Vascos y gallegos no quieren sorpresas, y votan continuidad

Las elecciones autonómicas gallegas y vascas, han vuelto a romper el bipartidismo tradicional con el que la ciudadanía se ha comportado a nivel nacional, municipal y autonómico, y de nuevo se ha configurado un panorama plural, en el que han salido como grandes vencedores dos los partidos tradicionales: el Partido Popular, en Galicia, y el Partido Nacionalista Vasco. Dos de los partidos que han gobernado durante los últimos cuatro años y que no han sufrido el desgaste del ejercicio del poder en una etapa complicada y, en un escenario político, donde han aparecido nuevas fuerzas políticas. Vascos y catalanes, no han querido ninguna sorpresa y han optado por la continuidad.

En Euskadi, el gran vencedor es, sin duda, Iñigo Urkullu (29 escaños, dos más que hace cuatro años) que ha realizado una campaña de gran moderación política, dejando la radicalidad para Bildu, segunda fuerza política (situada a 11 escaños de diferencia del PNV), y para Podemos que, con 11 escaños, supera al PSOE (nueve escaños, lo mismo que el Partido Popular) en un ”sorpasso”, con dos escaños de diferencia y con unos resultados peores de lo que tenía previsto. Lo más sorprendente es, sin duda, los resultados del PSOE, un partido histórico en Euskadi que ha llegado hasta a gobernar con el PNV, y con Patxi López como lehendakari.

En Galicia, el vencedor absoluto, más que el Partido Popular, ha sido Alberto Núñez Feijoó, que ha conseguido una mayoría absoluta abrumadora (42 diputados, cuatro más de la parte baja de la horquilla de la mayoría absoluta, y un diputado más que lo conseguido en 2012) y que ha dejado a todos sus contrincantes en una situación descolocada, con un Em Marea (14 diputados) que pretendía convertirse en alternativa al PP, un PSOE en plena crisis local, entre otras razones, por la intervención de Ferraz en las listas, que ha sido superado por Em Marea (13 diputados), y un Bloque Nacionalista Gallego (BNG), que ha aguantado bien, con seis diputados.

Por eso más que el PP, el gran triunfador en Galicia ha sido el candidato, que ha hecho su propia campaña, en muchas ocasiones, al margen del partido y, huyendo incluso de las siglas que tan desgastadas están por la corrupción. La última parte de la campaña, con el estallido del “caso Soria “y el “caso Rita Barberá” terminaron por indignar tanto a Nuñez Feijóo que su malestar llegó hasta la misma Moncloa. Al fin y al cabo, fue Rajoy el que obligó a Feijoó a volver a presentarse, temiendo sobre todo, que se convirtiese en una verdadera alternativa a él en el Partido Popular. Y eso es lo que ha ocurrido este domingo: con los resultados gallegos, la única Comunidad que va a ser gobernada con mayoría absoluta, Nuñez Feijóo se ha convertido en la verdadera alternativa a Mariano Rajoy.

La primera conclusión que habría que sacar de la lectura de los resultados electorales de este domingo, es que no sólo no resuelve el bloqueo político en el que está instalado el país, desde hace nueve meses, sino que por el contrario, se ha dado un paso más hacia la celebración de unas nuevas elecciones que se celebrarían el próximo 18 de Diciembre, en pleno periodo prenavideño. Aunque parezca que todos los partidos están intentando encontrar una salida que evite una tercera consulta electoral, no es verdad ya que, por ejemplo, la baza que está jugando el PP es una repetición de las elecciones convencido según sus sondeos que aparte de subidas de unos (PP y PSOE, sobre todo PP, que calcula colocarse en 145 escaños, y PSOE que subiría cinco) y bajadas de otros, como Ciudadanos, el único partido que realmente ha intentado una salida, y Unidos Podemos. Unos resultados que no resolverían nada ya que estaríamos en un escenario bastante parecido al actual. La realidad es que todos, excepto C´s, están jugando ya a una nueva convocatoria electoral, y no aparecer ante la ciudadanía como únicos culpables.

Quienes confiaban en que las autonómicas gallegas y vascas, podrían tener alguna influencia en el desbloqueo, en tanto el PNV necesitaría el apoyo del PP en Vitoria a cambio de los cinco votos del PNV en Madrid (con lo que Rajoy se colocaría en 175 escaños, a sólo uno de la mayoría absoluta), la operación se presentaría complicada por lo menos contemplando la trayectoria del partido que siempre se ha aliado con el PSOE, y recordando todas las declaraciones de los máximos dirigentes nacionalistas que han repetido que, bajo ningún concepto, contribuirían a hacer presidente a Rajoy.

Un amigo vasco que sigue la actualidad de forma compulsiva, como si realmente fuera periodista, me recuerda que “el PNV pondrá orden en la “Casa de Locos”, como llamaban al Congreso de los Diputados nuestros antepasados del XIX. Sus cinco diputados no apoyarán un Gobierno Frankenstein. Así como en mayo de 1.937, Urkullu, jefe del batallón Gordexola, salvó de su voladura a Altos Hornos de Vizcaya, ahora salvará al PSOE de la suya y, de paso, evitará que los políticos españoles (los temibles acomodadores que nos dicen dónde tenemos que sentarnos) sigan haciendo el ridículo. Y estos nacionalistas del actual PNV no actuarán así porque sean genios o santos, sino porque representan bastante bien la antigua cordura del vasco de los siglos XVI al XVIII y al liberalismo fuerista del XIX”. (Fin de la cita)

Pero al margen de la posición que adopte el PNV que ha sido sin duda, el gran triunfador de las elecciones vascas, ganadas además con un programa sensato y lleno de sentido común, el debate en los próximos días, se centrará en ese Gobierno que pretende formar Pedro Sánchez (el “Gobierno de la gran ilusión”, el “Gobierno Waalt Disney”), y en la reunión del Comité Federal del próximo 1 de Octubre, dónde se tiene que resolver para bien del PSOE, esa lucha abierta entre el secretario general del partido y los barones regionales, con los que el secretario general ha ido rompiendo todos los puentes y ese diálogo fundamental para que un partido funcione y no se rompa. Como Corbyn, el líder del laborismo británico al que han intentado echar y ha resistido hasta el final, revalidando su puesto este sábado, Sánchez está dispuesto a dar la batalla hasta el final. Al fin y al cabo, es el primer secretario general que ha sido elegido por la militancia y, en la militancia, se piensa refugiar si es preciso, aunque una cosa sea la militancia y otra, muy distinta, el votante… Y, en esas, estamos.