Bélgica escandalizada por los agujeros negros en la seguridad del país

Conforme avanzan las investigaciones sobre la matanza en el aeropuerto y en el Metro de Bruselas, aumenta la preocupación sobre la facilidad con la que se ha podido producir la catástrofe, a pesar de la militarización de la ciudad, de las patrullas ocupando desde hace semanas las calles y plazas de la capital belga y de la capital de Europa y de sus principales instituciones, de la paralización en varias ocasiones de la ciudad por operaciones policiales fallidas, y, con horror, se ha empezado a descubrir que el país era, y es, el eslabón que más falla en de la lucha contra las organizaciones terroristas.

Sus estructuras de seguridad son tan ineficaces que desde 2012, más de cuatrocientos ciudadanos de este país han entrado en las filas del Ejército Islámico (es decir 41 personas por un millón de habitantes, mientras que en Francia este porcentaje no sobrepasa 20). Los asesinos del famoso líder afgano Ahmad Shah Masud en 2001, tenían pasaportes belgas y antes del viaje a Kabul vivían en el barrio belga de Molenbeek. El mismo barrio, dónde fueron organizados los atentados en París de noviembre pasado y dónde actuaba la célula terrorista que desempeñó el papel principal en los atentados en Madrid en 2004.

Lo que pone de manifiesto que el islamismo radical había construido un verdadero santuario, al lado mismo del Parlamento Europeo, de la Comisión Europea y del cuartel general de la OTAN, algo realmente insólito que solo puede explicarse, según destaca el periódico The Wall Street Journal no sólo, por los numerosos fallos de la Policía belga y de muchas autoridades, sino por los múltiples departamentos policiales locales y federales con una ineficaz coordinación que luchan por detectar células terroristas y otras bandas del crimen organizado. Tras la captura de Abdeslam, un oficial belga manifestó el fin de semana su sorpresa por el hecho de que el terrorista siguiese en Bélgica; el Gobierno pensaba que había salido del país. Bélgica, como otros muchos países europeos, ha permitido que se desarrolle lo que equivale a una sociedad islamista paralela.

Es vital, sostiene Financial Times,que haya un intercambio de información de todos los servicios de Inteligencia europeos sobre las redes yihadistas. Bélgica, con múltiples y superpuestas capas de gobierno que no se comunican entre sí, presenta un problema particular. El gobierno federal advirtió tras el arresto de Abdeslam que podría producirse un atentado, pero no pudo impedirlo. Pero se necesita una mayor recopilación de información en tiempo real a través de la UE y con sus aliados. Después de París, recuerden el coche de Abdeslam pasó la frontera entre Francia y Bélgica pero parece que la policía no tenían ni idea de quién era.

“Han surgido muchos interrogantes desde los atentados de París sobre la calidad de los servicios de inteligencia belgas y la policía”, dice el diario británico The Times. La naturaleza fragmentada del estado belga ha influido negativamente para llegar a una respuesta coherente a los problemas de la radicalización en Bruselas y para crear una fuerza policial efectiva. Es demasiado pronto para saber si tales deficiencias jugaron un papel importante en los atentados de ayer, pero deberíamos reconocer el tono casi de desesperación de las palabras del ministro de Interior belga, cuando especulaba sobre el hecho de que haber desarticulado a una célula, con la detención tardía del sospechoso de París, Salah Abdeslam en Molenbeek, podría haber “empujado a otros a la acción “.

Por eso al saberse el miércoles que los kamikazes habían nacido en Bruselas, que en Bruselas vivían, que en la prisión de Bruselas cumplieron condenas, entre otros delitos por disparar contra un policía, y que, además, habían sido expulsados de Turquía después de un intento de unirse al Estado Islamico, se entiende que los agujeros negros de seguridad vayan a ser examinados por una Comisión en el Parlamento y que el Ministro del Interior haya presentado su dimisión, no aceptada por el primer Ministro del país .

“Puede que Bruselas haya sido la elegida debido a que, de manera justa o injusta, tiene la reputación de ser un punto débil de la lucha contra el terrorismo. El suburbio de Molenbeek, donde Abdeslam había permanecido escondido antes de su arresto, es un barrio conocido por sus redes criminales, al igual que por su islamismo radical. Pero esto no tiene que ver con una sola ciudad. Europa como conjunto debe sentirse alarmada no solo porque los terroristas hayan demostrado que son capaces de hace explotar bombas a escasa distancia de las instituciones de la UE.

Ningún país lo puede hacer en solitario. La colaboración internacional es esencial y por tanto debemos invertir en ello al máximo. Las redes de terrorismo están muy extendidas y en parte están controladas por yihadistas sirios radicalizados. En el momento en que las autoridades dejan de colaborar entre sí, los planes terroristas siguen su curso sin ser detectados. Ese es precisamente el reproche que se puede hacer a las distintas organizaciones estatales responsables de la seguridad en Bélgica.

En opinión del antiguo jefe del Departamento de la lucha contra el terrorismo internacional del FSB ruso, Yuri Sapunov, “en Bélgica fueron creadas condiciones bastante confortables para los terroristas. Hay barrios enteros donde de facto es imposible el trabajo de la policía y de los servicios secretos. Las autoridades locales no han hecho nada para cambiar esa situación, aunque la amenaza iba creciendo”. En los años transcurridos desde los atentados del 11 de septiembre en EEUU el nivel profesional de los terroristas ha crecido. Están perfeccionando sus métodos, sus actos están bien organizados y bien pensados, – opina el Presidente del Consejo para la Política Exterior y de Defensa, Fiódor Lukiánov. “A cambio, las tragedias y las conmociones de los últimos años no han enseñado prácticamente nada a Europa”.