Pedro, Pablo y Albert: acuerdo imposible entre los tres

El escaso optimismo que despertó el miércoles el encuentro de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, para sondear un posible acuerdo de investidura a tres (PSOE, Podemos, Ciudadanos), bautizado como “vía 199” por el número de diputados que la apoyarían, frente a la “vía 161” (PSOE-Podemos-Izquierda Unida) o la “vía 131” (PSOE-Ciudadanos-Coalición Canaria), se ha ido desvaneciendo poco a poco a lo largo de las horas, por la oposición frontal del partido de Rivera a cualquier acuerdo de gobernabilidad con Podemos y, también por la incompatibilidad que existe entre el partido de Pablo Iglesias y Ciudadanos, tanto en concepción de modelo económico, como en modelo de Estado, especialmente por el papel que, en ese modelo, tiene el derecho a decidir y el referéndum en las llamadas nacionalidades históricas: Cataluña, Galicia y Euskadi.

En estos momentos, aunque desde Podemos Pablo Iglesias repite hasta la saciedad, que hay que saber ceder como han hecho ellos, no parece que el problema sea de cesión, sino de compatibilidad entre dos modelos de sociedad totalmente distintos, tan distintos que la dirección de Ciudadanos ya se ha encargado de decir que antes de entrar en un Gobierno con Podemos, preferirían la convocatoria de unas nuevas elecciones, a pesar de que el juego que en estos momentos está planteado, es la culpabilización ante la opinión pública a quien fuerce unas elecciones a las que temen todos. Por el miedo a que se produzcan los mismos o parecidos resultados o, por no convertirse en el responsable de una nueva convocatoria electoral, en un escenario, en el que los partidos están en peor situación que el pasado 20 de Diciembre.

Dejando a un lado la crisis interna del PP, a la espera de estallar según la decisión que tome su presidente Mariano Rajoy que sigue sin mover ficha, tanto PSOE como Podemos aparecen debilitados. Sánchez logró aplazar el congreso del partido y sobrevivir algunos meses, pero tendrá que hacer frente este sábado a una nueva reunión del Comité Federal del Partido en la que los “barones” le pedirán cuentas sobre su capacidad de formar una mayoría. Su suerte política está conectada a la conquista del Gobierno. Si falla, nadie duda de que puede ser relevado. Su lucha también es una lucha contra reloj.

También en Podemos existen problemas, aunque se intentan encubrir con un problema de crecimiento o con un cambio de modelo de partido y con la refundación de un nuevo espíritu de “Vista Alegre”. Las diferencias de Iglesias con el número dos del partido Iñigo Errejón (que ha sido apartado incluso de las negociaciones), tras la eliminación del número 3, que ha criticado el centralismo del líder, exige un nuevo modelo de partido y una política menos bélica. El liderazgo de Iglesias no se cuestiona, pero se arriesga a un descalabro electoral si la imagen de Podemos permanece como la del “partido del no”. Algo que se complica con el comportamiento de, sus “filiales regionales”, en Galicia o en Cataluña, si como parece, pasan a afirmar su autonomía ante la dirección central.

Todos esos elementos están contenidos también en un largo articulo del Financial Times sobre la situación española en la que, según el análisis del periódico, no se espera que de las conversaciones del miércoles surja un acuerdos para la gobernabilidad del país, aunque reconoce que la negociación entre el PSOE y Podemos es una de las últimas oportunidades de explorar un terreno común, antes de que se tengan que celebrar nuevas elecciones. Recuerda el periódico británico que tras años de recesión, seguido de una recuperación desigual, la llamada al cambio de Podemos consiguió llegar al corazón de muchos españoles. Prometían hacer política de otra manera, eliminando la corrupción que ha sido un lastre para el Partido Popular de centro derecha en el gobierno, y poniendo al país por delante del partido. Sin embargo, los recientes acontecimientos sugieren que Podemos está empezando a sufrir las mismas divisiones que han acosado a sus rivales políticos más establecidos.

Se refiere el periódico a los ceses que se han producido en la estructuras del partido, a las recientes dimisiones en Madrid, y al estilo con el que Pablo Iglesias ejerce el liderazgo para concluir que, según el propio análisis de Iglesias, Podemos puede terminar siendo un partido como los demás, con los mismos tics, como esa insistencia en reaccionar a las insinuaciones de división que aparecen en la prensa, diciendo que los medios de comunicación españoles “están amplificando excesivamente el asunto”, ya que el partido está en una etapa de una mejor reorganización.

Es cierto que el partido disfrutó de un repunte tras las elecciones de diciembre, situándose en segundo lugar después de PP en las encuestas de enero, cuando Iglesias ofreció su propio acuerdo al líder de PSOE. “No hay más tiempo para la indecisión. O estás por el cambio, o por el estancamiento y el punto muerto” dijo en aquel momento, aprovechando el sentimiento de que los españoles no deseaban unas prolongadas negociaciones para formar una coalición. Esa fue una gran marca en el agua para el partido, aunque fracasó. Un sondeo de Metroscopia, poco después de que Podemos y PP votaran en contra de unirse al pacto entre PSOE y Ciudadanos en el Parlamento, registró su caída hasta el cuarto puesto, cuatro puntos por debajo respecto a las elecciones de Diciembre. Sin embargo algunos analistas creen que Podemos aún tiene posibilidad de avanzar en unas nuevas elecciones. Señalan que los resultados del partido en diciembre se consiguieron a pesar de que Juan Carlos Monedero, uno de sus fundadores, había dejado el partido el año pasado. No se sabe qué pasará aunque parece claro que un acuerdo entre Pedro, Pablo y Albert, es imposible entre los tres.