Cataluña: vuelven las amenazas para ocupar las calles… y más

El enfrentamiento este miércoles en el Parlamento entre el presidente del Gobierno Mariano Rajoy y el diputado de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) Gabriel Rufián por la “judialización” del contencioso catalán y el reciente juicio contra el expresidente de la Generalitat Artur Mas; la revelación por parte del diario Público de la existencia de una “Operación Cataluña” en la que estaría implicada tanto la exdirigente catalana del PP Alicia Sánchez Camacho, como el jefe de Gabinete del Presidente, el diplomático Jorge Moragas, para recoger información contra los partidos soberanistas catalanes utilizando las llamadas “cloacas del Estado”; los ataques e insultos contra la Fiscal Jefe de Cataluña, y la filtración de una intervención pública de la diputada de la CUP, Anna Gabriel, en la que ha proclamado que, en caso de que no se pudiese celebrar el Referéndum de independencia, la reacción de los catalanes deberá ser “proporcional a la reacción que haya tenido el Estado español que puede ser cruenta, o puede ser virulenta”, han endurecido y tensado, aun más, el clima político catalán, en unos momentos en los que se intenta adelantar el Referéndum de Septiembre a Abril-Mayo.

La radicalización del discurso de la CUP (Candidatura de Unidad Popular), un partido antisistema que, en realidad, es el que está marcando el calendario y la hoja de ruta de la Generalitat sobre la independencia, se ha producido en las últimas semanas, después de que los antisistema diesen, tras numerosas asambleas, condiciones y aplazamientos, el visto bueno a la aprobación de los Presupuestos de la Generalitat. Para ellos, estamos en tiempo de descuento y sólo hay una salida: la convocatoria del Referéndum, aun en contra, del Constitucional, que acaba de anular la hoja de ruta aprobada por el Parlamento catalán y ha pedido que se actúe, por segunda vez, penalmente, contra la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, que fue la que autorizó en ese Pleno, la inclusión de esa hoja de ruta ilegal.

El endurecimiento del lenguaje y la advertencia de que, en cierto modo, el choque de trenes que se va a producir, si se lleva a cabo el Referéndum, aun en contra de la legalidad vigente, resucita el viejo lenguaje de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) que ha sido desde hace años la Institución que se ha encargado de las grandes movilizaciones y de la toma de la calle. Esa toma de la calle es, exactamente, lo que vienen defendiendo los más duros de la CUP, que desconfían del presidente de la Generalitat Carles Puigdemont, convencidos de que, al final, no se atreva a convocar el Referéndum y mucho menos, adelantarlo a Abril-Mayo.

En un reciente documento, aprobado en asamblea pública, afirman que “hoy es ya una urgencia para el conjunto de la izquierda independentista, pero también, para el conjunto del movimiento popular, recuperar las calles y no dejar en manos de las instituciones la resolución de los conflictos políticos y sociales de nuestro tiempo”, el mismo lenguaje y la misma estrategia que desde 2014 vino siguiendo la Asamblea Nacional de Cataluña, convencida, entonces, de que el Referéndum independentista se celebraría, Sí o Sí, en 2015.

La estrategia de la ANC venía a ser que, a la hora de la independencia, había que controlar muy bien las grandes infraestructuras, las fronteras, los aeropuertos, los puertos, los sistemas de comunicaciones, la seguridad… etc., estrategia que dio lugar a todo tipo de interpretaciones, que además se veían agravadas cuando aseguraban que tenían que producirse grandes movilizaciones en las calles, hasta que se consiguiesen los objetivos soberanistas. De ahí, a querer convertir la Plaza de Cataluña en una nueva plaza de la independencia en Kiev (Ucrania), sólo había un paso, un paso peligroso, que parecía que estaban dispuestos a dar.

Un sector de los antisistema y anticapitalistas de la CUP, están dispuestos a eso, y mucho más.