Reformar la Constitución, antes de que sea demasiado tarde…

Por primera vez en los 38 años de vigencia de la Constitución española, este año, aniversario de su aprobación en Referéndum, se celebra en un clima político y ambiental inéditos hasta ahora , con un bipartidismo seriamente tocado desde las últimas elecciones autonómicas y municipales de Mayo de 2015, con la aparición del Cuatripartito (PP, PSOE, Ciudadanos y Unidos Podemos) y, con un deseo, que ha ido calando en la opinión pública, de la necesidad de un cambio en una Constitución que, según algunos, se hizo bajo la presión de los poderes fácticos ligados a los restos del franquismo y , con los condicionamientos derivados del miedo a las Fuerzas Armadas, ganadoras de una cruenta guerra civil.

De cualquier forma, la Constitución que ahora se ha puesto de moda denostar, es, sin duda, el intento más importante de consenso y de acuerdo, que se ha realizado en nuestro país en los últimos siglos. Probablemente , el único en el que no se ha impuesto una Constitución de unos contra otros. En el que se ha conseguido elaborar y poner en práctica una Constitución de todos y para todos. Una Constitución que ha permitido el periodo de más Libertad, prosperidad y bienestar del tramo final del siglo XX, después de una dictadura de casi cuarenta años.

Por primera vez también en 38 años, en esta legislatura que se inició a principios del mes de Noviembre, es muy probable que se inicien los trabajos para una Reforma Constitucional, algo que no se ha querido afrontar antes por falta del necesario consenso, pero que ahora, sin que haya ese consenso (probablemente estamos en el peor momento para conseguirlo) parece urgente, por el grado de malestar de la Sociedad española, por el grado de desconfianza hacia los partidos políticos, por la corrupción que ha minado la credibilidad de la actividad política, y por la necesidad de resolver, por fin, el poder y las competencias de las Autonomías, y el papel de las llamadas Comunidades o Nacionalidades históricas, especialmente las que no se sienten cómodas en el marco común diseñado en el Título Octavo de la Constitución, como Cataluña y el Pais Vasco.

Por otra parte, la Fiesta de la Constitución que se ha celebrado este martes con más ausencias que nunca en el tradicional acto en el Congreso de los Diputados , y que debería haber servido para abrir un auténtico debate sobre esa reforma constitucional, que el partido socialista quiere poner en marcha con la formación de una subcomisión en el Parlamento ante la que comparezcan todo tipo de expertos, ha encontrado en el PP y, sobre todo en Mariano Rajoy una serie de matizaciones, probablemente ante el temor de no controlar el proceso, especialmente por la posición de Podemos de que la única reforma posible es la apertura de un “proceso constituyente”. Para Rajoy según comentó en el acto conmemorativo hay que saber bien qué es lo que se quiere cambiar y qué es lo que no hay que tocar.

Cuando Cataluña está a punto de declarar unilateralmente la independencia de España y no hay forma de que se encuentre una fórmula para que permanezca dentro de lo que es la “Patria común de todos los españoles”; cuando la corrupción sigue escalando puestos en la lista de preocupaciones de la ciudadanía y son muchos los españoles que no creen en las medidas que se han aprobado para combatir ese cáncer; cuando los partidos políticos constituyen el tercer problema del país según la última encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociologicas); cuando ha desaparecido prácticamente el bipartidismo, el esquema político sobre el que se ha basado la estabilidad del país durante este largo periodo de paz y prosperidad; cuando, día a día , aumentan el número de ciudadanos que defienden la apertura de un periodo constituyente que supone echar abajo todo lo que se ha hecho hasta ahora; cuando una de las fuerzas políticas ascendentes como Podemos lanza el mensaje de que el principal objetivo político es romper el “candado” de la Transición, no tiene sentido ir retrasando la reforma porque se puede llegar demasiado tarde.

Es verdad que hay que buscar consensos y acuerdos aunque va a ser difícil lograr uno similar al del 78. Pero lo que es evidente y urgente es que algo hay que hacer…antes de que sea demasiado tarde.