‘The Wall Street Journal’ cree que el futuro de Europa depende del 20-D

Con una desagradable sensación de frustración y de vergüenza generalizadas, se ha entrado en el tramo final de la campaña electoral que termina este viernes a las doce de la noche para dar paso al sábado de reflexión, y a este domingo decisivo en el que el resultado parece estar tan abierto que puede pasar cualquier cosa. La brutal agresión del miércoles al presidente del Gobierno en Pontevedra, que parece que estaba preparada hasta tal punto que es posible que se haya escogido a un menor lleno de odio para diluir muchas responsabilidades, ha enrarecido el signo de la campaña, puede tener algún tipo de influencia en el resultado final y tiñe todo de una sensación de violencia que nunca se había dado antes, aunque se trate de un hecho aislado del que no se deben sacar consecuencias políticas apresuradas, y sobre todo políticas.

Con un resultado tan abierto y tan incierto como el que se presenta este domingo, cualquiera que quiera sacar rédito político tratará de calentar, aún más, el ambiente que se ha creado para llevar el agua a su molino. Hay que destacar que el Partido Popular ha dado el grave incidente como cerrado y, el propio Rajoy, en un comportamiento que le honra, ha considerado la agresión por olvidada, ha anunciado que no piensa presentar denuncias y ha querido olvidar todo, hasta el punto que ha seguido el programa de la campaña con normalidad, hizo el mitin el mismo miércoles en La Coruña, y este jueves se ha desplazado a Barcelona, donde tras una reunión con empresarios se ha trasladado a Bruselas para asistir al último Consejo Europeo del año.

Lo que en las primeras informaciones aparecía como una bofetada, y así se contaban en las redes sociales y en los resúmenes de los digitales, se convirtió al difundirse el vídeo en una agresión insólita al presidente del Gobierno, algo que nunca se había producido en la historia democrática del país y que hoy, después de dar la vuelta al mundo, sigue apareciendo en todos los medios, especialmente en las televisiones por la crueldad y fiereza de las imágenes. Lo que fue un puñetazo de una violencia insólita, pudo haber causado daños muy superiores a la ruptura de unas gafas y a un moratón en la mejilla.

Ese moratón en el rostro ha acaparado las imágenes de los telediarios de toda Europa y del mundo, igual que en su momento las ocupó la agresión que sufrió el primer ministro italiano Silvio Berlusconi en Venecia, durante otra campaña electoral que tuvo como efecto la subida de la intención de voto por encima de lo que anunciaban las encuestas, por el llamado efecto ‘empatía’ con el agredido. Aunque de la agresión se ocupan los medios más influyentes del mundo, la atención está puesta en lo que puede pasar en España el domingo. Sólo hay que examinar tres medios de influencia decisiva como son The Wall Street Journal, Financial Times y The Economist para darse cuenta de la preocupación que hay sobre el futuro de España. Es decir de la incógnita que supone los llamados partidos emergentes, aunque son muchos los medios, como The Economist, que en su último número dice que si ellos pudieran votar, votarían por Ciudadanos. Los principales medios apuestan claramente por un gobierno Partido Popular-Ciudadanos.

El gran temor, lo que llaman la pesadilla de Rajoy, es que pueda pasar en España lo que ha ocurrido en Dinamarca y Portugal: que no están gobernando los dirigentes y partidos más votados, sino que quien está gobernando es la oposición, lo que Rajoy está llamando y repitiendo como “coalición de perdedores”, una coalición perfectamente constitucional que responde al esquema de cualquier país con democracia parlamentaria. The Wall Street Journal, con un cierto punto de exageración titula que “el destino de Europa, estará en manos de los votante españoles este domingo”, y asegura que las posibilidades de que Rajoy permanezca en el poder ” podrían depender de si logra o no forjar una alianza con Ciudadanos“. Para el periódico de los grandes grupos económicos del mundo, los mercados aplaudirían ese acuerdo. No obstante, Rivera ya ha dicho que no formará Gobierno con Rajoy, convirtiendo la supuesta corrupción de Rajoy y su partido en el centro de su campaña. Así, Rivera podría verse tentado a entrar en una alianza a tres con los socialistas y Podemos, similar a la que el mes pasado llevó a los socialistas portugueses al poder. “Este resultado, sin duda”, dice, “alarmaría a los mercados” .

“Pero una alianza electoral poco definida sería inestable por definición, siendo poco probable que realizase reformas, y casi con seguridad querría subir los impuestos y el gasto, lo que podría reavivar las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda. Esto es preocupante para un país que necesita 400.000 millones de euros en deuda del sector público y privado el año que viene”. Más prudente es Financial Times, que se extraña de que nunca antes hayan tardado tanto los españoles en decidirse a estas alturas de la campaña, ni nunca antes tantos votantes hayan dicho que están dispuestos a abandonar sus antiguas lealtades políticas y optar por un partido diferente. “El número de españoles que se debaten entre el PP y Ciudadanos, se sitúa en 1,4 millones. Hay un millón cien mil entre el PP y los socialistas y otro millón cien mil que no puede decidirse entre los socialistas y Ciudadanos. Ellos forman la gran incógnita que no sólo se cierne sobre las elecciones del domingo, sino sobre el futuro político de España. También son un reflejo de las convulsiones sociales y económicas que ha sufrido España y que han hecho tanto por corroer las antiguas lealtades”.

La solución definitiva, el domingo…