Elecciones: comienzan nuevos episodios del “Día de la Marmota”

Hoy ha comenzado en el Palacio de la Zarzuela, ante la presencia del Jefe del Estado, una escena más de esa película nacional titulada “Atrapado en el tiempo”, un remake de aquella otra de Harold Ramis, conocida también como “El Día de la Marmota”, con el mismo ceremonial de siempre, con el mismo orden establecido de menor a mayor representación parlamentaria, y eso sí, sin el interés de la primera ronda de consultas, ante la situación de bloqueo político que padece el país, desde hace más de cuatro meses.

Convertidos todos, expectantes, en ese Phil Connors, el metereólogo que acude puntualmente al pueblo de Punxsutawney para retransmitir el comportamiento de la marmota que anuncia el final del invierno y el comienzo de la primavera, aquí se espera con expectación, el anuncio de quién puede desbloquear una situación que ha durado el invierno, la primavera y el verano, hasta el punto que, si hay Gobierno, no se formará en el Otoño. Y como en “El día de la Marmota“, los mismos candidatos, los mismos mítines, los mismos debates, el mismo argumentaría, los mismos ataques, las mismas excusas y… los mismos odios y enfrentamientos. Y, probablemente, según las primeras encuestas los mismos, o parecidos resultados electorales. Como será la cosa que hasta el propio Jefe del Estado se ha visto obligado a aconsejar que la campaña sea más moderada en gastos electorales y que no termine cansando al electorado, algo esto último que parece inevitable.

Este es el panorama con el que se ha iniciado este lunes la cuenta atrás de esta nueva escena de “Atrapados en el tiempo”, que conducirá a las elecciones del próximo 26 de Junio, protagonizadas por los mismos candidatos que han impedido el acuerdo y que se echan a la cara, unos a otros, la responsabilidad del fracaso. Pedro Sánchez centra sus criticas en Podemos que prefiere la continuidad de Rajoy antes de empezar a solucionar los problemas sociales más urgentes que tiene el país, y hasta dice que no tira la toalla porque, incluso, ha despejado su Agenda por si hay alguna posibilidad de negociar “en el último minuto”.

Podemos ataca al PSOE, preso de su acuerdo con Ciudadanos, que le impide cualquier capacidad de maniobra, aunque en realidad, desde el principio, apostó por unas nuevas elecciones y, ahora mucho más, porque confía en su salvación, por parte de Izquierda Unida, y de su principal candidato, Alberto Garzón. Rajoy, el defensor de la Gran Coalición, no ha llegado a reunirse con ninguno de los otros dos posibles candidatos de la coalición y a uno de ellos la única oferta que ha recibido ha sido por un simple tuit en el tiempo de descuento. Ha jugado, desde el principio, a una segunda vuelta, después de rechazar la investidura que le propuso el Rey e intentar que no hubiese otro candidato para, tras un informe previo del Consejo de Estado, se adelantasen las elecciones, algo a lo que se negó el Rey. Eso fue lo que prodigó el alejamiento entre Zarzuela y Moncloa que ha durado meses.

El que mejor ha salido parado de todos estos episodios, ha sido el dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera, el que sale mejor valorado en todas las encuestas, y el que ha conseguido un pacto con el PSOE y que, ante la opinión pública, ha quedado como el que más intentos ha hecho para encontrar una solución. Partiendo, además de la base, de que Rajoy tenía que retirarse, algo a lo que no estaba dispuesto quien viene ejerciendo de Presidente del Gobierno en funciones, y que ha hecho todo lo posible para que no apareciese ningún otro candidato.

La partida de resistencia es probable que la haya ganado Rajoy aunque llega hoy, en peores condiciones que en Diciembre del año pasado. Los casos de corrupción (especialmente en el Levante) le han ido consumiendo durante esa larga espera hasta la disolución de las Cámaras, y el temporal, no parece que vaya a amainar porque el escándalo de la financiación ilegal se extiende como una mancha de aceite. Este mismo lunes Ricardo Costa, el número dos de Francisco Camps, ha pedido su comparecencia y la de la secretaria general, Dolores de Cospedal en uno de los sumarios de la “Gürtel” como testigo de que la responsabilidad de esa financiación ilegal estaba en la cúpula del partido y, no solo en Bárcenas.