26 J: se sigue apostando por el bloqueo y la parálisis

Pablo Iglesias sigue tendiendo la mano a Pedro Sánchez (con el que al final, consumado el “sorpasso”, terminará políticamente) para la formación de un Gobierno de progreso, pero sin renunciar a una de las líneas rojas aprobadas por el Comité Federal del partido socialista para cualquier tipo de pacto: el referéndum en Cataluña. Este martes, con toda claridad, mientras que en el periódico El Mundo decía que el referéndum para Cataluña es la mejor propuesta, y que están dispuestos a escuchar otras, en la cadena Ser, más tajante, ha afirmado que “no vamos a renunciar al referéndum”.

La declaración de Iglesias se produce después de que Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), haya anunciado que le votará para Presidente si, efectivamente convoca un referéndum en el plazo de un año, algo en lo que está, también, el sector más independentistas de “Junts Pel Si”. Es más, el secretario general de Podemos, ha querido meter el cuchillo dentro de las filas socialistas, al recordar que hay muchos sectores dentro del PSC, que son partidarios de ese referéndum de independencia, pero que ante la campaña electoral, se han callado para no perjudicar, aún mas al partido, que se encuentra cercado por todos lados, y con el “sorpasso” en los talones.

Sánchez no ha tenido más remedio que recordar su posición y, en declaraciones a Carlos Alsina en el programa “Más de Uno”, ha asegurado que “no vamos a apoyar a ningún gobierno que fragmente la soberanía nacional de España”.

Es decir que, como hace seis meses, estamos donde estábamos, apostando indirectamente por la parálisis y el bloqueo, con las mismas líneas rojas, con los mismos tiras y aflojas, pero con una mayor polarización entre izquierda y derecha; con una cierta sensación de pánico en Génova, aunque oficialmente insistan en que sus trackings les da mejor que los últimos sondeos publicados, por lo que no se entendería esa campaña del miedo, centrando todo su mensaje en “Unidos Podemos”, e intentando explotar el voto útil por encima de todo, y haciendo la campaña imposible a los aliados de esa supuesta Gran Coalición, en la que ya no parece creer ni el mismo Rajoy, cada vez más preocupado por su propio sillón que corre casi tanto peligro como el de Sánchez, aunque el del secretario general del PSOE sigue teniendo, mientras no se demuestre lo contrario, el apoyo de la militancia.

Con su campaña, en la que ha ninguneado a sus posibles aliados (Ciudadanos y PSOE) y ha potenciado a la Coalición Unidos Podemos, con una ofensiva basada en el miedo, el miedo al extremismo, el miedo a la destrucción del Estado de bienestar, el miedo a una nueva recesión, Rajoy se ha dado cuenta tarde, demasiado tarde, de que el partido que sigue subiendo en votos y en escaños, no es precisamente su partido, sino el de Pablo Iglesias. A cinco días de la fecha electoral, el Presidente del Gobierno en funciones ha adelantado que si no tiene los apoyos suficientes, por los que hasta ahora no ha hecho nada, no irá a la investidura aunque se la ofrezca el Rey como partido más votado. Es decir que volvería a “declinar” la oferta del Jefe del Estado, fórmula no contemplada en el artículo 99 de la Constitución y que en Enero provocó una notable tensión entre Moncloa y Zarzuela ya que un sector del Gobierno se mostraba partidario de pedir un informe al Consejo de Estado para obviar el precepto constitucional que obliga a un acto de investidura para que empiecen a correr los plazos para unas nuevas elecciones. Rajoy, por lo visto, sigue defendiendo esa misma posición.

Un dato más para temer una prolongación del bloqueo político que, todos niegan, asegurando que no habrá unas terceras elecciones pero que no parecen tener el mínimo interés por evitar. Es lo que esta semana el semanario alemán Der Spiegel llama pobreza de la clase política española o sea, que la celebración de nuevas elecciones es una prueba de pobreza de la clase política. Como en muchos otros países de la UE, los grandes partidos pierden votos y tienen que formar coaliciones “pero en Madrid, dice, unos políticos vanidosos apuestan por la parálisis”.

La tesis del semanario alemán es que los altos cargos políticos no han logrado llegar a un acuerdo durante meses, y ni siquiera les ha motivado la perspectiva de que el resultado de la nueva votación sea parecido y vuelva a haber un empate – y todo indica que va a ser así -. “Han preferido aferrarse a cargos y escalafones en lugar de lanzarse a algo nuevo. Han luchado y se han insultado con dureza. Han confirmado los prejuicios sobre funcionarios vanidosos y cortos de mira. Tener principios no es nada malo y obviamente nadie quiere parecer voluble. Pero la búsqueda de compromisos forma parte de la democracia”.