Salvo el ridículo, ¿qué va a hacer Zapatero en Venezuela?

El Gobierno español ha decidido la urgente vuelta a Caracas del embajador de España en Venezuela, Antonio Pérez Hernández, poniendo fin, por el momento, a la llamada a consultas del pasado 8 de Abril, después de que el presidente de la República bolivariana Nicolás Maduro, violando todas las reglas diplomáticas, llamase al presidente español Mariano Rajoy “racista, basura corrupta y basura colonialista”. No era la primera vez que el dirigente venezolano utilizaba ese lenguaje impropio de un político y, sobre todo, impropio de un Jefe de Estado. Ya en Enero, en otra intervención pública llamó al Presidente español “intervencionista, racista y colonialista”. Desde 2014 ha sido convocado cuatro veces el embajador de Venezuela en Madrid por insultos personales de Maduro hacia el Presidente español.

La decisión de la vuelta de Pérez Hernández a su puesto se debe, según fuentes del Ministerio español de Asuntos Exteriores, a la situación de preguerra civil en la que se encuentra el país, con la situación económica que alcanza una inflación del 700%, según el Fondo Monetario Internacional, con un desabastecimiento de todos los productos básicos, y de medicinas, y con los intentos de Maduro de provocar un autogolpe de Estado que quiere colocar a Colombia, el vecino país, a su expresidente Álvaro Uribe, y al Gobierno norteamericano. Esta situación explosiva, que afecta a casi medio millón de españoles residentes en el país, se ve agravada con la decisión última del Jefe del Estado de no respetar la “legalidad bolivariana” ante millones de ciudadanos que en firmas recogidas durante las últimas semanas, vienen pidiendo el inicio del referéndum revocatorio de Maduro como Jefe del Estado.

Esa arbitraria decisión, junto con la declaración del estado de emergencia nacional y el estado de excepción, y el intento de no obedecer las decisiones de la Asamblea Nacional, en manos de la oposición, han creado un clima de enfrentamiento civil, por acusaciones de que la oposición prepara un golpe de Estado por lo que han comenzado unas maniobras militares para demostrar el poder del Régimen, y su preparación, ante una supuesta invasión de fuera. En este ambiente, y éste ha sido otro de los factores que han influido en la vuelta del embajador español, resulta incomprensible la presencia en Caracas, del expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, autonombrado “mediador” entre el Madurismo y la oposición democrática.

Autonombrado porque el político español, solo cuenta con el visto bueno de Maduro que le invitó como observador internacional en las últimas elecciones a la Asamblea Nacional, que ganó la oposición. Nombrado por Maduro miembro de una Comisión de la verdad sobre los sucesos que terminaron con el juicio y encarcelamiento de Leopoldo López, para la elaboración de un informe que tendrá poco que ver con el de la oposición, Zapatero llegó el Martes a Caracas , junto con los expresidentes Lionel Fernández (República Dominicana) y Martin Torrijos (Panamá), para participar como “mediador” y crear un “espacio de diálogo” entre Gobierno y oposición.

Zapatero, que contaría con el apoyo de La Habana, no se sabe muy bien qué es lo que va a hacer. Lo ignoran los diplomáticos españoles (se alojará en la embajada española en Caracas), lo ignoran en el PSOE donde mantiene unas tensas relaciones con Pedro Sánchez y todo su equipo, y lo ignoran los propios venezolanos que no terminan de explicarse su presencia en el país, después de los insultos de Maduro al presidente español Mariano Rajoy, al expresidente Felipe González, acusado de todo por el Régimen y al propio embajador de España, llamado a consultas en dos ocasiones por el Gobierno español.

“Salvo el ridículo, no se alcanza qué puede hacer el señor Zapatero en Caracas, cuando todo el mundo sabe que el Régimen no tiene el mínimo interés en abrir ningún espacio de diálogo con la oposición. Por otra parte, la oposición, tampoco se fía del expresidente español, en tanto es considerado como un peón de Maduro. Para nosotros lo único que puede servir el expresidente español es para transmitirle a su amigo Maduro que respete su propia legalidad y que respete, sobre todo, a la Asamblea Nacional elegida por el pueblo y que ahora, en estos momentos tan dramáticas para el país, es una institución clave para la defensa de la democracia en Venezuela Y sobre todo que se implique en la libertad de todos los presos políticos”.

La explicación es de un viejo opositor, convencido, de que el país no puede aguantar más y que, como viene diciendo Capriles, todo está al borde de un estallido social, de una explosión incontrolable… La oposición venezolana confía mucho en la solidaridad de España y de los dirigentes políticos españoles. Esa solidaridad se pondrá de manifiesto de nuevo con la visita que inicia el próximo martes Albert Rivera, en cuya agenda figura una intervención pública en la Asamblea Nacional venezolana.