El terror de Europa a un triunfo del Brexit

Dentro de unas horas comienza la votación en Gran Bretaña sobre si el país sale o no de la Unión Europea, de acuerdo con la promesa que hizo el primer Ministro Cameron en 2013 de celebrar un referéndum sobre la permanencia o no en la UE, con lo que pensaba calmar a los euroescépticos de su propio partido, y frenar el ascenso espectacular del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) que en las elecciones europeas de 2014 consiguió, por primera vez, ser el partido más votado, por delante de conservadores y laboristas. Y la realidad es que, en muy pocas ocasiones una votación de un país ha atraído tanta atención en el exterior, como ese referéndum que tiene a Europa sumida en la preocupación, y en el miedo ante un triunfo del Brexit (salida), por la mutilación que puede sufrir el proyecto europeo y, por el efecto contagio, que puede extenderse a otros países, cada vez más escépticos por la política de Bruselas.

La movilización internacional para la permanencia (Bremain) ha sido realmente espectacular. El presidente Barack Obama, la canciller Merkel, la responsable del Fondo Monetario Internacional ( FMI), cinco exjefes supremos de la OTAN, director del Banco Mundial, ocho exsecretarios del Tesoro norteamericanos y otros muchos líderes de medio mundo, han pedido abiertamente a los británicos que no se vayan. Y cada día que pasa, se unen más responsables políticos, economistas, artistas, e intelectuales, a esta petición de forma angustiosa, especialmente desde el atentado que costó la vida a la ejemplar diputada laborista Jo Cox, apuñalada y tiroteada por un pirado solitario seguidor de grupos de extrema derecha, y firme partidario del Brexit.

Pero para muchos no fue sólo obra de un lunático, fue también una señal de que la alianza xenófoba, racial, fascista, terrorista, está ganando terreno en el espacio europeo, alimentándose de los llamamientos nacionalistas y anti inmigrantes para echar peligrosas raíces. No es una cosa organizada, a pesar de haber varios grupos de extrema derecha ya con alguna cohesión, pero son el resultado de un clima donde el odio se intenta sobreponer a las ideas y al debate político, extendiéndose a espacios en violencia. Por eso resulta verdaderamente trágico que haya sido la muerte de la joven diputada laborista, lo que más ha influido para frenar el ascenso del Brexit, un ascenso que parecía imparable entre los sectores más envejecidos de una población que se lamenta del poder perdido de Gran Bretaña, y sometida, ahora dicen, a las órdenes de Alemania y Francia.

Con su trágica muerte, según insisten los medios europeos, han aparecido las verdaderas emociones. Se suspendió durante un día la campaña, los principales dirigentes se vieron obligados a hacer declaraciones inequívocas. Y, sobre todo, a las estadísticas se han unido los hasta ahora silenciosos e indecisos. Hay que preguntarse ¿de verdad ha sido necesario el derramamiento de sangre para que a la gente se les haya ocurrido de que su voz en el referéndum es importante para las islas y para el mundo? A lo mejor, en los tiempos de los tabloides, los que más han calentado el Brexit, es natural. Pero ¿quién ganará? ¿Los populistas y los tabloides o la reflexión y un cálculo sereno de las consecuencias de una salida precipitada? Ese es el enigma en el que se desenvuelven en las próximas horas los británicos, convencidos de que Europa les aporta poco, porque está en manos de burócratas.

Por eso, de alguna manera, son muchos los europeos que entienden a esos británicos, sobre todo cuando la UE vive la mayor crisis de la historia, intentando enfrentarse al hundimiento de la zona euro, al terrorismo y a los inmigrantes. Además lo hace de una manera torpe, sin una idea principal y un planteamiento brillante y, sobre todo sin líderes carismáticos y sin un consenso elemental. La autoridad de Angela Merkel ha caído y de la autoridad del anfitrión del Palacio Eliseo es difícil hablar. Para muchos, no solamente para los británicos, la política de Bruselas forma parte de esos juegos de los intervencionismos nacionales en los que gana el más fuerte. En ese sentido la UE no logrará contrarrestar las sucesivas crisis ya que, en cierto modo el Brexit no es la renuncia a un yugo federalista, sino a un yugo eurócrata. La liberación del poder de los funcionarios comunitarios. Y así lo interpretan muchos medios europeos, preocupados por los efectos políticos y económicos de una salida.

Hasta el periódico norteamericano The New York Times se ha visto obligado a intervenir en el debate preocupado por fenómenos populistas que ha llegado a afectar a Estados Unidos con el fenómeno Donald Trumph, parecido al fenómeno que se ha producido en Inglaterra; trabajadores que se sienten enajenados por un mundo globalizado y cambiante, que creen que los políticos han dejado de escucharlos, que están convencidos de que oleadas de extranjeros están amenazando su identidad y forma de vida. De forma que el referéndum británico se ha convertido en algo parecido a un campo de batalla para todas las democracias occidentales donde están creciendo las hostilidades anti-inmigrantes.