Conclusión de los medios europeos: España es otro país

Cuarenta y ocho horas después de las elecciones el panorama de pactos y sondeos, que ha empezado a tantear el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, está mucho más negro que cuando la oposición se mostró partidaria que, como el candidato más votado, se encargará en primera instancia de formar gobierno. Todos los pronunciamientos del resto de partidos, excepto Ciudadanos que ha anunciado que se abstendrá en la segunda vuelta (mayoría simple: más votos positivos que negativos) se han manifestado en contra de la investidura de Rajoy, especialmente Pedro Sánchez, que después de haberle llamado “indecente” no parece que pueda facilitar su investidura. El tercer partido en liza, Podemos, cuando todo el mundo pensaba que para pactar Iba a poner el acento en los más desfavorecidos y marginados, ha puesto la línea roja en los Referéndums de autodeterminación que hay que celebrar, según él, en Cataluña, Galicia, Euskadi, Navarra y Valencia (de La Rioja, no ha dicho nada).

Desde el cuarto domingo de Adviento de 2015, España, en efecto, es otro país. Tan es otro país que un periódico tan influyente y tan institucional en Alemania como el Frankfurter Algemane Zeitung asegura que como ni el centro-derecha ni el centro-izquierda cuenta con una mayoría absoluta se esperan largas negociaciones para la formación de un Gobierno, “Pablo Iglesias podría acabar siendo jefe de Gobierno”. Después de Portugal, donde un giro a la izquierda en las urnas acaba de propiciar la llegada al poder de un gobierno socialista minoritario y dos partidos comunistas, ahora también “en el país vecino, el más grande de la Península Ibérica, el futuro rumbo político es de momento indeciso. Todo apunta a que el candidato oficial de Podemos, Pablo Iglesias, podría acabar teniendo razón con una declaración que, seguro de sí mismo, hizo en la campaña electoral: “Rajoy o yo”.

Los conservadores y socialistas, sigue diciendo el periódico, sumarían juntos una sólida mayoría absoluta pero las animadversiones personales y políticas entre sus dos candidatos oficiales hacen poco probable esta variante. Por otro lado,- señala el rotativo alemán- provoca escalofríos pensar en lo que podría significar la alternativa “Rajoy o yo” en política económica y europea, en la lucha anti-terrorista y en el control de la inmigración. En el flanco sudoeste de la zona euro no sólo están en juego ahora la austeridad y la disciplina fiscal del euro. Como país miembro de la OTAN, una España presidida por Iglesias también sería un nuevo factor de inseguridad.

Igual de pesimista se muestra el Financial Times cuando escribe que el país se encamina hacia la incertidumbre política después de que las elecciones generales produjese un Parlamento sumamente fragmentado con pocas posibilidades de una mayoría gubernamental estable los cuatro próximos años. Si España fuese Alemania, la solución obvia a este punto muerto sería una”Gran Coalición‟, que permitiera al nuevo Gobierno disfrutar del apoyo de 213 diputados en el próximo parlamento. Sin embargo, esto es algo que el liderazgos socialista no contemplará fácilmente. “Una coalición más amplia, que incluya a Ciudadanos, haría este escenario más digerible para los votantes socialistas, aunque ello también confirmaría el estatus de Podemos como el único partido importante en la oposición, algo que los socialistas están ansiosos por evitar, como es comprensible”.

La última de las posibilidades, una coalición de izquierdas liderada por Pedro Sánchez intentaría revertir o, al menos, mitigar, algunas de las políticas económicas de Rajoy. Pero el hecho de que los Socialistas, y no Podemos, sea el partido con más experiencia, muy bien podría llevar a un resultado al estilo portugués en el que al nuevo Gobierno le costará convencer a Bruselas y a Frankfurt de su fiabilidad. Además, a pesar de su retórica anti-austeridad, Podemos, al contrario que Syriza, no tiene dudas sobre la pertenencia de España a la eurozona.

Ese es el aspecto que más destaca el Suddeutsche Zeitung, al insistir en que las elecciones han demostrado que España no representa una amenaza para la Unión Europea. “Al contrario: todos los españoles son pro-europeos, sobre todo porque el país ha sido el que más se ha beneficiado de los miles de millones de Bruselas. Sin embargo, la UE también tiene parte de culpa de la corrupción en España, ya que el uso de los fondos no se controló suficientemente. Ahora podría darse en Madrid el impulso para que también Bruselas adelgace urgentemente su burocracia y la haga más transparente”.