Aniversario Trump: dos locos dirigen la Casa Blanca

En su libro “El Arte de la Negociación”, publicado en 1987, Donald Trump se describe asimismo con el siguiente autorretrato: “Mi estilo de negociar es muy simple y directo. Yo aspiro muy alto, entonces voy empujando, empujando, empujando hasta conseguir lo que quiero”. Por su parte, su otro yo, que es el ultra radical Steve Bannon, el encargado de diseñar la estrategia de la Casa Blanca, hasta el punto que muchos medios lo han presentado como el “verdadero Presidente” (portadas en The Time y The New York Times) defiende desde su portal radical Breitbart, que la política siempre se ha fortalecido con la ruptura y con el conflicto, y que hay que destruir el actual sistema para dar vida a uno nuevo.

Entre esos dos parámetros, de dos hombres desequilibrados (ese ha sido el dictamen sobre Trump que han hecho 25 psiquiatras y publicado en el New York Times y, no hay que acudir a ningún especialista para enjuiciar todo lo que ha escrito Bannon en su portal alternativo Breitbart) ha transcurrido el primer mes de mandato de Trump, que se conmemora este lunes. En sólo un mes se ha peleado con la prensa, con los periodistas, con los jueces, con varios líderes internacionales, con los servicios de inteligencia, con asesores del Departamento de Estado, y hasta con los funcionarios de los Parques Nacionales por colocar fotos en Internet, en la que se demostraba que, en su toma de posesión, hubo menos asistentes que en la de cualquier otro Presidente norteamericano.

Hay quienes piensan en Estados Unidos, que demasiado bien han ido las cosas, a pesar de las locuras, improvisaciones, insultos, ataques, y mentiras, que han tenido como protagonista a alguien que ha dividido al país en dos mitades irreconciliables, y que ha echado abajo los pilares sobre los que se ha basado la política exterior norteamericana desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ha cambiado radicalmente la política comercial amenazando a China y a otros países emergentes, con la implantación de aranceles y medidas proteccionistas, ha roto tratados Internacionales, y ha desconcertado a medio mundo con una política de comunicación basada en tuits publicados en las redes sociales.

Durante este mes ha firmado 23 órdenes ejecutivas (decretos presidenciales), gran parte de ellos para terminar con la herencia de su antecesor Barack Obama; ha anunciado la construcción de un muro gigantesco con México de quince metros de altura, y de miles de kilómetros, que no tiene nada que ver con la valla que existe actualmente en algunos puntos; ha anunciado que esas desproporcionada obra la pagará, además, México; ha prohibido con otra orden ejecutiva la entrada en el país de los ciudadanos de siete países árabes que, al final, ha tenido que ser paralizada por un Tribunal Federal.

En sólo treinta días ha tenido que renunciar su ministra de Trabajo por no tener los suficientes apoyos de los propios republicanos, ha destituido a la Fiscal General y responsable temporal del Departamento de Justicia, Sally Yates, por negarse a defender en los Tribunales su decreto migratorio, ahora paralizado. Y lo más grave, ha tenido que pedir la dimisión del general Michael Flynn, el polémico consejero de seguridad nacional relacionado con los contactos mantenidos con el embajador ruso en Washington, contactos que ha estado negando hasta que los servicios secretos norteamericanos han presentado todo tipo de pruebas. La desconfianza de esos servicios hacia quien es el comandante en jefe del Ejército ha llegado al extremo que hay miedo a pasarle determinada información porque no se fían de él

La tropa de la que se ha rodeado Donald Trump ha sido improvisada, nada estudiada y escogida por un pequeño grupo de asesores, entre los que se encuentran sus propios hijos y su influyente yerno casado con su hija favorita, Ivanka, que de hecho, está ejerciendo de primera dama y cuya gran diversión es hacerse fotos sentada en el sillón presidencial para colgarla en twitter e Instagram. Una tropa apenas pensada y estudiada, ni profesionalmente, ni a nivel de formación y carácter.

Así lo revelaron las comparecencias ante el Senado, donde un candidato a ministro no se acordaba de que tenía 100 millones de dólares en las Islas Caimán hasta que no le preguntaron. Otra llamó la atención por su desconocimiento de su nuevo cargo. Si es por la insuficiencia de los altos cargos de Trump, la retirada de Flynn no será la ultima. Aparte de lo que ha sucedido con él es tan grave que es probable que se abra una investigación en el Senado (la apoyan varios senadores republicanos) para tratar todo el entramado de espionaje, en el que aparecen varios de sus amigos y cargos, que siempre conducen a Rusia, y a Putin.