ETA escenifica su desarme pero también su derrota

Este fin de semana la organización terrorista ETA ha querido vender a la opinión pública nacional a internacional que era el fin de semana del desarme. Un desarme llevado a cabo el sábado en el Ayuntamiento de Bayona, aunque al final ha sido el fin de semana de la derrota de la organización armada, la última que a estas alturas quedaba en Europa, que se rinde con un balance aterrador a sus espaldas: 800 muertos y algo más de 300 asesinatos por investigar, gran parte de ellos, de miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

Para ese “día del desarme”, lo que queda todavía de la organización ha utilizado a un mediador internacional de Sri Lanka, al arzobispo de Bolonia y a un pastor protestante norirlandes, aparte de una corte de 172 miembros de la sociedad civil que han vigilado los ocho zulos dónde se encontraba el material entregado (un centenar de armas y miles de kilos de explosivos), menor de lo que esperaban los servicios de Información españoles. Entre 2001 y 2004, la policía francesa se incautó de más de mil armas y 6.000 kilos de explosivos; entre 2005 y 2016, capturó 379 armas y más de 8.000 kilos de explosivos. De acuerdo con estos datos, se esperaba un mayor número de armas y explosivos pero, dada la situación de desbandada de la organización, no hay garantías de que haya un control centralizado de todo el material del que dispone o del que ha dispuesto la banda.

Destrozada por policías y jueces en España y en Francia, la organización terrorista y su espiral de violencia han finalizado de hecho, aunque todavía no se ha tenido lugar, de hecho, la disolución, algo que se producirá próximamente, tras un proceso de reflexión y debate de lo poco que queda de la banda y de su consulta con los presos de la organización. De todas formas, sin solución de continuidad, Arnaldo Otegi, dirigente íntimamente ligado a ETA, se ha adelantado a los acontecimientos y ya ha pedido la liberación de los presos y la desmilitarizacion del País Vasco, con la salida de Euskadi de la Policía y la Guardia Civil.

De este modo, tal como se había anunciado hace días, este sábado en las afueras de Bayona (sur de Francia), se celebraba una ceremonia en la que ETA, a través de intermediarios vascos franceses autodenominados “artesanos de la paz”, entregaba un mapa con la ubicación de sus últimos depósitos de armas al Comité Internacional de verificación, coordinado por el mediador de Sri Lanka Ram Manikaningam, con el objetivo último de que pasasen a manos de la Justicia francesa.

Tanto las autoridades españolas como francesas han recibido las noticias y la entrega de armas y armamento con un cierto escepticismo, aunque el ministro francés del Interior no dejó de reconocer que estamos ante un “hecho histórico” que debería ir seguido de la disolución de la banda, hecho que no ha sido simultáneo al desarme, como algunos creían. La reacción de su homólogo español, Juan Ignacio Zoido, ha sido más radical: “la banda terrorista está operativamente derrotada, sin futuro y con sus dirigentes en prisión y la única respuesta lógica a esta situación es anunciar su disolución definitiva: pedir perdón a las víctimas y desaparecer, en vez de montar operaciones mediáticas para disimular su derrota e intentar sacar un rédito político de la mismas”.

El debate sobre el “futuro de la organización”, eufemismo de la disolución, está en marcha desde el final de la declaración de la “lucha armada” realizada en 2011. Uno de los problemas de ETA es camuflar la derrota. Una ceremonia en el mes de diciembre fue abortada por la policía francesa, deteniendo a los participantes. Por eso, el principal intermediario, el ecologista francés Jean-Noël Etcheverry, convocó a cientos de personas en Bayona con el fin de impedir nuevas detenciones.

Después de la “entrega” de 2011, ETA ha ido posponiendo el desarme requerido por sus aliados políticos legales del País Vasco, solicitando contrapartidas principalmente en relación a los 360 presos (280 en España y 80 en Francia) de la banda, distribuidos en una cuarentena de prisiones españolas y francesas. ETA ha querido tomar como referencia los modelos de desarme del IRA, en Irlanda del Norte o de las FARC en Colombia. La diferencia es que, en estos casos, el desarme se negoció con los gobiernos. En el caso de ETA no hay negociación, porque la banda ha sido derrotada por la Policía y por los servicios de información.