Parte del día: vientos y tormentas de guerra

Viendo el resumen del día parece que estamos en sucesivos partes de guerra. Turquía derriba un bombardero ruso Su-24, porque dice que el avión violó el espacio aéreo turco; el presidente ruso Putin acusa a Turquía de cómplice del Estado Islámico, y su ministro de Asuntos Exteriores pide a sus ciudadanos que no visiten el país por amenazas terroristas; la OTAN se reúne de urgencia en Bruselas; el presidente Hollande se entrevista en Washington con el presidente norteamericano Obama para convencerle de que se sume a la alianza de Francia, Rusia, Gran Bretaña y Europa contra el ISIS, mientras desde el portaaviones Charles de Gaulle aviones Rafale bombardean Siria e Irak (especialmente Mosul y Ramadi); un atentado en Túnez contra un autobús contra soldados de la guardia presidencial deja al menos 14 muertos, al tiempo que se cierra al tráfico los aeropuertos de Túnez, Cartago y zonas turísticas. Francia pedirá ayuda a España antes de las elecciones del próximo 20 de Diciembre.

Viendo el resumen del día parece que estamos en el primer capítulo de la novela “Vientos de Guerra” de Herman Wouk, la novela que junto con “Tormentas de Guerra” del mismo autor, son las que más han empezado a venderse en Amazon, aunque en algunos casos se puede adquirir gratis. Entre “Vientos de Guerra” y “Tormentas de Guerra” transcurre la actualidad y se acumulan las noticias, mientras aquí ya se preparan incluso manifestaciones en contra de la guerra bajo el lema “en mi nombre no” lema que han venido utilizando, los musulmanes contra los desmanes de los radicales islamistas. La etiqueta #NotInMyName y #IAmAMuslim («Soy musulmán») están siendo utilizadas para expresar que los extremistas no serán tolerados, y que el mensaje que propagan contradice el mensaje de paz que los musulmanes quieren propagar. Esta misma etiqueta fue utilizada en otros casos, como tras los ataques a la revista francesa Charlie Hebdo.

En Francia sigue el estado de emergencia, los registros, las detenciones, y la búsqueda de quien, en estos momentos, se ha convertido en el enemigo público número uno: Salah Abdeslam, el único terrorista que, por ahora, ha logrado escapar y que no se sabe si sigue en Francia o está en Bélgica… Salah Abdeslam formaba parte del comando que actuó cerca del estadio de Sant Denis y fue el único que no utilizó su cinturón de explosivos para inmolarse. Es el cinturón que, al parecer, la policía ha encontrado en una papelera no lejos de la zona donde tenía que inmolarse y, según fuentes policiales, es el que ha provocado el estado de alerta máxima en Bélgica. Una alerta que continúa y que tiene paralizada a Bruselas, la capital de Europa, de la UE y de la OTAN. Algo realmente insólito por lo que supone de victoria para los terroristas.

Este martes los círculos más influyentes de la Comisión Europea y de la Alianza Atlántica, comentan asombrados, el editorial del periódico francés Le Monde que habla de Bélgica como estado fallido y nada más y nada menos de “eje del yihadismo”. Y la verdad es que los datos son de por sí estremecedores. Buena parte de los terroristas de París y el presunto coordinador de los atentados, Abdelhamid Abaaoud, procedían de Bélgica. El pasado año, el autor de la matanza del Museo judío de Bruselas y, este verano el tirador desarmado del Thalys o, incluso antes, algunos autores de los atentados de Madrid (2004), sin olvidar a los asesinos en Afganistán del comandante Massoud en 2001: todos vivieron o pasaron por Bélgica, escapando muy a menudo de la vigilancia de sus servicios de información.

Bélgica, se ha convertido también en centro de adoctrinamiento y de reclutamiento. En relación a su población, el país proporciona el mayor contingente de combatientes europeos de Siria. Las autoridades solo se preocupan de la paz civil. Algunas mezquitas e imanes, bien identificados pero raramente molestados, han podido decir palabras hostiles, mientras que los aprendices de yihadistas vivian en el anonimato de barrios que escapaban al control de las autoridades. “Los servicios belgas han fracasado en frustrar atentados fomentados en parte en Bruselas” asegura Le Monde.

Algo con lo que parecen estar de acuerdo quienes trabajan en las instituciones comunitarias y en el Parlamento europeo. “Una especie de unión nacional, bastante rara, – es el diagnóstico del periódico francés- se formó para no poner en tela de juicio la responsabilidad de unos u otros. Y con razón: el sistema de coaliciones hace que, desde la emergencia del terrorismo islamista, casi todas las formaciones democráticas han participado en el poder y podrían ser consideradas como corresponsables. Lejos de aislar a Bélgica, hay que ayudarla a protegerse y esto es lo que hacen los servicios franceses. Pero el país debe recuperarse. La prueba del terrorismo debe llevarle a reforzar su seguridad, que es la de todos los europeos y a preguntarse, igual que Francia, sobre sus errores en materia de prevención e integración