Preocupación en Zarzuela: entre el borboneo y el arbitraje

Preocupación, inquietud, malestar, tensión, este sería el estado de ánimo existente en el Palacio de la Zarzuela después de finalizar este martes la primera parte de la nueva ronda de contactos que el Jefe del Estado ha mantenido con los representantes de Nueva Canarias, Foro Asturias, Coalición Canaria, Unión del Pueblo Navarro (UPN) e Izquierda Unida-Unidos Podemos. Esa es por lo menos, la sensación que los políticos recibidos este martes, cuando se cumplen 219 días de bloqueo político en el que se encuentra el país, han podido percibir de sus entrevistas con Su Majestad el Rey, al que han encontrado mucho más preocupado y tenso, que en anteriores despachos, entre otras razones, porque se ha convertido en el centro del debate político y, además, tiene que decidir si designa o no este miércoles, terminadas las consultas, a un candidato, en esta ocasión al candidato más votado en las últimas elecciones del 26 de Junio, de las que se cumple un mes.

En este caso, como ocurrió en el mes de Enero, el candidato sigue siendo Mariano Rajoy, y es posible que no quiera someterse a la investidura porque no cuenta con los apoyos suficientes por lo que no está dispuesto a aceptar, simplemente para poner en marcha el reloj, según establece el artículo 99 de la Constitución que a partir de una investidura fallida correrá dos meses de plazo hasta convocar unas nuevas elecciones, en este caso, las terceras. Es decir que para que vuelvan a celebrarse unas nuevas elecciones hace falta la celebración de una investidura.

Esa es la interpretación exacta que hace la Zarzuela de la Constitución que no prevé la posibilidad de “declinar” como ocurrió hace unos meses cuando el Jefe del Estado propuso la investidura de Rajoy. Entonces, el Presidente en funciones, frente al criterio de la Zarzuela, se negaba a que la nota oficial de Palacio reflejase que había sido propuesto y que él había “declinado” la oferta real. Esto fue, precisamente, lo que provocó un enfrentamiento entre el Palacio de la Moncloa y el Palacio de la Zarzuela. Un enfrentamiento que duró semanas y que llegó a afectar a los tradicionales despachos del Presidente del Gobierno con el Jefe del Estado.

La Constitución, en su artículo 99.5, establece que “si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso”. Los padres de la Constitución no previeron que esa primera votación de investidura pudiera no llegar a producirse, por la ausencia de candidatos. Por tanto, el plazo hacia las elecciones no empezaría a correr. Ya, en ese momento, Rajoy tenía pensado que no hacía falta ninguna investidura y tenía previsto pedir un informe al Consejo de Estado sobre ese aspecto concreto de la Constitución invocando el precedente de la Comunidad de Madrid sobre el “Tamayazo”.

Desde Moncloa se advierte que el Consejo de Estado fijó un precedente en 2003, con un informe solicitado por la Comunidad de Madrid, que ahora puede inspirar perfectamente la salida a la situación actual. En aquel informe de 2003, el Consejo de Estado consideró que la falta de candidatos es equivalente a una “votación fallida” para la investidura como Presidente del Gobierno. “A juicio del Consejo de Estado y en relación con el inicio del cómputo del plazo de los dos meses previsto en el artículo 18.5 del Estatuto de la Comunidad, precisamente por la falta de un candidato que esté dispuesto y en condiciones de solicitar y obtener la confianza de la Cámara, es de efecto equivalente a una votación fallida para la investidura de un candidato como Presidente de la Comunidad”. La ausencia de candidatos podría llevar a la celebración de un Pleno que declarase una “votación fallida”, y así podrían empezar a correr los dos meses constitucionales hasta la nueva convocatoria electoral.

Terminada el miércoles la cuarta ronda de consultas en siete meses, el Rey se ha convertido en el centro del debate, no sólo por esa desafortunada frase del ministro de Asuntos Exteriores García-Margallo de que “la Constitución prohíbe que el Rey borbonee”, sino porque todas las presiones se han centrado en él. Porque quieren que haga de mediador para desbloquear una situación que los políticos son incapaces de solucionar, presionando a Sánchez y Rivera para que cambien el signo de su voto o decidiendo, en este caso, designar a Rajoy candidato a la investidura, algo que el PP consideraría como una decisión apoyada por toda la oposición pero que obligaría a Rajoy a declinar según ha adelantado su entorno.

Es más, forzando su jugada, el entorno ha dado a entender que el Presidente en funciones no está dispuesto a acceder a sucesivas investiduras. Y si, por el contrario no designa candidato y anuncia un periodo de reflexión (cuando en un mes no se ha avanzado nada) como quiere Rajoy, la situación de bloqueo se extiende y el reloj se paraliza de cara a unas nuevas elecciones. De todas formas entre el “borboneo” de Margallo y el papel de árbitro y moderador de la Corona, según la Constitución que no prohíbe nada… hay todo un mundo de matices… Complicado y difícil, pero posible.