ETA: desarmarse bien; disolverse mejor y… devolver el reloj de Ybarra

Ha habido decenas y decenas de reacciones al anuncio de que habrá anuncio de ETA (el anuncio del anuncio), para la entrega de las armas en Francia antes del 8 de Abril, en un acto que pretende ser como el de la guerrilla colombiana, pero que será, simplemente, un acto de rendición, aunque no se quiera reconocer. Entre esas reacciones, me ha conmovido, especialmente, la del hijo de Javier Ybarra y Bergé, el amigo que me tiene al tanto de todo lo que ocurre en su entorno, con una prosa brillante, precisa, a veces irónica y siempre culta, en forma de “perritos calientes” o “rollitos de primavera”.

El último “perrito caliente”, enviado horas después del anuncio del anuncio del inminente desarme, me dice que “Nosotros los Ybarra”, (título de uno de sus trabajados libros), podríamos, quizás, aceptar de buen grado ese desarme a condición de que ETA nos dijera quiénes secuestraron y asesinaron a nuestro padre y, de paso, que nos devolviera el reloj que le robaron durante el secuestro. Nos devolvieron el rosario, pero no el reloj que nuestro abuelo le regaló al terminar la carrera. Entre ese reloj y unas armas humedecidas e inservibles, preferimos el reloj.

Con esa prosa precisa y como digo casi siempre irónica, que siempre emplea, añade que “aquí, en las Vascongadas, los Medios no cesan de hablar del desarme de ETA. mientras los vascos nos dividimos en dos bandos, como si asistiéramos a un combate de boxeo. Por una parte, están los que consideran la propuesta como un acontecimiento histórico y, por otra, los que pensamos que no es casualidad que esta puesta en escena coincida con el probable apoyo del PNV a los Presupuestos Generales del Estado que el PP negocia estos días entre bambalinas” “El PVV -añade- fue el padre putativo de ETA. En 1959, Ajuriaguerra expulsó del partido a sus “fagines” y, ahora que ETA ha muerto, cree que debe presidir sus funerales” (Fagines es el nombre del malvado personaje que capitaneó la pandilla de jóvenes delincuentes en Oliver Twist).

El secuestro tortura y asesinato del padre de Javier, fue en cierto modo, el asesinato de toda una clase política y el final de una época. Javier Ybarra y Bergé era el ideólogo, el intelectual de Neguri (el hombre de “El Correo Español y el Pueblo Vasco” de Bilbao, de donde fue alcalde, y de “El Diario Vasco” de San Sebastián) y “le secuestran y le asesinan – escribiría, años más tarde Mario Onaindia en su “Testamento Vasco” -por ser la cabeza pensante de Neguri”. Secuestrado el 20 de Mayo de 1977 y después de pedir un rescate de 1.100 millones de pesetas, fue asesinado el 18 de Junio. Cuatro días más tarde su cadáver fue encontrado en los alrededores del Macizo de Gorbea. Según una descripción del entonces comandante de la guardia civil, Guillermo Ostos, “el cuerpo con un disparo en la cabeza, estaba metido en una bolsa de plástico, pegada a un clavo, los brazos atados a la espalda y los ojos vendados”. En la autopsia hallaron hierba en el estómago.

Tras un largo y cruel encierro a Javier Ybarra y Bergé lo asesinaron el 22 de junio de 1977, una semana después de las primeras elecciones generales del 15 de Junio de ese año, convirtiéndose de este modo en el primer muerto de la democracia española. Sus últimas horas debieron ser trágicas. Durante el cautiverio, según cuenta el periodista Díaz Herrera en su libro “Los mitos del nacionalismo vasco” había perdido 22 kilos y toda su ropa olía a orina y a excrementos. Al hacerle la autopsia el doctor Toledo, forense del Hospital de Basurto, determinó que tenía las paredes intestinales pegadas, síntoma evidente de que los terroristas casi no le habían dado de comer durante su confinamiento. Tenía además el cuerpo llagado, señal inequívoca de que estuvo todo el tiempo tumbado o metido en un saco sin poder moverse.”

Después de cuarenta años, mi renovado sentido pésame a la familia.