Rajoy espera del Apóstol un nuevo milagro, como el del lago Tiberiades

Este lunes, festividad de Santiago Apóstol, se inicia de hecho la cuenta atrás para una nueva sesión de investidura que según el plan de Rajoy tendría que celebrarse entre el 2 y el 5 de agosto, pero que depende del resultado de las consultas del Jefe de Estado, que, en esta ocasión, serán unas ‘consultas exprés’ que apenas durarán cuarenta y ocho horas, y de las que debería salir un candidato, que abordará el debate de investidura al que tiene que poner fecha la presidenta del Congreso Ana Pastor, que no parece que, en este tema del calendario vaya a llevarle la contraria al presidente en funciones, Mariano Rajoy.

Las fechas se confirmarán si Rajoy tiene los votos suficientes como para formar Gobierno, aunque la verdad es que ha dicho eso, y lo contrario. Ha dicho que puede gobernar en minoría (se entiende con sus 137 votos), jugando con la geometría variable y si tiene apoyos suficientes como para aprobar el techo de gasto y los Presupuestos Generales del Estado, algo que ya está pidiendo con insistencia Bruselas, y que negociaría con todos Ios grupos políticos y que, en estos momentos, contaría con los apoyos de Ciudadanos y de las minorías vascas y catalanas, por simples cuestiones económicas ideológicas. Y ha dicho también lo contrario: que esa minoría de 137 votos es insuficiente para enfrentarse a los retos que nos están planteando Europa, respecto al déficit público y al duro recorte de déficit que hay que llevar a cabo porque este año es muy probable, según Bruselas, que vuelva a dispararse el descuadre de las cuentas públicas.

Hasta ahora, Rajoy, que ha sido el candidato más votado el 20 de diciembre y el 26 de junio, sigue instalado en la más absoluta soledad, a pesar de que ha intentado tender puentes a todos: Ciudadanos, PSOE y hasta a los nacionalistas, esos que según muchos dirigentes populares “quieren romper España”, y ha conseguido bien poco, a pesar de que fuentes del partido insisten en que Rajoy ha ofrecido una vicepresidencia al dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera, e incluso un par de ministerios, algo que el político catalán habría rechazado. Por eso, a menos que se produzca un milagro, precisamente el día de Santiago Apóstol, ya que este discípulo de Cristo conocido como Santiago el Mayor, fue testigo privilegiado, según la Biblia, de un milagro excepcional como fue la aparición de Cristo resucitado a orillas del lago de Tiberiades, no parece que las cosas vayan a cambiar mucho. Es decir que, sin milagro, Ciudadanos, por el momento, seguiría votando ‘no’ en la primera votación, y absteniéndose en la segunda (cuando haya más ‘síes’ que ‘noes’), al tiempo que el PSOE seguiría manteniendo el ‘no’, en las dos votaciones.

Esta sería pues la situación en vísperas del inicio de las consultas del Jefe del Estado que, como adelantaba este cronista – ver “republica.com Investidura: presiones de todos sobre todos (incluido el Rey)”-, está recibiendo todo tipo de presiones para que intervenga directamente en el desarrollo del resultado de la investidura, ya que fuentes del PP serían partidarios de que el monarca convenciese a Rivera de que convirtiese su abstención en voto a favor, mientras Rivera no ha tenido reparos en hacer público que le pedirá a Felipe VI que medie para que sea Sánchez el que aparque el no, no y no, y se pronuncie por una abstención en la segunda vuelta. Algo que estaría dispuesto a hacer si Rivera suma sus votos a los de Rajoy y se presenta el actual presidente en funciones a la investidura con un paraguas de 169 votos, más uno de Coalición Canaria.

Frente al optimismo de otros, este cronista cree que las cosas han ido a peor, que el acercamiento del PP a Convergencia ha estado a punto de romper los puentes con Ciudadanos y que a menos que Cristo vuelva a aparecer en el lago de Tiberiades, es muy difícil que, por lo menos ahora, Rivera dé su brazo a torcer con lo que Rajoy, tal como está el patio económico y comunitario, no puede arriesgarse a una investidura de 137 votos, aunque desde el PSOE se insista que hay que poner en marcha el reloj de nuevo, lo que significa que quieren que el señor presidente del Gobierno pase por el mismo trámite, duro y desconsolador, de una investidura fallida que, en este caso, con todo el rechazo que provoca Rajoy y sus cuatro años de rodillo, será un debate de una agresividad y de un desgaste mucho mayor de lo que se esperaba. Un desgaste al borde casi de la cal viva.

Por eso, lo más probable según le aconseja su entorno es que aplace el debate para la segunda semana de agosto, ya que no es posible, por el momento, que se produzca un nuevo milagro Tiberiades. Además a Rajoy le daría tiempo a negociaciones que no ha tenido todavía y que, en el caso de Ciudadanos, son negociaciones duras y correosas. No deja de ser significativo que días antes de que empiece esta semana decisiva, el delegado de Ciudadanos en Madrid, Miguel Gutiérrez, haya revelado que Mariano Rajoy lleva “doce días sin plantear nada”. Para Gutiérrez, Rajoy tiene que empezar con un pacto de Educación, por la regeneración política, por una reforma exprés de la Constitución para evitar aforamientos o un pacto por los autónomos entre otras primeras medidas