Consecuencias de que Trump no acepte los resultados electorales

Al margen que todas las encuestas den por ganadora a Hillary Clinton, en el tercer y último debate celebrado esta madrugada en el Centro Thomas and Mack en el campus de la Universidad de Las Vegas, Nevada, y que la diferencia con el candidato republicano Donald Trump sea de entre diez y quince puntos, el espectáculo montado por Trump alabando al presidente ruso Vladimir Putin, del que parece su representante en Washington, del presidente sirio Bachar al Assad, de los reiterados calificativos de “asquerosa” dirigido hacia su contrincante política, Trump ha superado todo lo imaginable entre otras razones, porque entre insultos, descalificaciones, salidas de tono, e impertinencias impropias de un candidato a la Presidencia de los Estados Unidos de América, ha vuelto a insinuar que no está dispuesto a respetar los resultados electorales que salgan de las urnas el próximo 8 de Noviembre.

Es decir que, de acuerdo con una estrategia que ha iniciado hace días, supuestamente convencido de que hay una conspiración mediática, nacional e internacional, contra él, y que se está preparando un “pucherazo” para el día de la jornada electoral, para que gane la candidata demócrata, Trump ha vuelto a poner en duda los fundamentos en que se basa la democracia americana, una de las democracias más asentadas del mundo, en la que pueden producirse errores e incluso, algún intento aislado de fraude, pero que el reconocimiento de la victoria del oponente es la garantía de funcionamiento del sistema. “Está denigrando nuestra democracia – le ha respondido Hillary Clinton- y me asombra que alguien que representa a uno de nuestros dos grandes partidos políticos adopte esta posición de duda sobre el resultado final de las elecciones”.

Esta insistencia de Trump de que se prepara un gran fraude electoral y su clara insinuación de que no está dispuesto a reconocer la posible victoria de la candidata demócrata, según anuncian todas las encuestas, entre otras razones porque las mujeres, ante el soez y machista comportamiento del republicano, se han volcado a favor de la candidata, le crea a su partido un problema que, por ahora, no ha sabido resolver. Y no lo ha sabido hasta el punto de que ninguno de sus grandes líderes y “gurús”, algunos de los cuales están claramente enfrentados al candidato, ha salido a dar la cara para defender el sistema electoral norteamericano, suficientemente protegido de posibles fraudes masivos como insinúa Trump.

Que se sepa los líderes republicanos “callan sumisos” como comienzan a destacar los grandes periódicos norteamericanos que se asombran de la tranquilidad con la que están aceptando las graves acusaciones del candidato del partido. De tal forma que ni Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado, ni Paul Ryan, presidente de la Cámara, los dos republicanos más poderosos del país, se han atrevido con valentía a señalar que no hay ninguna posibilidad de “apaño”, como viene predicando el cada vez más desesperado Trump. Sus tímidas reacciones, son todo un síntoma de la situación de un partido que ha hecho de un enloquecido, candidato a presidir el Gobierno del país más importante del mundo y, sobre todo, a manejar la máquina de guerra más poderosa que existe sobre la tierra. Dicen en Washington que es “como quedarse quieto mientras un pirómano echa gasolina por toda tu casa, mientras confías en que los bomberos lleguen a tiempo”.

Cuando el mundo ha entrado en un periodo peligrosísimo de “nueva guerra fría”, provocado precisamente, por el aliado ruso de Trump, Vladimir Putin; cuando la guerra que se libra en Siria está adquiriendo unos caracteres de auténtica tragedia humanitaria; cuando el intento de reconquista de la ciudad iraquí de Mosul, en manos todavía del Estado Islámico, que no se sabe cómo puede terminar y que va a costar un agravamiento de toda la situación en Oriente Medio; el empeoramiento de las relaciones de China con el resto de los países asiáticos; la guerra que se libra contra el ISIS, dentro y fuera de sus fronteras, y los bombardeos sirios y rusos de Alepo que han llevado a que las relaciones de Moscú con los países occidentales estén al borde mismo de la ruptura, solamente falta el espectáculo de un Trump, dispuesto, además a destruir todo el comercio mundial, y a convencer a medio mundo de que las elecciones del próximo 8 de Noviembre son un “apaño y un gran fraude”…La guinda del “gran conflicto”.