Según Le Monde dos casos perturban a Europa: Rajoy y Merkel

La nueva derrota de Angela Merkel y de su partido, la CDU, la Unión Cristianodemócrata, en Berlín, con los peores resultados que podía esperar la canciller alemana, ha provocado un auténtico terremoto en el país y en Europa. Una Europa tocada de muerte por el Brexit y que ha intentado, este pasado fin de semana en la Cumbre de Bratislava, elaborar una nueva hoja de ruta para recuperar el espíritu y el proyecto europeo de cara a la Cumbre de Roma que coincide con el sesenta aniversario de su creación. El objetivo marcado pasaba por definir un diagnóstico común de la situación en la que se encuentra la Unión y si las circunstancias eran factibles, esbozar un programa de acción para los próximos meses.

La sonora derrota del partido que lidera la coalición que gobierna el país (algo que la canciller ha calificado de alarmante y decepcionante) y, el auge del partido populista AfD, Alternativa para Alemania, un partido nacido al olor de los rescates económicos, y sobre todo, por la gestión de la política migratoria de Merkel que ha permitido la entrada en el país de más de un millón de solicitantes de asilo, supone un problema de dimensiones desconocidas para una Europa progresivamente radicalizada por los partidos populistas, xenófobos y de extrema derecha.

El éxito de AfD, una formación que hace un año, parecía condenada a pasar a la irrelevancia, fruto de sus guerras fratricidas, está ligado directamente a la política de la canciller y a lo que muchos alemanes sostienen que es una locura migratoria improvisada y de efectos negativos para Alemania, que no está en condiciones de acoger a todo ese flujo procedente de los países en guerra y que es el mayor movimiento de desplazados desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El mensaje de la “Alternativa para Alemania” está siendo tan eficaz que el partido está ya presente en los Parlamentos de 10 de los 16 Estados alemanes y puede dar una sorpresa en las elecciones para el Bundestag el año que viene.

Pero el problema que ha producido ya una importante fractura en la Unión Europea, por el momento parece irresoluble, por sus dimensiones. Precisamente este lunes y martes tiene lugar en Nueva York la reunión de alto nivel sobre grandes movimientos de refugiados y migrantes, a instancias de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y en la apertura del debate general del 71º período de sesiones de la Asamblea. La cumbre de este año se plantea como escenario para que los Estados puedan analizar cómo abordar la crisis humanitaria con mayor eficacia y articular de forma conjunta la gestión de los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes que se están produciendo con motivo de los conflictos bélicos.

Dentro del juego de intereses de Europa no deja de ser, cuanto menos curioso, que algún medio, como el periódico francés Le Monde compare la situación de Merkel con la que está viviendo, en estos momentos, el presidente del Gobierno español Mariano Rajoy. Los dos son acusados por el periódico de falta de dignidad. Una dignidad cuyo ejemplo estaría en el comportamiento del exprimer Ministro británico al asumir la responsabilidad del triunfo del Brest: “No quiero ser una fuente de distracción para Theresa May”, explicó David Cameron. Fue elegante y supo asumir sus responsabilidades.

“Desgraciadamente, no todos tienen la dignidad británica, y dos casos perturban a Europa actualmente, el del presidente español Mariano Rajoy y el de la canciller alemana Angela Merkel. El primero se aferra al poder con el pretexto de que su partido obtuvo el primer puesto en las elecciones y que por fin la economía está despegando”. Angela Merkel, también llega al final de su reinado. Es una mezcla de emperatriz de Europa, cada vez más distante de sus súbditos continentales -tan solo habla en el Bundestag-, y de política provinciana que intenta mantenerse en el poder a cualquier precio. Y da igual que sea a costa de una división en su bando, de la eliminación sistemática de sus posibles sucesores y del fin de la excepción alemana, un país que hasta ahora, se había librado del populismo. “Pero, tras un decenio glorioso- concluye el periódico-, debería ser prudente y no asumir la legislatura de más. Señora Merkel, ¡váyase ahora que aún está a tiempo!”.