Dos meses después, seguimos en el limbo político

Este fin de semana se inicia la cuenta atrás de la investidura del socialista Pedro Sánchez, con la consulta a los militantes de lo que parece más un plebiscito que una consulta propiamente dicha sobre qué tipo de alianzas cuenta con más apoyos, tras la cual se pronunciará el Comité Federal del partido que, en su momento, le marcó al candidato, una serie de líneas rojas que han desembocado en el “Pacto del Abrazo”, firmado el miércoles en el Salón Constitucional del Congreso de los Diputados, presidido por el simbólico cuadro de Genovés, “El Abrazo”, uno de los iconos de la Transición y de la reconciliación entre los españoles. La pregunta que será votada por 150.000 militantes socialistas es tan vaga que supone, de hecho, un apoyo incondicional al secretario general. “El PSOE ha alcanzado y propuesto acuerdos con distintas fuerzas políticas para apoyar la investidura de Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno ¿Respaldas estos acuerdos para conformar un Gobierno progresista y reformista?” Hasta ahora, el único pacto que se ha alcanzado es el firmado por Ciudadanos el miércoles.

Un pacto que ha desencadenado una guerra de todos contra todos, a pesar de ser calificado por Pedro Sánchez como un acuerdo “histórico”, que trasciende a la propia investidura de la semana que viene. Recibido con hostilidad por el Partido Popular que lo intenta utilizar con fines electorales, transmitiendo el mensaje de que Rivera ha traicionado a sus electores pactando con los socialistas y, con indignación por Podemos (las caras de los negociadores al mando de Iñigo Errejón, eran todo un poema), que se sienten engañados y que siguen insistiendo en el Gobierno de Coalición, los acuerdos Sánchez-Rivera han provocado una verdadera guerra de declaraciones, contradeclaraciones, acusaciones, descalificaciones y un verdadero “navajeo político”.

Durante todo el jueves han seguido las ruedas de prensa, la guerra de tuits, las declaraciones, y las acusaciones de engaño, en las que también han entrado “En Marea”, Izquierda Unida y Compromís, mientras desde las filas socialistas se intenta transmitir un falso optimismo ante una investidura que, de cara a la semana que viene, se presenta como un auténtico fracaso. Desde el PSOE se le quiere hacer ver a Podemos que muchas de las propuestas que ellos defienden están recogidas en el “Pacto del Abrazo”, especialmente las medidas de regeneración política y las que se refieren a ayudas a los más desfavorecidos y marginados por la crisis económica, y atacan, con el argumento de que en estos momentos Iglesias puede convertirse el día de la investidura en el mejor aliado de Mariano Rajoy.

El secretario general del PSOE Pedro Sánchez ha endurecido el discurro hacia Podemos y no ha tenido reparos en manifestar que, frente al pacto para el cambio entre PSOE y Ciudadanos, se ha producido un “acuerdo de bloqueo entre Podemos y el Partido Popular”, aunque ha dejado la puerta abierta al partido de Iglesias, siempre que abandone esa idea de la Vicepresidencia, la del referéndum para Cataluña y ese gasto de 96.000 millones de euros, que supera a todas las previsiones que puedan hacerse y que colocaría al país en un déficit imposible de afrontar por el espectacular aumento de la Deuda Pública, que digan lo que digan, hay que pagar.

Se inicia pues la cuenta atrás hacia un fracaso anunciado y a la espera que, pasado el 5 de Marzo, fecha de la segunda votación para la frustrada investidura, se abra un largo periodo de consultas entre los partidos para intentar buscar una salida en la que volverá a tener protagonismo Pedro Sánchez-Rivera (131 diputados contando con Coalición Canaria) frente a Partido Popular (123 diputados), con escasa capacidad de maniobra y de pacto, entre otras razones por hacer declinado en su momento la oferta de investidura y haber perdido varias semanas en ponerle letra y música a esa “Gran Coalición” que se le ha escapado de las manos. Es en ese tiempo de descuento, como ocurrió en Cataluña, cuando los socialistas piensan que se pueda producir un acuerdo con Podemos (difícil) o con el PP, algo a lo que se resiste Rajoy y su guardia pretoriana.

Es decir, que aunque se haya producido ese primer pacto con el que se ha querido salir de la parálisis política en la que se encuentra el país hace más de dos meses, seguimos en el limbo político y a la espera de si se abre un nuevo periodo de consultas reales, en las que Iglesias no descarta proponerse como Presidente (con pocas posibilidades) o sigue intentándolo Sánchez, o por el contrario, se abre un amplio periodo de reflexión, durante el cual no hay que descartar una reanudación de las negociaciones.