Mas termina hasta con la CUP para ser presidente

Artur Mas, presidente en funciones de la Generalitat catalana, no sólo ha terminado, ayudado por su protector Jordi Pujol y familia, con Convergencia, un partido fundado en plena transición, sino que amenaza con terminar también con la CUP (Candidaturas de Unidad Popular), profundamente dividida ante su insistencia en ser investido nuevo presidente de la Generalitat para iniciar el proceso de desconexión con la legalidad española, y sobre todo, el proceso de independencia y escisión de España.

Después de más de nueve horas de debate y de numerosas intervención en contra de Mas y de su partido por los numerosos casos de corrupción que han encanallado la política catalana y han terminado con el prestigio del expresidente Pujol de su familia y de su “Hereu político”, la discusión de cuatro proposiciones, y tres votaciones secretas, los máximos responsables de la CUP, han informado que ha habido un empate a 1.515 votos entre los que eran partidarios de investir a Mas presidente y los contrarios a una investidura que iba en contra de lo que el partido ha venido defendiendo hasta ahora.

De esta forma el señor Mas, que con su política ha dejado dividida a la ciudadanía catalana, deja también dividida a la CUP, que será difícil que se recupere del caos político en el que se ha metido y en las diferencias que se han creado entre las dos almas del partido: el alma independentista y el alma anticapitalista. Como solución de compromiso, los máximos responsables de la CUP han decidido volver a convocar asambleas locales y territoriales para tomar una decisión el próximo 2 de enero, ocho días antes de que termine el plazo para la convocatoria de nuevas elecciones en el mes de marzo.

A la hora de redactar esta crónica se desconocía la reacción de Mas a los efectos destructivos colaterales que está provocando su actitud de ser investido presidente a pesar de todo y de todos, las humillaciones que está sufriendo (la de este domingo ha sido una más) y las propuestas que está haciendo, dispuesto a ser presidente aunque su única función sea propia de Oficial Mayor del Palau de la Generalitat.

Para llegar a este punto, después de varias humillaciones y de poner de rodillas a Mas y a la propia institución que representa, éste ha tenido que aceptar todas las condiciones que a lo largo de las negociación le ha venido imponiendo la CUP y, como colofón final, ha tenido que firmar y apoyar la última propuesta de los antisistema, que probablemente no lo aceptaría, a estas alturas, ni siquiera Podemos, en ese viaje que ha emprendido hacia la moderación y hacia la conquista del poder. Un documento de cincuenta folios que lleva por título “Y ahora, ¿qué? Manos a la Obra”, que produce sorpresa en cualquier votante de Convergencia, porque el partido que ha gobernado estos últimos tres años la Generalitat, y que ha tenido que ser disuelto por la corrupción de Jordi Pujol y toda su familia, y por los escándalos del propio Mas, ha venido haciendo exactamente lo contrario. La CUP plantea tres ámbitos en los que hay que actuar y con los que Mas (no la totalidad de sus consejeros) está de acuerdo: “ruptura democrática” a través de una hoja de ruta hacia la independencia, “plan de choque de emergencia y urgencia social” y “proceso constituyente popular y no elitista”.

El plan de choque social incluye 39 medidas “para la mejora de las condiciones de vida”, como 240.000 becas comedor o la gratuidad del transporte público para desempleados, y la paralización de catorce procesos de “privatización” de hospitales, escuelas, patrimonio público, servicio de agua y otros ámbitos. Entre esas medidas está actuaciones urgentes para hacer frente a la “emergencia habitacional y a la pobreza energética”, así como garantizar la alimentación de las familias en especial de niños y adolescentes, y amparar a las familias que puedan ser desahuciadas.

Igualmente, se exige crear un fondo de ocupación de 95,8 millones para que el Servei Pública d’Ocupació implemente un plan de choque. Garantizar el acceso a la tierra para el cultivo de autoconsumo mediante bancos de tierra de carácter público, recuperar la Renta Mínima de Inserción y ampliar el presupuesto para llegar a todos los hogares sin ingresos. Por último se pide garantías de ingresos mínimos mensuales de 34.000 para familias catalanas con hijos o dependientes a cargo, así como prestaciones vinculadas al servicio para todas las personas en situación de dependencia severa con menos recursos económicos y la percepción de la prestación derivada de la Ley de dependencia a las 19.000 personas que tienen reconocido el derecho. Dispuesto a subir la apuesta Mas está ahora a la espera de lo que pase el 2 de enero.