Francia espera la respuesta de España a su cruzada contra el ISIS

Los franceses ignoran todavía el papel que jugará España en la guerra contra el Estado Islámico tras invocar el presidente de la Republica francesa François Hollande el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea por el cual “si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance, de conformidad con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas”. España públicamente ha declarado su total solidaridad con Francia, que en esta ocasión no ha querido, y no se sabe por qué, invocar el artículo 222 del Tratado de Lisboa, que es mucho más explícito.

Ese artículo que nunca ha sido activado, ni siquiera ahora, establece la llamada “cláusula de solidaridad” al señalar de forma muy concreta que “la Unión y sus estados miembros actúan conjuntamente con espíritu de solidaridad si un Estado miembro es objeto de un ataque terrorista o víctima de una catástrofe natural de origen humano. La Unión, movilizará todos los instrumentos de que disponga, incluidos los medios militares puestos a su disposición por los Estados miembros para prevenir la amenaza terrorista en el territorio de los Estados miembros, proteger a las Instituciones democráticas y a la población civil de posibles ataques terroristas, y prestar asistencia a un Estado miembro en el territorio de éste a petición de sus autoridades políticas en caso de ataques terroristas”.

Este es, sin duda, el caso que está viviendo en estos momentos, tanto Francia como Bélgica, en total estado de alerta y paralizada, algo sorprendente en el caso de Bélgica, y  sobre todo de Bruselas, capital de la Europa Comunitaria, sede la Unión Europea y de sus Instituciones, y de la Alianza Atlántica. Una situación que da la sensación de que el terrorismo, tan difícil de combatir, está ganando la batalla y estableciendo el miedo en nuestra sociedad.

Hasta ahora, por la campaña electoral y para que el conflicto no entre a formar parte del debate en las urnas del próximo 20 de Diciembre, el Presidente del Gobierno, que en principio dio el visto bueno al aumento de tropas españolas en Mali y Centroáfrica, para ayudar a Francia a centrarse en Siria e Irak, después de los graves sucesos de Mali parece que ha habido una reconsideración que no ha sido comunicada, pero que tendrá que ser solventada a la vista del acuerdo al que se ha llegado este lunes en Paris con Gran Bretaña, dispuesta a entrar en la alianza que preconiza Francia, si el Parlamento británico lo autoriza. Las conversaciones con Obama y con Putin en los próximos días, parece el intento de resucitar ese antiguo Eje de aliados contra el nazismo que llevó el triunfo, en una guerra mejor definida que ésta declarada por Francia.

Una guerra que además, no es sólo una guerra contra Europa y la civilización occidental. Es una lucha global de fanáticos religiosos contra todos los que no quieren compartir su ideología. Y en la que son los musulmanes los que sufren más víctimas, aunque al final, la ciudadanía está mucho más sensibilizada de lo que ocurre en Europa que en Mali, Irak o Nigeria. La prueba es que según el informe anual sobre el terrorismo publicado por el Departamento de Estado americano en 2014, en todo el mundo hubo 13.463 atentados terroristas, que tuvieron lugar en 95 países, pero en un 60 % se trata de países musulmanes, como Irak, Pakistán y Afganistán, así como parcialmente musulmanes India y Nigeria.

La gran mayoría de las víctimas fueron musulmanas y la decidida mayoría de los atacantes, los radicales islámicos que matan a sus compañeros de religión, en nombre de unos principios sagrados de la fe a los que, dicen que los otros han renunciado. Las tragedias han ocurrido en lugares lejanos, desde el punto de vista de un europeo medio, y no nos ha agitado tanto como los atentados en París, o la alarma que vive Bruselas.

Por eso, se trata de una guerra global, difícil de combatir y que no se resolverá. dicen todos los expertos, solo con bombardeos.