Confusión en Ciudadanos, aval a Sánchez y reto a Podemos

Con el aval de la militancia socialista, que ha tenido una participación superior a la prevista, a pesar de la polémica provocada por ese acuerdo de suprimir las Diputaciones (el verdadero poder de los socialistas en autonomías claves como Andalucía y Asturias) Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, inicia este martes, la difícil y complicada investidura para la Presidencia del Gobierno, con el escaso apoyo de Ciudadanos (40 Diputados) y Coalición Canaria (uno). Un total de 131 votos (se ignora si los seis diputados del PNV votarán a favor o esperarán, como es lo más probable, una posible segunda vuelta del candidato) de un total de 350, que tiene el Pleno del Parlamento.

Para Sánchez que hace un mes estaba en unas condiciones de gran precariedad política, hasta el punto que se discutía su liderazgo en el partido y su candidatura a unas nuevas y posibles elecciones, y que parecía imposible que pudiese superar el cerco al que le tenían sometido los barones territoriales del partido (especialmente la presidenta andaluza Susana Díaz, y el presidente asturiano Javier Fernández, y en menor medida, el extremeño Fernández Vara y el castellano-manchego García-Page) la votación de este fin de semana con una participación del 51% y unos votos a favor de la propuesta Sánchez, de más del setenta por ciento, supone un gran alivio. Alivio no sólo para él como dirigente, sino para su proyecto de investidura, a pesar de estar destinado al fracaso, y sobre todo, por estar hermanado con Ciudadanos. Conociendo la composición de la militancia socialista, es todo un gesto de solidaridad y de apoyo a la actual dirección.

Por eso, sorprende que ese “acuerdo histórico”, ese “Pacto del Abrazo”, firmado entre Rivera y Sánchez en la Sala Constitucional del Congreso, donde se encuentra el cuadro de Genovés, del mismo título, haya sido puesto en duda por Ciudadanos al anunciar que entablará negociaciones si hay otro candidato. Por el número de escaños, ese otro candidato solo puede ser Rajoy y su partido. Tanto uno como otro, es difícil que puedan cumplir con esos principios de regeneración democrática, reformas constitucionales, política económica, ayudas sociales y Presupuesto, dedicados al salario mínimo de subsistencia, y otras medidas para los más desfavorecidos, que tiene muy poco que ver con lo que ha venido defendiendo el Partido Popular.

Esta contradicción tendrán que explicarla los responsables de Ciudadanos a sus votantes y a quienes han recibido el Pacto como un gran acuerdo entre el centro-derecha y el centro-izquierda (el Gran Centro).Entre ese acuerdo histórico y las confusas manifestaciones de este fin de semana que dan cuenta que el partido de Albert Rivera reconsiderará su posición de pacto y acuerdo, si Sánchez no es elegido en la segunda votación esta semana, hay todo un mundo de matices que es necesario ordenar, explicar y confirmar.

Sobre todo, por el alejamiento que se ha producido entre el PP y el partido de Rivera por el pacto con el PSOE, por el intento de los dirigentes de Ciudadanos de investir a Sánchez e intentar luego un acercamiento a Mariano Rajoy, acercamiento rechazado por el inquilino de la Moncloa y por ocultar, dice María Dolores de Cospedal, que hay un intento de referéndum encubierto para Cataluña en el célebre Pacto, y cuyo objetivo último es, en palabras de la secretaria general del Partido Popular, “derogar todas las reformas que ha hecho el PP por el empleo”.

Por otra parte, al olor de la consulta realizada entre la militancia socialista, que ha supuesto un respiro para Sánchez y para la ejecutiva socialista, César Luena, responsable de organización, le ha pedido a los dirigentes de Podemos que igual que ha hecho el PSOE con los suyos, sometiendo su acuerdo con Ciudadanos a sus militantes, voten a partir del martes, a Sánchez o, por el contrario, prefieren que siga Mariano Rajoy, como presidente del Gobierno en funciones. Es decir que, en vez de abstenerse en la segunda votación, formen pinza con el PP y voten lo mismo.