El cura Lezama: homenaje a un vasco universal

El cura Lezama, como coloquialmente le llamamos quienes le conocemos, le queremos y le admiramos, acaba de cumplir, aunque no lo parezca, 80 años. Y lo ha celebrado en su pueblo natal, Amurrio, un pueblo de Álava de poco más de 10.000 habitantes, con una Misa en la Iglesia de Santa María y, una comida campestre popular a la que asistieron más de trescientas personas en el prado de la Ermita de San Prudencio en Lezama.

Allí estaban las autoridades locales, el exlehendakari José Antonio Ardanza, ya jubilado y feliz; el exministro de Asuntos Exteriores Marcelino Oreja; el presidente de Tele 5 Alechu Echevarría, el exsenador Iñaki Anasagasti; el inventor de las Cumbres Iberoamericanas, el diplomático Enrique Iglesias, y periodistas, escritores, laicos y sacerdotes, representantes del mundo de la gastronomía, personajes que han pasado por su fructífera y apasionante vida y cientos de admiradores de todas las clases sociales y de todos los mundos que habían venido de los sitios más remotos para estar con él y abrazarle. Al fin y al cabo en su momento fue declarado por el Gobierno vasco, “Vasco Universal”.

Porque Luis Lezama, sacerdote, exsecretario del cardenal Tarancón, uno de los hombres claves de la transición, empresario (su grupo empresarial de restaurantes, hostelería y catering factura más de treinta millones de euros al año), hotelero, periodista, escritor (su último libro “El capitán del Arriluze, Plaza Janes 2015, sobre su abuelo, es una auténtica delicia), maestro y obsesionado con la enseñanza y con la ayuda a los jóvenes con problemas y que han pasado incluso por la cárcel, es de todos los mundos y de las actividades e iniciativas más diversas. Es, ahora, párroco de la Iglesia de Santa María la Blanca, en el barrio madrileño de Montecarmelo, y ha fundado uno de los Colegios más innovadores de los que hay en España .Un Colegio que es referencia en el sistema educativo español con una instalaciones punteras, huerta, guardería, ordenadores, cocinas, e incluso un Parlamento para que sus dos mil alumnos que tiene que acoge el Colegio, aprenda a hablar, a expresarse, a debatir.

Cuenta que todo empezó cuando, como párroco de Chinchón, su primer destino, se empeñó en construir un albergue para jóvenes que acogía a los más pobres y a veces a lo peor de cada casa a los que proporcionaba cama, comida, ducha y algo de calor humano, porque fue en Entrevías, cerca del Pozo del Tío Raimando dónde descubrió el infierno de la droga y sus efectos devastadores entre los jóvenes. Hasta que un día le pidió a su superior jerárquico, el entonces arzobispo de Madrid, Rouco Varela, un año sabático, no para ir a Roma a estudiar Teología, como le proponía el Arzobispo, sino paras montar una “Taberna”. Con gran asombro del tradicional Rouco, Lezama monta lo que fue el comienzo de su gran proyecto “La taberna del Alabardero”, con un crédito que consigue con dificultades, en Plena Plaza de Oriente, y con algún maletilla, algún recogido con antecedentes penales, algún exdrogadicto, y un cocinero. “He confesado en la barra de un bar -suele comentar- a gente que nunca pisará una Iglesia”.

Ahora su Fundación tiene restaurantes en Madrid (Café de Oriente, la Taberna del Alabardero, la Botillería ) Málaga (La Hacienda del Álamo, la Meridiana del Alabardero, el Alabardero Beach Club) Sevilla (Hacienda de San Juan) y Washington a cuatro manzanas de la Casa Blanca, y lugar preferido de todos los Presidentes norteamericanos que han pasado por su comedor, hoteles, catering, escuelas de formación…Todo un conglomerado regido por antiguos alumnos que empezaron con él, que llegaron al albergue pidiendo cama y comida, que se salvaron de la droga, (aunque hubo algunos que murieron por sobredosis) y que forman parte del proyecto.

Un proyecto que Lezama ha ido dejando poco a poco para dedicarse a la enseñanza a su parroquia, a su colegio, a su Orquesta y su Coro formados por jóvenes que ensayan casi a diario con ilusión en un ambiente desenfadado. Por eso, cuando este sábado en Amurrio, Coro y Orquesta, con un sonido realmente espectacular, entonó en plena pradera, el Cumpleaños feliz, a Luis, a sus ochenta años, se le cayeron algunas lágrimas. Lagrimas de felicidad y, sobre todo, del trabajo bien hecho.