Rita Barberá y el espectáculo de echarse el muerto a la cara

Miles de personas han despedido en Valencia este jueves a quien fue su Alcaldesa durante 24 años de cinco mayorías absolutas, fallecida el miércoles en un hotel madrileño, 48 horas después de prestar declaración ante el Tribunal Supremo por un supuesto delito de blanqueo, relacionado con la financiación irregular de su partido, el Partido Popular. El homenaje que no le ha dado su partido (el Presidente del Gobierno, acompañado de su esposa y de la secretaria general del partido Dolores de Cospedal sí han querido estar presente en el último acto fúnebre), se lo ha dado la ciudadanía que ha aguardado horas para firmar en el libro colocado en el Ayuntamiento valenciano, en el que han reflejado el cambio que, con ella, ha dado una ciudad que se ha convertido en una de las grandes y más modernas de España.

Ha sido el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, el que se ha encargado de poner el acento en los momentos últimos que ha tenido que vivir la política popular desde el inicio de las investigaciones por parte de la Guardia Civil y la Fiscalía Anticorrupción, “Cuánto sufrimiento provoca la traición, el rencor, el abandono, la envidia y los celos”, ha resumido Antonio Cañizares para expresar después su confianza de que “la muerte de Barberá también dé sus frutos y provoque cambios urgentes en la sociedad española y en la ciudadanía”.

La realidad es que la ciudadanía, la gente normal y corriente que no tiene nada que ver con el odio que estilan las redes sociales, sigue contemplando atónita cómo todos intentan quitarse el muerto de encima, en una gran ceremonia de la hipocresía, confirmando que no hay ningún país donde mejor se entierra a los que mueren, sobre todo a los que mueren en circunstancias dramáticas como ha muerto Rita Barberá, senadora, fundadora del PP y, Alcaldesa de Valencia por sucesivas mayorías absolutas. Esa mayoría absoluta no la pudo conseguir en 2015, fue la más votada, pero sus principales adversarios, los de Compromís, consiguieron la Alcaldía, algo que nunca pensó que podría ocurrir, aunque algo intuía, cuando tuvo que ser el propio Rajoy el que la convenciera para que se presentara como candidata.

Perdió la Alcaldía y se consideró perdida, desasistida y además vinieron los problemas: las investigaciones de la Guardia Civil, y de la Fiscalía Anticorrupción que llegó a calificar al PP valenciano de “banda criminal organizada”. Empezó a salpicarle la “Operación Taula” de financiación ilegal del partido (algo del que tanto sabe el extesorero Luis Bárcenas), mientras salían a relucir todo tipo de irregularidades en el manejo público de la Alcaldía. Tuvo que salir del Grupo Popular y del propio partido, cuando fue citada a declarar por el Tribunal Supremo, algo que coincide, además, con las exigencias de regeneración de Ciudadanos, para pactar la investidura de Mariano Rajoy.

Cuarenta y ocho horas después de esa declaración judicial, durante la cual llegó a sufrir un desmayo, tuvo el infarto de miocardio, que terminó con su vida Y a partir de ahí, un vergonzoso espectáculo. El PP, echándole la culpa a la prensa por haberla asesinado (Celia Villalobos), o a la televisión que practica un periodismo de “acoso y de escrache” (Rafael Hernando) y que no entendieron que el partido la apartó de su cargo para “protegerla” de las “hienas mediáticas”, como si no hubiese habido dentro del PP una auténtica lucha interna hasta que la abandonaron a su suerte, negándole, incluso, el saludo y el mínimo afecto. Los medios haciendo examen de conciencia, cuando la mayoría de ellos lo que han hecho es contar lo que estaba pasando, y luchar contra una corrupción que ha colocado a la Comunidad Valenciana a la cabeza de la degeneración política. Y algunos partidos políticos haciendo gala de su miseria moral de la que algún día se arrepentirán, porque su comportamiento es algo que trasciende del Partido Popular, y no forma parte de lo que debe ser la naturaleza humana.

Por todo eso, sus principales dirigentes, los del PP, veinticuatro horas después de la tragedia, no han salido todavía del “shock” que les ha supuesto enfrentarse con el cadáver de quien tanto luchó por el partido y que, si cometió algún delito de los que investigan los Tribunales de Justicia, lo hizo precisamente por el partido. Y sus más altos responsables lo saben. Y lo sabe, sobre todo su familia que no ha querido ningún tipo de representación institucional y política, en el entierro ha sido su cuñado, el abogado José María Covín el que ha dado la verdadera razón de su muerte: “Ha muerto de pena, y en esa pena, la fundamental aportación, la han tenido los suyos”.