Atentados de Bruselas: un día negro para Europa

Solidaridad con el dolor; exigencia de unidad ante una locura que amenaza a todos; petición de un compromiso total de colaboración entre los servicios de inteligencia de los veintiocho países de la Unión; renacer de la islamofobia y, convencimiento de que, y lo refleja la propia prensa europea estamos no sólo ante una guerra, sino ante toda una época. Y en esta nueva época, Europa (herida el martes, en el corazón) vuelve a ser campo de batalla. Esta vez, no se trata de un conflicto tradicional, que tenga un inicio y un final; se trata de una temporada de ataques difusos e imprevisibles, porque contra el nihilismo de quien está dispuesto a sacrificar su propia vida para matar a otros, es difícil organizar defensas.

Veinticuatro horas después de un día negro para Europa y de sufrimiento para Bélgica, la opinión pública sigue sin entender cómo, a pesar de que eran unos atentados anunciados, que se hayan producido con tanta rapidez como venganza a la detención de uno de los autores de los atentados de París. Las autoridades belgas contaban con atentados, pero no era de esperar que la venganza fuera tan inmediata. Esto ya demuestra el grado de organización de los terroristas, su red y su capacidad de atacar en casi cualquier lugar.

El mínimo fallo -editorializa el periódico alemán Frankfurter Allgemaine Zeitung– puede tener un desenlace mortal. Cientos, miles de yihadistas han regresado a Europa; muchos de ellos traumatizados, pero otros radicalizados, experimentados y decididos a todo. Muchos son caras conocidas para la policía y los servicios secretos, pero no todos. Y otros muchos pasan por debajo del radar porque acaban de ser radicalizados y reclutados por los entornos islamistas. La dimensión de las redes terroristas que azotan a nuestras metrópolis y la rapidez con la que pueden ser movilizadas es altamente preocupante.

Hoy el mundo entero descubre que los belgas se han permitido más negligencias de las normales. A unos metros de la sede del Consejo de la UE y de la Comisión Europea, donde todos los años se producen centenares de normas para toda Europa, comienzan los barrios musulmanes, fuera del control de los servicios de seguridad. En seis barrios, la tasa de desempleo está por encima de la media del país. Los inmigrantes, especialmente los marroquíes, están muy cerrados al exterior y muy abiertos a las influencias radicales. Según los expertos, Arabia Saudita empezó a enviar a imanes radicales a partir de los años 70 a Molenbeek, y a las zonas en las que residen los inmigrantes. Gracias a ello, entre otros factores, el islamismo radical encontró un terreno apropiado desde hace mucho tiempo en Bruselas. Por otra parte el Estado Islámico ha convertido a Bélgica en un “cuartel”, en un país al que veía, y así se ha puesto de manifiesto como el eslabón más débil en Europa..

Los atentados terroristas del martes, han mostrado que lo que durante varias décadas era la ventaja de Bruselas, se ha convertido en su gran desventaja. Una ciudad ubicada en el centro de Europa es por fuerza no solamente el destino de los negocios, sino también un punto ideal para organizar ataques por los grupos terroristas. Bélgica se enfrenta a uno de los mayores desafíos en su historia de 180 años. Sin una reparación radical del estado, no recuperará el control sobre la sociedad musulmana, que cuenta con varios centenares de miles de personas. Y sin una colaboración de todos los servicios de Inteligencia de los países de la Unión, una colaboración que tiene que ser continúa, será imposible luchar con eficacia contra ese terrorismo que tiene como objetivo el sistema de vida occidental, y sus libertades.