Bloqueo: 9 meses y estamos ante un embarazo frustrado

Acabamos de salir de cuentas y aquí no pasa nada, y lo que pasa no es precisamente bueno. Este martes 20 de Septiembre, se cumplen nueve meses en los que el país está en manos de un Gobierno en funciones, y con un bloqueo político que dura lo que normalmente dura un embarazo. En esta ocasión, no parece que estos nueve meses de embarazo, que han provocado una autentica parálisis política en la que no se gobierna, no se legisla, y no se decide, vayan a terminar bien, sino en otro embarazo frustrado, precedido de unas nuevas elecciones que tampoco garantizan si al final, tendremos niño o niña, o un parecido bloqueo, similar al de ahora, que cada día que pasa preocupa más a la ciudadanía y, sobre todo, a Europa, en uno de sus momentos más críticos.

En resumen, nueve meses que no han servido de nada y en los que ha sido imposible que quienes forman parte del cuatripartito que en estos momentos forman el cuadro político nacional, hayan sido capaces de ponerse de acuerdo para elegir a un Gobierno estable, que aunque no dure toda una legislatura, saque al país del impasse en el que estamos. Un impasse en el que no cumpliremos con los compromisos de Bruselas, ni presentaremos un nuevo presupuesto por lo que habrá que prorrogar los actuales y seremos multados por no cumplir los objetivos de déficit otro año más. Las consecuencias inmediatas serán la pérdida de las ayudas europeas y nuevas multas, imposibles de parar ahora.

Lo que más preocupa en Europa es, después de la investiduras fallidas de Pedro Sánchez y la última de Mariano Rajoy, que el socialista Pedro Sánchez se muestre dispuesto a buscar nuevas formulas con los más variados partidos políticos, que por otra parte se lo impide un sector importante de su partido, en una ecuación tan complicada que el país tiene que prepararse para volver a las urnas por tercera vez en un año. En estos nueve meses, ningún partido, ni de derechas ni de izquierdas, ha sido capaz de conseguir una mayoría de Gobierno. El país está en stand-by, pilotado durante estos nueve meses por un Ejecutivo en funciones centrado en asuntos de trámite y sin poder afrontar los compromisos y las peticiones pendientes de Bruselas, entre ellas, la elaboración de un Presupuesto en una situación en la que el déficit público se ha disparado y la Deuda pública ha sobrepasado el cien por cien. Aparte de nuevos recortes y reformas que, insisten en Europa, no pueden esperar más.

El Partido Popular y especialmente su presidente, Mariano Rajoy, ha puesto ahora todas sus esperanzas en los resultados de las elecciones autonómicas del domingo 25 de Septiembre, no sólo por lo que supone una victoria en Galicia de Alberto Núñez Feijóo por mayoría absoluta (por cierto, ignorando las siglas del partido y centrando su campaña en la labor realizada en la Autonomía durante estos cuatro años), sino por la posibilidad de que en Euskadi, el PNV necesite los votos del PP para la elección del lehendakari vasco. Votos que los cambiaría para una segunda investidura en Madrid, antes de que termine el plazo del 30 de Octubre para la disolución de las Cortes actuales y la convocatoria de elecciones. Sin embargo, no parece que esa jugada pueda salir, y no son pocos los que piensan que, igual que ocurrió en Navarra, tras las elecciones autonómicas, el PNV pacte con Bildu, la segunda fuerza política en el País Vasco, según todas las encuestas, si necesita apoyos.

Más complicado lo tiene Sánchez que sigue sin aclararse qué tipo de Gobierno quiere formar con Podemos y Ciudadanos, algo que es como el agua y el aceite, y si está dispuesto a contar con las fuerzas nacionalistas y soberanistas, algunas de ellas, partidarias de ese Gobierno que parece muy difícil que pueda cuajar. Entre otras razones por la desconfianza que despierta Sánchez dentro de su partido, por la firme oposición de un sector importante del PSOE a esa salida al bloqueo, desde Rodríguez Ibarra que ha amenazado con abandonar el partido si esa es la solución, hasta Susana Díaz, opuesta visceralmente a cualquier pacto con Podemos, desde el minuto uno.