Rajoy tiene la sartén por el mango… y el mango, también

Mientras Pedro Sánchez prepara su vuelta (ver republica.com “¿Y si después de todo, Sánchez quiere volver?”), conservando su escaño en el Parlamento, según ha anunciado él mismo en twitter y, por primera vez, se reúne en Ferraz la Gestora que tiene que gobernar al partido y tomar las principales decisiones, entre ellas, lo que votarán los socialistas en una posible investidura de Mariano Rajoy antes del día 31 de octubre, en que si no hay gobierno, se disuelven automáticamente las Cámaras, la solución al actual bloqueo no parece tan clara como muchos pensaban y se había vendido con la segura abstención del PSOE.

Tras la grave crisis que estalló el sábado 1 de octubre, en el Comité Federal del PSOE, que terminó con un partido dividido en dos facciones aparentemente irreconciliables, con la dimisión de Pedro Sánchez como secretario general y, con la formación de una Gestora, presidida por el asturiano Javier Fernández, se acaba de iniciar una semana decisiva en la que se tiene que comenzar a debatir qué posición adoptará el partido, ante esa segunda investidura de Mariano Rajoy. Un tema polémico, para un grupo parlamentario en el que hay serias divisiones internas, entre críticos y sanchistas y entre los propios parlamentarios del PSC y la actual Gestora, y sobre todo, para unos barones territoriales que no están seguros de si la abstención es la mejor opción, después de que esa salida fuese atacada y demonizada en las manifestaciones en las puertas de Ferraz, al grito de “No es No” e, incluso dentro, en pequeños círculos de asistentes al Comité Federal. Quienes decían que era Andalucía la que preconizaba la abstención, este lunes se han desengañado al manifestar uno de los portavoces, Mario Jiménez, que están en contra de esa salida.

Sin embargo ese “No y que parte del No, no se ha entendido”, ha quedado superado por los acontecimientos dentro del PSOE y dentro de la propia política nacional en la que, desde el, pasado 25 de septiembre, el Partido Popular y Mariano Rajoy, han ganado posiciones y seguridad tras la mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo en las elecciones autonómicas de Galicia y los discretos resultados de Alfonso Alonso en Euskadi, que ha empatado en escaños con el PSOE. Crecido por los buenos resultados, que confirman las encuestas ante la posibilidad de unas terceras elecciones, Rajoy se encuentra en la situación de que tiene la sartén por el mango, y… el mango, también.

En cierto modo, lo confirma la encuesta de GAD3 para el periódico ABC, que atribuye una notable subida al PP que se colocaría en 159 escaños, una cifra similar a la que obtuvo Aznar en 1996 y González en 1993. Según los datos que se publican este lunes, el Partido Popular saldría reforzado en unas terceras elecciones, al obtener 159 escaños con el 36,4 por ciento de los votos y con posibilidades de formar Gobierno sólo con el apoyo de Ciudadanos, que obtendría 25 escanos con un 11,9%, siete menos que ahora, pero con los que el partido del gobierno sumaría 184 votos, ocho más de los que marcan la mayoría. Podemos no obtendría más que 69 diputados, ahora tiene 71, y adelantaría al PSOE tanto en actas como en votos. Un 43,1 por ciento de los votantes prefiere un pacto entre PP, PSOE y Ciudadanos, mientras que un 21% se decanta por PSOE con Podemos y los nacionalistas y un 14,9 por ciento defiende un pacto entre PSOE, Podemos y Ciudadanos. Es decir que en pura lógica unas terceras elecciones solo interesarían ahora a Rajoy.

Se comprende que la tentación de muchos dirigentes populares sea, en estos momentos, Ir a unas terceras elecciones y si no caen en eso, es por responsabilidad, y porque saben que se convertirían en los verdaderos culpables de una nueva consulta a la que se opone la mayoría de una indignada opinión pública harta de los actuales dirigentes políticos. Contando con ese factor, ahora Rajoy, puede pedir lo que quiera para poder gobernar con tranquilidad y estabilidad. Por lo pronto, tendrá que contar con el apoyo de los socialistas en los Presupuestos, uno de los retos más importantes que tiene pendiente el Gobierno que venga, y su objetivo, inmediato sería tener una legislaturas que durase dos años como máximo, dentro de un clima de una moderada estabilidad.