No hay que descartar la “Gran Coalición”, según Moncloa

El bipartidismo, el sistema político por el que se ha regido el país durante 38 años, ha perdido treinta y cuatro puntos respecto a las últimas elecciones y a las generales desde 1982, que siempre ha acaparado entre el 70% y el 80% del voto, ha sufrido un duro golpe y ha empezado a ser substituido por un cuatripartito, tal como han venido vaticinando las encuestas, en un día que se considera histórico, hasta tal punto que tres de los partidos (PSOE, Ciudadanos y Podemos), han asegurado que este domingo ha comenzado una nueva era para España. Una nueva etapa en la que esos tres partidos han insistido en la regeneración democrática, en la potenciación de los derechos sociales y en cambios políticos y sociales fundamentales.

Con casi el cien por cien de los votos escrutados, el Partido Popular pierde 63 diputados respecto a la elecciones de 2011 y se queda con 123 escaños, muy lejos de la mayoría absoluta, incluso aunque obtuviera el apoyo de Ciudadanos. El segundo es el PSOE con 90 escaños, 20 menos de los 110 que consiguió Pérez Rubalcaba, el heredero del expresidente Rodríguez Zapatero, uno de los principales que ha tenido el PSOE desde que ganó las elecciones en el 2004 y el 2008. El tercer puesto lo ocupa es Podemos con 69 diputados. Ciudadanos queda muy por debajo de sus expectativas: 40 diputados.

Cerrado el escrutinio, y en medio de especulaciones sobre qué tipo de gobierno se puede formar, los principales líderes del cuatripartito han salido a cumplir un compromiso sobre cuáles son sus expectativas ante el panorama político que se abre en un escenario de gran inestabilidad y en el que parece que sólo se presentan tres opciones: un Gobierno sin mayoría absoluta entre PP y Ciudadanos (a pesar de que Rivera anunció el viernes que en el caso de que no ganase, él se abstendría en un apoyo a Rajoy); un gobierno del PSOE con Podemos y alguna fuerza política más hasta alcanzar una cifra cercana a la mayoría absoluta, o un Gobierno de coalición PP-PSOE. En este sentido Sánchez no ha adelantado nada y sólo ha manifestado su opción a que intente formar gobierno el partido más votado que es el PP, y que por tanto Rajoy realice las primeras consultas.

Por eso, a partir de esta misma noche-madrugada los estados mayores de todos los partidos han comenzado a estudiar a fondo los resultados para ver las distintas alternativas de Gobierno con la vista puesta en Bruselas que a través de diversos medios informativos ha venido lanzando mensajes de preocupaciónón de que España pueda convertirse en un nuevo Portugal, que en pleno ajuste, ha sido la oposición de izquierdas (partido socialista y partido comunista) la que ha venido a substituir a Pedro Pasos Coelho, el socialdemócrata aliado de Rajoy en el país vecino o en Dinamarca, donde al final, no ha gobernado el candidato más votado, como defiende el Presidente del Gobierno español, sino el candidato de la oposición, el que ha conseguido mayores apoyos parlamentarios.

Pero para la UE, a la vista de estos resultados, lo que le puede quitar el sueño (sólo hay que ver la cara de la canciller Merkel en el último Consejo Europeo cuando Rajoy le insinuó que, según sus encuestas, Podemos podría desplazar al PSOE como segunda fuerza), es que España pueda convertirse en una nueva Grecia, con el agravante de que nuestro país es la cuarta economía de la eurozona, y todavía, según vienen repitiendo desde Bruselas, hacen falta nuevos ajustes y una vuelta de tuerca más a la reforma laboral, aparte de que hay que retocar el Presupuesto que ha dejado hecho el Gobierno de Rajoy para cumplir los objetivos de déficit. El jueves The Wall Street Journal resumía perfectamente la situación con un llamativo titular “El futuro de Europa depende de lo que voten el domingo los españoles (ver republica.com “Final de campaña: “WSJ” cree que el futuro de Europa depende de España”)

Setenta y dos horas antes de la jornada electoral de este domingo, y ante el frenazo en en las encuestas de Ciudadanos y la subida de Podemos, a pesar de toda la ayuda de la prensa internacional (“Nosotros votaríamos por Ciudadanos” se pronunciaba con claridad el influyente semanario The Economist), la Moncloa, por boca de Jorge Moragas, jefe de campaña del PP y responsable del gabinete de Rajoy, lanzaba el mensaje a los periodistas que iban en la caravana del candidato popular de que quizás habría que intentar la “Gran Coalición”, entre el PP y el PSOE (213 diputados, 37 más que la mayoría absoluta).

El globo sonda ocupaba la primera página del diario El Mundo que destacaba el mensaje de Moragas, sin citarlo, porque era off the record, con la advertencia de que esa “Gran Coalición” no podía hacerse con Pedro Sánchez, con quien Rajoy ha roto todos los puentes, hasta el punto que se ha negado a devolverle la llamada tras su solidaridad por la “agresión de Pontevedra”. Rajoy no quiere el menor contacto con el secretario general del PSOE, desde que en el “Cara a Cara” del 14 de diciembre le lanzó a la cara la acusación de que no era un político “decente” .

En ese “Plan Moragas” el jefe de la campaña incluiría a Susana Díaz, presidenta de Andalucía que esta noche ni siquiera ha felicitado públicamente a Pedro Sánchez y ha insistido mucho en la unidad y en la cohesión de España, y sería decisiva la intervención de Felipe González, que siempre se ha manifestado partidario de esa “Gran Coalición”, pero que últimamente conforme han ido creciendo los partidos emergentes, ha venido mostrando la mayor frialdad hacia esa salida, bien vista por Europa, pero que dejaría en la oposición, sobre todo a Podemos, la gran preocupación de la Troika, pero la gran esperanza, a la vista de los resultados, de importantes sectores de la población.

Lo sorprendente es que esa versión era desmentida al día siguiente por el propio Presidente del Gobierno, aunque nadie cree que el señor Moragas, por su cuenta, se haya atrevido a formular esa hipótesis que, a la vista de los resultados, puede ser una de las más factibles y la que mejor sería acogida en los mercados, y sobre todo, en Bruselas, aunque según las encuestas, es la menos apoyada por la opinión pública y por Pedro Sánchez, que la ha venido rechazando estos últimos días en todos los mítines de campaña.