Rebelión diplomática contra Trump, tras romper todas las reglas

Si algo ha supuesto la llegada de Donald Trump a la Presidencia de los Estados Unidos ha sido la ruptura de todas las reglas de la diplomacia, hasta el punto que, en menos de dos semanas, desde su toma de posesión, ha metido el país en conflicto con China, México, los países emergentes, los países árabes y sobre todo con Europa, en su empeño de que algunos de los países de la UE sigan el ejemplo del Reino Unido con el Brexit. Y eso, sin contar con su no oculta simpatía con los movimientos populistas y euroescépticos europeos. Los únicos encantados, según algunos medios norteamericanos son los componentes del Estado Islámico por las medidas contra refugiados de siete países árabes que, según fuentes judiciales, podría ser una clara violación de la legalidad y de la propia Constitución norteamericana, y que en el mundo árabe es interpretado como un apoyo a la islamofobia.

Tan insólita es la actual situación norteamericana que un millar de diplomáticos se han dirigido al Departamento de Estado al que pertenecen, para expresar su oposición a esa medida contra los ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, que ha desencadenado manifestaciones en numerosas ciudades de Estados Unidos, incidentes en varios aeropuertos y la intervención espontánea de abogados en defensa de los afectados, algunos de los cuales han estado trabajando de colaboradores, para el Ejército norteamericano en esos países de conflicto armado.

El veto migratorio, sostienen los diplomáticos norteamericanos, “amargará inmediatamente las relaciones” con los siete países afectados “y buena parte del mundo musulmán, que considera que la prohibición ha estado motivada por la religión”. “Al alienarlos, perdemos acceso a la inteligencia y los recursos que necesitamos para combatir las causas que están en la raíz del terrorismo en el extranjero, antes que haya un ataque en nuestro país”, ponen de manifiesto los funcionarios, que además no ocultan su preocupación por un aumento del “sentimiento antiestadounidense” en el mundo.

Por otra parte, ha sido el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk, en carta dirigida a los 27 Jefes de Estado y de Gobierno de la UE, rompiendo todo tipo de protocolo (también lo han hecho el Presidente belga y el propio Rey de los belgas, Felipe) quien ha comparado la actitud de Trump como una de las amenazas con las que tiene que enfrentarse la Unión, además de Rusia y el progresivo protagonismo de China. “Las preocupantes declaraciones de la nueva administración de Estados Unidos – dice el Presidente del Consejo Europeo – hacen que nuestro futuro sea muy impredecible. Por primera vez en nuestra historia, en un mundo cada vez más multicolor, están surgiendo muchas voces antieuropeas o, en el mejor de los casos, euroescépticas. Los cambios en Washington especialmente, ponen a la UE en una situación difícil, con la aparente intención del nuevo Presidente de cuestionar los últimos 70 años de política exterior de su país”.

Hoy la mayoría de los medios europeos vienen a coincidir con Donald Tusk y con la idea de que se trata de la respuesta más directa de Bruselas desde que Trump ganara las elecciones de EE UU, recordando, además, que el nuevo Presidente ha ridiculizado a la UE como “vehículo de Alemania” y anunciando que otros países seguirían al Reino Unido en el abandono del bloque europeo. “Europa ya ha tenido que acomodarse a Putin y a Erdogan. Ahora va a tener que contar también con un tercer justiciero: Donald Trump, primer presidente de EEUU que ha mostrado abiertamente su desconfianza hacia la UE“, señala el periódico francés Le Figaro que recuerda que 12 días después de su investidura, el ajuste de cuentas no ha tenido aún lugar, pero las 28 capitales están en alerta “¿Habrá que “responder”, a todos y cada uno de sus golpes, como preconiza François Hollande? ¿O guardar la tranquilidad como aconseja Angela Merkel? Como Erdogan y Putin, Trump parece querer dividir Europa para imponerse más fácilmente“.

Más prudente el periódico alemán Frankfurter Allgemaine Zeitung asegura que aunque el Presidente norteamericano ha puesto en duda el libre comercio y la seguridad, a día de hoy sigue sin estar claro qué consecuencias concretas va a tener para Europa su política nacionalista ni por qué habría que sucumbir ahora a la histeria colectiva, ya que quizás Trump logre, incluso, empujar a nuestro continente a que se presente de forma algo más decidida y cohesionada, tal y como desea Tusk. “Pero, a pesar de todo ello -sostiene el periódico-, Trump no es el principal problema de la unidad en Europa. El problema es la incapacidad de los países miembros para lograr compromisos sensatos, y no solo desde la crisis de los refugiados. Esta incapacidad le ha allanado el terreno a todos los movimientos de populismo derechista que son, a día de hoy, el mayor peligro para la UE.

Como un elemento más de conflicto la Eurocámara ha reclamado a la Unión Europea que Ted Malloch, quien ha sido propuesto como embajador de Estados Unidos en Bruselas, sea declarado ‘persona non-grata’. Hace unos días en una entrevista con la BBC, Malloch afirmó que el euro, “no solo está en vías de desaparición, sino que tiene un verdadero problema y se podría colapsar en el próximo año, año y medio”. Además, planteó la desaparición de la Unión: “Personalmente, no estoy tan seguro de que haya una Unión Europea con la que negociar el libre comercio”.