Túnez apuesta por la seguridad, para recuperar su poder turístico

Una de los motivos de conversación, todavía, en Túnez, sigue siendo la transición política en el país y su comparación con la transición políticas española, que la ponen siempre como ejemplo a imitar, lo que no deja de ser, hasta cierto punto, paradójico, si se compara como es contemplada esa transición entre las nuevas generaciones españolas. Este cronista ha vuelto a Túnez después de haber participado en Mayo de 2011, junto con los exministros Josep Piqué, Enrique Barón y Rafael Arias Salgado, ministros del entonces gobierno provisional tunecino y escritores y analistas políticos españoles como José María Ridao, y Charles Powell, actual director del Real Instituto Elcano, en unas jornadas sobre transiciones a uno y otro lado del Mediterráneo, y ha comprobado que, todavía, la gente se sigue interesando por el tema, sobre todo, cuando preguntas por el balance que hay que hacer de la Primavera Árabe, que empezó precisamente en Túnez.

Entonces, parecía interesante, mientras en España se desarrollaba el nuevo fenómeno del 15M, bautizado internacionalmente como la “Spanish Revolution”, analizar ambas transiciones, especialmente en Túnez, donde se inició la Revolución de 2011 que duró 25 días, y que se inició con el suicidio a lo bonzo de un joven vendedor ambulante y que terminó, con la huida del dictador Ben Ali a Arabia Saudí, aunque las protestas se extendieron como un reguero de pólvora, a otros países de la zona. Ese contagio de lo que fue la Primavera Árabe, terminó en un fracaso, hasta el punto de que en muchos países, como Egipto, ha dado paso a un obscuro invierno.

Hoy Túnez, aunque sigue hablando de su transición, de la carestía de la vida, de la crisis económica, del nuevo primer ministro Yussef Chahed que ha formado un Gobierno de unidad nacional, lucha, por encima de todo, por recuperar la fuerza turística de lo que ha sido durante cuarenta años, una potencia que tiene una rica experiencia y que, después de dos atentados que supusieron para el país, según su ministra de Turismo Salma Elloumiuna una “auténtica catástrofe”, sufrieron un golpe que nunca pensaron. Primero fue la matanza en el Museo del Bardo en Marzo de 2015, con veintidós muertos y, poco más tarde, en el mes de Junio, el atentado en la ciudad de Susa, en un resort de playa, con 37 muertos, la mayoría de ellos, europeos de varias nacionalidades.

El hotel donde se produjo el ataque, era de la cadena española RIU, una cadena que en el país Mediterráneo cuenta con diez establecimientos, una de las firmas de capital español, con mayor número de hoteles en el país. La mayoría son resorts de cinco y cuatro estrellas y de régimen de todo incluido. Por eso, uno de los primeros viajes que, tras los atentados, hizo la ministra de Turismo, fue precisamente a Mallorca, en donde está la sede de las principales compañías hoteleras españolas instaladas en el país, que han apostado, a pesar de la huida de algunos capitales extranjeros, por seguir invirtiendo.

Si la “Primavera Árabe” redujo el número de visitantes, esos dos atentados, fueron un mazazo para un sector que constituye el 7 % del PIB (en algunas zonas llega al 80%), y que es el segundo sector en importancia -solo por detrás de la agricultura- en cuanto a aportación de divisas. De casi 11 millones de habitantes, más de 400.000 personas trabajan en el turismo, hasta el punto que emplea a un 13’8% del total de los trabajadores, aunque los empleos indirectos son muchísimos más, por lo que el “mazazo”, ha afectado de lleno, a la economía nacional y al bienestar de una clase media que no comprende cómo ese terrorismo ciego que viene generalmente de Libia, un estado fallido y de Argelia, en permanente conflicto civil interno, puede tener como objetivo empobrecer al país y a sus habitantes, a través del terror.

El director general de turismo tunecino Abdellatif Hamam hace balance de la situación y muestra su optimismo con la mejora, que se ha producido desde mediados de 2016 hasta la fecha. No entiende, dice, que en estos momentos, los turistas españoles que han encontrado en Túnez un destino atractivo, hayan pasado de 85.000 visitas anuales a 11.000 con lo que eso supone de repercusión en la crisis económica. Todo el esfuerzo actual va dirigido a que el país recupere el protagonismo turístico en Europa, a dos horas y media de Cartago, y en España… donde tanta influencia tienen las empresas turísticas españolas.

Para el país en estos momentos la prioridad es la seguridad y la verdad es que a esa seguridad, han dedicado un presupuesto prioritario, y se ve en lo que se ve, y en la que no se intuye. He estado en donde hubo atentados. En algunos puntos puedes intuir la seguridad, en otros no se nota. El control de los equipajes es estricto, incluso en los hoteles, donde todos tienen arcos se seguridad para el control exhaustivos de los equipajes. Aunque el riesgo cero no exista, las autoridades han puesto todos sus esfuerzos y recursos económicos en ese control porque, ahora los hoteles, museos y otros edificios importantes tienen unas severas normas de seguridad que deben cumplir estrictamente. Hoy hay ciudades claves completamente videovigilada con, incluso, autobuses con videocámaras que tienen una visibilidad de 360 grados, mientras cientos de policías observan y se centran especialmente en el viajero y en los centros turísticos.

La verdad es que durante unos días he podido pasear por donde he querido, visitar lo que he deseado, caminar por todos lados, sentarme en una terraza al aire libre a comer, hablar con la gente de cómo ve el país, oír de lo contento que están de haber recuperado, la libertad de expresión de la que se consideran orgulloso, ver a alguna autoridad, hablar de transiciones e intercambiar impresiones sobre turismo con Jamel Ben Haj Ali, el hombre del turismo tunecino para la España y Portugal que cree que se han puesto las bases para que la recuperación sea segura.”Definitivamente este año será el de la recuperación, después de un 2016 en el que, después de la crisis, conseguimos aumentar un 14% el número de visitantes”.