El humillante final de Artur Mas y Gavarró

Salvo la entrega de su alma al Diablo, Artur Mas y Gavarró, ha estado dispuesto a todo para complacer a la CUP (Candidatura de Unidad Popular) para que le prestasen dos votos y los ocho restantes diputados se abstuviesen. No ha servido de nada porque le han vuelto a humillar y por 38 votos a favor, 22 en contra y seis abstenciones, le han cerrado la puerta para ser el Presidente de la Generalitat que iba a dar paso a esa Cataluña independiente de España, dirigida precisamente por Artur Mas. De esta forma el hombre dispuesto a todo, a pasar por todo, incluso por la humillación de esperar tres meses, decenas de reuniones, multitud de votaciones populares y asamblearias, y firmar incluso un plan social que va en contra de toda la política desarrollada por la Generalitat durante los últimos años de recortes y sacrificios, ha quedado en la cuneta malherido pensando si merece la pena presentarse o no a las nuevas elecciones que posiblemente se celebrarán el próximo 6 de Marzo.

Para este dramático y humillante final, Mas escondido como número cuatro en una coalición variopinta que no consiguió la mayoría el pasado 27 de Septiembre, a pesar de su pomposo nombre (“Juntas pel Si”) aceptó los retoques en la declaración aprobado el pasado 9 de Noviembre por el Parlamento catalán (72 frente a 63) que proclamaba el inicio del proceso hacia la independencia, abogando por desobedecer a las instituciones españoles (empezando por el Tribunal Constitucional) e instando al gobierno de la Generalitat a cumplir solo las leyes emanadas del propio Parlamento autonómico. Pero es que también aceptó todo un documento de cincuenta folios que lleva por título “Y ahora, ¿qué? Manos a la Obra”, que produce sorpresa en cualquier votante de Convergencia, porque el partido que ha gobernado estos últimos tres años la Generalitat, y que ha tenido que ser disuelto por la corrupción de Jordi Pujol y toda su familia, y por los escándalos del propio Mas, ha venido haciendo exactamente lo contrario.

Salario social, paralización de las privatizaciones en marcha, transportes gratuitos, ayudas a la pobreza energética, un plan de choque social con 39 medidas “para la mejora de las condiciones de vida”, creación de un fondo de ocupación de 95,8 millones para que el Servei Pública d’Ocupació, implementación de un plan de choque, garantías de acceso a la tierra para el cultivo de autoconsumo mediante bancos de tierra de carácter público, recuperación de la Renta Mínima de Inserción y ampliación del presupuesto para llegar a todos los hogares sin ingresos. Por último garantías de ingresos mínimos mensuales de 34.000 para familias catalanas con hijos o dependientes a cargo, así como prestaciones vinculadas al servicio para todas las personas en situación de dependencia severa con menos recursos económicos y la percepción de la prestación derivada de la Ley de dependencia a las 19.000 personas que tienen reconocido el derecho. Todo un plan que en condiciones normales y conociendo su política económica, jamás hubiera aceptado.

Pero conociendo las dos almas de la CUP (la independentista y la anticapitalista) ha vencido la anticapitalista, la antisistema y de corte netamente asambleario, que no tiene ningún pudor en exhibir mensajes claramente extremistas, como la salida del euro y de la UE, el impago de la deuda, la renacionalización de la banca y la aprobación de una renta mínima vital. Y, aunque su discurso es aún minoritario -obtuvo el 8% de apoyo-, lo relevante es que empieza a cundir en amplias bolsas de la geografía catalana que ya han desconectado emocionalmente de España y para quienes la deslealtad al Estado es ya moneda común. Todo eso, ha pesado más que el independentismo, como ha pesado más, mucho más, la corrupción.

Esa corrupción que ha hecho de la familia del expresidente Jordi Pujol todo un símbolo de lo que es el enriquecimiento desde el poder, el cobro de comisiones para amasar una increíble fortuna, mientras se lanzaba el mensaje de que España estaba robando a Cataluña y se predicaba la independencia para, definitivamente, escapar de la justicia, creando una justicia acorde con una nueva situación. Las consecuencias han sido el final de la dinastía Pujol, el desprestigio de su Hereu político, Artur Mas y la desaparición del partido desde donde se ha venido robando en nombre de un “nuevo país”. El “Hereu” ha aguantado porque se lo habían pedido, Ahora todo el tinglado se ha venido abajo. Como sostenía este cronista hace unos días “Mas termina hasta con la CUP” (ver republica.com Mas termina con la Cup para ser Presidente). No ha terminado pero con lo de este domingo la ha dejado profundamente herida.