Donald Trump: el presidente de la Tabla Rasa

Los primeros 100 días de una Presidencia o de cualquier Gobierno, son observados de cerca para determinar la dirección que va a tomar y para calibrar la determinación y orientación de la política que se va a desarrollar. En el caso de Donald Trump no ha habido que esperar ese largo periodo, ni siquiera unos días, desde su toma de posesión. Han bastado sólo unas horas para tener una idea de cómo será su mandato que comenzó el pasado viernes, con un discurso que ha servido para que algunos medios empiecen a bautizarle como “el Presidente de la Tabla Rasa”.

Ya se están llevando a cabo acciones para retroceder en la política contra el cambio climático (Trump no cree en el calentamiento global y no cumplirá los acuerdos de París), abandonar el acuerdo comercial de la Asociación Transpacífica (TPP), acabar con las reformas sanitarias del expresidente Barack Obama y definiendo nuevas alianzas estratégicas con Israel, para hacer frente al problema de Oriente Medio y, sobre todo a Irán, y con Gran Bretaña, para terminar con las, hasta ahora, relaciones privilegiadas con Europa. Relaciones económicas y militares con la Unión Europea, y con la OTAN. Los primeros visitantes de la Casa Blanca serán la primera ministra británica, Theresa May, encantado como está con el Brexit, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Por si quedaba alguna duda sobre la política proteccionista que piensa llevar a cabo con la consigna “primero América”, este mismo lunes, ha firmado un decreto (orden ejecutiva) para poner fin a la participación de los Estados Unidos en el Acuerdo Transpacífico (TPP), negociado por el Gobierno de Obama y visto como un contrapeso a la influencia creciente de China. Esta sería la primera decisión sobre el comercio internacional que durante la campaña combatió con fuerzas hasta el punto de calificarlo de “terrible”, en tanto violaba los intereses de los trabajadores estadounidenses. El acuerdo promovido por Washington venía a ser unas reglas para modelar el comercio del siglo XXI y fue firmado por Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam (el 40% del comercio mundial). El mayor programa de Trump se centrará, eso sí, en las infraestructuras, con la promesa de construir carreteras, puentes y ferrocarriles.

Como recogen todos los medios económicos internacionales es demasiado pronto para saber si Donald Trump devolverá a América su grandeza, como prometió en su discurso de toma de posesión en el que insistió que devolvería el poder al pueblo, pero, en cambio, sí puede adelantarse que el nuevo Presidente, hará el dólar más fuerte, al menos en un primer momento, pues todo lo que deja entrever su programa económico va en esa dirección: un relanzamiento presupuestario con la bajada de impuestos y del gasto en infraestructuras, lo que va a empujar los tipos de interés hacia arriba y, por lo tanto, va a hacer más atractivo el dólar.

Y, todo eso, con una guerra declarada a la prensa y, a los periodistas “la gente más deshonesta de la Tierra”, según se encargó de subrayar este domingo, en una visita a la sede central de la CIA, en Langley (Virginia). Parece que la prensa de medio mundo se ha vuelto deshonesta, porque abundan más las críticas que los elogios, la descalificación que el respeto presidencial. La mayoría de los medios europeos se ponen de acuerdo para afirmar que hoy, el mundo es mucho más inestable y peligroso, porque Trump, ha dado todas las señales de que se está preparando para poner en tela de juicio las bases políticas y económicas en las que se asientan los equilibrios internacionales salidos de la II Guerra Mundial. Lo que quiere decir que Washington adoptará políticas proteccionistas y unilaterales, romperá́ con acuerdos internacionales y definirá́ nuevos aliados y enemigos, dejando caer su papel de garantí́a del orden internacional salido de la II Guerra Mundial. El mundo que viene será́ diferente. No hay una sola razón para pensar que será mejor.

El periódico alemán Die Welt da mucha importancia a lo que llama “levantamiento de la sociedad civil contra un Presidente al que muchos, tanto dentro como fuera del país, consideran un despropósito, en tanto es un recordatorio de que los EE.UU no apoyan en bloque a Trump. Algunos depositan ahora sus esperanzas en una nueva era del compromiso ciudadano, lo que será muy necesario para formar un contrapeso frente a un Presidente con una evidente tendencia a romper las reglas y a tergiversar la realidad. El francés Le Monde se lamenta de que “el discurso de combate del viernes no augura para nada una cooperación fácil con el campo demócrata” y el británico Financial Times señala que si Trump quiere acabar con el régimen actual, es su deber, como líder de una superpotencia, en un mundo irremediablemente interdependiente, sustituirlo con algo igual de fuerte. ”Liderar una nación no tiene nada que ver con el negocio inmobiliario. El presidente Trump debe hacer mucho más que negociar buenos acuerdos para Estados Unidos”.