El día que Rajoy llamó a Merkel “Querida Ángela”

Cuentan que la semana pasada para el presidente español Mariano Rajoy Brey, fue la mejor semana desde que en Mayo de 2015, disolvió las Cortes para convocar elecciones el 20 de Diciembre de 2016. Las felicitaciones personales del primer ministro portugués, el viaje a la Cumbre de Marraquech, el encuentro en el Palacio de la Moncloa con el nuevo secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y su asistencia a la Cumbre de Berlín en la que el presidente Barack Obama se despidió de Europa, en plena transición de la nueva Administración de Donald Trump, han sido para él, las mayores satisfacciones que ha podido tener, después de tantos meses de incertidumbre en los que, incluso, desde la oposición llegaron a pedir su dimisión y la promoción de otro candidato por parte del Partido Popular para poder salir de un bloqueo político que ha durado demasiado.

El hecho mismo de que la canciller alemana decidiese, a última hora, que el Presidente español tenía que estar presente en la Cumbre de Berlín con Obama, el presidente francés Hollande, la primera ministra británica Theresa May y el primer ministro italiano Matteo Renzi, a pesar de la oposición de éste último, ha sido para Rajoy una muestra de que, en estos momentos críticos, España forma parte del núcleo duro de la Unión y de que la formación de Gobierno recientemente, por parte del líder popular le coloca en una situación de ventaja política con el resto de los asistentes.

Especialmente ante Hollande, que tiene por delante unas elecciones muy complicadas en las que se puede producir el golpe de los populistas de Le Pen y ante Renzi que tiene que superar, el 4 de Diciembre un referéndum que le puede costar el puesto. La británica May tiene por delante la solución del Brexit y la canciller Merkel, que este domingo ha anunciado que se presentará a un cuarto mandato, tras el triunfo en Estados Unidos de Trump, se ha convertido en la única referencia de peso de una forma de contemplar la política, y sobre todo una economía totalmente alejada del proteccionismo. Según el Gobierno alemán Rajoy “contribuyó considerablemente con su política a que España regresase a la senda del crecimiento y, lo que también es importante, a la senda de la creación de empleo”, por lo que la canciller decidía que España pudiese “hacer oír con fuerza su voz en los esfuerzos por garantizar la viabilidad futura de nuestra Unión Europea”.

Recibido por Obama con un “Por fin” mientras le abrazaba y, por Merkel, con un significativo elogio sobre su aguante, propio de quien tiene “la piel de elefante”, Rajoy no sólo ha recibido más satisfacciones fuera que dentro (donde todavía intenta encontrar en el Parlamento apoyos para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado antes de tirar la toalla y disolver en Mayo del año que viene), sino que le han querido tener en cuenta en ese compromiso adquirido en Berlín de luchar contra el populismo.

En ese sentido el Presidente español ha asegurado que uno de los problemas más importantes vividos por Europa en los últimos tiempos es la proliferación de fuerzas políticas que él ha calificado como “sui generis”, que acaban provocando “muchos problemas y sobre todo, malas noticias para los ciudadanos”. Extremadamente prudente, ante las elecciones, el próximo año en Países Bajos, Francia y Alemania, donde fuerzas populistas y anti europeístas están en ascenso, confió en que “las cosas empiecen a ir por su cauce”.

A solas, en un almuerzo en el que, por primera vez la canciller le felicitaba personalmente por su elección y que recordaba mucho a la cena intima que tuvieron en Santiago de Compostela dos años antes (“Aguanta y vuelve a presentarte” le insistió entonces la canciller) fue cuando, por primera vez, el Presidente español, un personaje especialmente íntimo, utilizó por primera vez un lenguaje desinhibido, prescindiendo del título de canciller para, en un momento, según cuentan, hablarle con afecto como “Querida Ángela”… Para Mariano, todo un detalle.