando toda la diplomacia de cartón de Puigdemont y Romeva, se venía abajo ante el comunicado de la embajada norteamericana en Madrid, insistiendo en que el tema de Cataluña era un asunto interno de España y que Estaos Unidos quería la máxima colaboración con una “España fuerte y unida”. Simultáneamente el expresidente Carter, con quien se había entrevistado Puigdemont, en un viaje relámpago de ida y vuelta, pagado por todos los españoles, el Presidente de la Generalitat para hacerse una foto y ganarlo para la causa de la independencia, contestaba que no quería involucrarse en la cuestión de Cataluña.

No había servido de nada los viajes a los Estados Unidos de América de Artur Mas, de Romeva, y de Puigdemont, sus intentos de captar a pintorescos congresistas de extrema derecha que a largo de sus vidas políticas han defendido las causas más peregrinas desde Putin a Le Pen, y que terminaron en Madrid borrachos, sin poder atender a sus compromisos oficiales. Es verdad que el actual Presidente de la Generalitat no tiene la formación de Jordi Pujol, o de Artur Mas, aunque haya presumido de títulos de filólogo y periodista, títulos de los que carece.

Como Montilla, que no tuvo que mentir para fabricar un falso currículum, el señor Puigdemont es un simple bachiller. Se puede ser bachiller a mucha honra pero hay que tener, sobre todo, sentido común, y no inventarse una diplomacia de cartón. Se puede tener estudios se filología, y presumir de filólogo, pero no se puede pretender ser Metternich, el gran diplomático del Imperio austriaco. Y la verdad es que toda esa estrategia internacional a la búsqueda de apoyos imposibles, en Europa, en el Reino Unido, en Estados Unidos, en el Parlamento Europeo, han terminado en el más estrepitoso de los fracasos. Cuando no, en el más llamativo de los ridículos.

Probablemente, esta Semana de Pasión, ha sido la peor semana de Carles Puigdemont, el presidente de la Generalitat más ingenuo que ha pasado por el Palau de Sant Jaume. Fue elegido por Artur Mas cuando la CUP (Candidatura de Unidad Popular), que es la que realmente manda, vetó a Mas como candidato. Era, entonces, Alcalde de Gerona, filólogo y periodista. Ahora ya no es Alcalde, ni filólogo. Intentará ejerciendo de periodista, eso sí, al servicio del independentismo, del que ha vivido desde que fundó, con ayuda oficial, la Agencia Catalana de Noticies (ACN).