Bruselas: una catástrofe anunciada

“Todo apunta a que estamos viviendo el día más negro en la historia del país desde la Segunda Guerra Mundial” Quien así se expresaba, abatido y superado por los acontecimiento, era el alcalde de Amberes y líder del partido nacionalista flamenco (N-VA), Bart de Weber, al ir conociendo en cuentagotas, las dimensiones de la tragedia que ha vivido, desde primeras horas de la mañana este martes santo, la capital de Bélgica y el corazón de la Europa comunitaria.

Es la misma impresión que a lo largo de todo el día han venido dando las autoridades belgas, incluidos el primer Ministro y el ministro del Interior, que bajo el peso de los atentados en el aeropuerto de Zaventem y de la estación de Metro de Maalbeek, se han visto desbordados por la situación, a pesar de que, en cierto modo era “un atentado anunciado”. Anunciado por el terrorista Salah Abdeslam, que participó en la masacre de París, el pasado Noviembre, y que fue detenido hace poco más de setenta y dos horas, en el barrio de Molenbeek, donde permanecía refugiado desde el pasado mes de Noviembre, ni los servicios de inteligencia, ni la policía, ni siquiera el Ejército movilizado por el máximo estado de alerta, han sido capaces de evitar.

Han sido, en principio, 34 los muertos y cientos los heridos (aunque el comunicado reivindicativo del Estado Islámico habla de centenares de fallecidos), podrían haber sido muchos más, dada la dimensión de las explosiones en el aeropuerto y en el Metro, y dada también la seguridad con la que se van movido los terroristas en la capital de la UE, y corazón de todas las Instituciones Comunitarias, en plena alerta máxima y con la policía y el Ejército patrullando las calles.

Ya en Noviembre, cuando los atentados de París, demostraron que gran parte de los terroristas habían pasado por Bélgica y que incluso pudieron huir por territorio belga, los círculos más influyentes de la Comisión Europea y de la Alianza Atlántica, comentaban asombrados, el editorial del periódico francés Le Monde que hablaba de Bélgica como estado fallido y nada más y nada menos de “eje del yihadismo”.

Y la verdad es que los datos eran y son de por sí estremecedores. Buena parte de los terroristas de París y el presunto coordinador de los atentados, Abdelhamid Abaaoud, procedían de Bélgica. En 2014 , el autor de la matanza del Museo judío de Bruselas, y en el verano del año pasado, el tirador desarmado del Thalys o, incluso antes, algunos autores de los atentados de Madrid (2004), sin olvidar a los asesinos en Afganistán del comandante Massoud en 2001, tenían relación con el país, sede de las Comunidades Europeas. Todos vivieron o pasaron por Bélgica, escapando muy a menudo de la vigilancia de sus servicios de información.

Bélgica, se ha convertido también en centro de adoctrinamiento y de reclutamiento. En relación a su población, el país proporciona el mayor contingente de combatientes europeos de Siria. Las autoridades sólo se preocupan de la paz civil. Algunas mezquitas e imanes, bien identificados pero raramente molestados, han podido decir palabras hostiles, mientras que los aprendices de yihadistas, vivían en el anonimato de barrios que escapaban al control de las autoridades. “Los servicios belgas han fracasado en frustrar atentados fomentados en parte en Bruselas” aseguraba entonces el periódico Le Monde.

Lo ocurrido este martes en Bruselas (una ciudad en práctico estado de sitio) ha replanteado, un estado de alerta general en Europa, y en ciudades como Roma, Berlín, Ámsterdam o Madrid. Sobre todo después de que en el comunicado del Estado Islámico, reivindicando los atentados, hayan anunciado que esto sólo es el principio.