Sin unidad y humildad, Errejón desplazado de sus cargos

Es la historia de una gran amistad y de un gran desencuentro, un desencuentro que se manifestó con fuerza, y casi con odio, en la Asamblea de Vistalegre el fin de semana pasado, que se clausuró con gritos unánimes de “Unidad y Humildad” y que este sábado se ha cerrado, como se esperaba: con la inevitable purga de Iñigo Errejón, número dos de Podemos y portavoz parlamentario. Substituido, eso sí, por Irene Montero, jefa de gabinete de Iglesias y pareja sentimental del secretario general, aunque, esto último, no conviene decirlo porque, inevitablemente, te tachan de “machista”.

Cuentan que fue la ideología la que les acercó en la Facultad de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, donde Errejón asistía a las clases que impartía Pablo Iglesias. Sellaron su amistad, señala incluso la prensa internacional que ha seguido el acercamiento y el divorcio de los dos, casi con tanta pasión como en nuestro país, encabezando manifestaciones políticas. “A veces, cuando estás acostumbrado a andar con alguien, vuestros pasos se sincronizan y andáis al mismo ritmo”, decía Errejón, en una entrevista el año pasado, cuando explicó los orígenes de esa amistad que parecía indestructible. “Para nosotros, intelectualmente, era así. Antes de haber terminado una frase siquiera, sabíamos lo que el otro iba a decir”.

Iglesias se convirtió, de esta forma, en un mentor para Errejón, que le guió durante su tesis doctoral sobre la política bolivariana, y terminaron convirtiéndose en miembros fundadores de Podemos. Unas pocas noches después de su éxito en 2014 en las elecciones europeas (1,2 millones de votos y 5 europarlamentarios) la dirección del partido se reunió en un apartamento en el madrileño barrio de Malasaña, e Iglesias le dijo al grupo que estaban al borde de conseguir algo que iba a hacer que olvidasen todos sus demás planes, recuerda Errejón.
“La gente nos decía en la calle, a mí, a Pablo, a los demás, “no nos defraudéis”, dice Errejón. “No nos defraudéis” tiene un lado muy bonito, pero también conlleva una responsabilidad histórica”.

Ahora, cuando la unidad de Podemos se ha resentido más, digan lo que digan, y esa “humildad” ha brillado por su ausencia, porque eso es algo que va en contra del ADN del partido, habrá que preguntarse si la solución a la que se ha llegado, marginando a Errejón, colocándole en una secretaría que no tiene nada que ver con la que tenia, destituyéndole de portavoz parlamentario, el cargo con mayor visibilidad pública para colocar a Irene Montero, rechazando su porcentaje de representación en los órganos de dirección del partido, y nombrándole candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, sin pasar siquiera por unas primarias, ha defraudado al militante y, sobre todo, al votante de Podemos. Ni el militante, ni por supuesto el votante, están en esa duda de si el partido tiene que hacer política en la calle, en todas las protestas y conquistando las plazas públicas, o por el contrario, el papel del partido está en las Instituciones para lo que han sido elegidos sus diputados, sus parlamentarios autonómicos, sus europarlamentarios, y sus miles de concejales.

Esa estrategia es vital para el futuro y, desde ella, no se va a “seducir” al PSOE cuando el PSOE sabe que la verdadera estrategia ahora es terminar con ellos como Tsipras, en Grecia, terminó con el Pasok de Papandreu. Iglesias sigue estando en el “sorpasso” aunque, desde entonces, se ha demostrado que Podemos se ha estancado. Las negociaciones para la formación de un gobierno con el Partido Socialista (PSOE) no funcionaron. Para las elecciones de junio, Iglesias impulsó una alianza con el antiguo Partido Comunista. Pero la alianza consiguió 1,1 millón de votos menos que los logrados en Diciembre por separado y fracasó en la estrategia de superar a los socialistas para convertirse en el mayor partido de la izquierda. Esa estrategia errónea no le ha pasado, por el momento, factura a Iglesias, y ha dividido al partido.

“Podemos se ha salvado en Vistalegre, al menos – señala el semanario británico The Economist – de una ruptura abierta. Iglesias había amenazado con dimitir si perdía la batalla por el programa del partido. Los delegados que asistieron al Congreso, unidos en una antigua plaza de toros cubierta, entonaron cánticos de “Unidad”, en repetidas ocasiones. Pero cuando, ya victorioso, Iglesias hizo un llamamiento a la “Unidad y la Humildad”, sonó como una advertencia para su derrotado rival. “

Esa advertencia se convertía el sábado en realidad, ante la sumisión total de Errejón.