El terror de Rajoy al “No a la guerra”

Si a algo tiene terror Rajoy es a los atentados. Si los atentados están relacionados, de algún modo, a las guerras, el terror se convierte en obsesión. Es la situación por la que atraviesa ahora, desde que el martes, el presidente de la República francesa, François Hollande, que ha declarado la guerra al Estado Islámico, a raíz de los ataques armados en París, ha activado el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea por el cual “si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance, de conformidad con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas”.

La última vez que Rajoy tuvo que enfrentarse con esa situación era candidato del PP a las elecciones generales de 2004, y cuatro días antes, un terrible atentado, el mayor que se haya cometido en Europa, en tiempos de paz, le hizo perder unas elecciones que, según todas las encuestas, le daban como triunfador. Cuentan que hasta una decena de veces le pidió al entonces presidente del Gobierno, José María Aznar que convocase a los representantes de los partidos políticos al Palacio de la Moncloa, para hacer frente a la mayor crisis del país en el último medio siglo. Aznar se negó, con el razonamiento canalla de que si era ETA tenían ganadas la selecciones, pero que si el atentado tenía la firma del islamismo radical, había que dar las elecciones por perdidas. Y así fue, los autores fueron islamistas y Rajoy, no Aznar, perdió las elecciones, entre gritos de “Asesinos” y “No a la Guerra”.

Por eso, se entiende el terror y la obsesión del Presidente del Gobierno a los atentados de París y a la guerra. Por eso también, la primera reacción de uno de sus hombres de confianza, el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, ha sido considerar que “lo más prudente” es esperar a después de las elecciones del 20 de diciembre a que haya un nuevo Parlamento para decidir si España se implica en una intervención militar en Siria. “Las diputaciones permanentes de Congreso y del Senado estarían legitimadas para tomar una decisión, pero lo más prudente es esperar a que haya unas nuevas Cámaras y un nuevo gobierno para tomar una decisión tan grave como implicarnos en una intervención militar en Siria”, ha subrayado Margallo.

De todas formas, el jefe de la diplomacia española se ha querido cubrir, y ha aclarado que para que se produzca una intervención de España es necesario “un paraguas internacional, la aprobación por el Gobierno, y la autorización del Parlamento”. No obstante, ha destacado que España en la coalición no ha rehuido ningún esfuerzo en la lucha contra el terrorismo y está dispuesta “a estudiar la petición que nuestro aliados franceses nos planteen para tomar una decisión”. Las colaboración que pide Francia puede ser, desde una colaboración de los servicios de información hasta determinados aspectos logísticos”. En todo caso, se trataría de una “operación nacional” que requiere el concurso de las fuerzas políticas ya que “no puede ser unilateral del Gobierno”.

Dispuesto a ofrecer “toda la ayuda necesaria a Francia”, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, también ha evitado cuidadosamente utilizar la palabra “guerra”. Ha querido precisar que la situación actual “no era una guerra de religión, sino una lucha entre la civilización y la barbarie”. En la actualidad, recuerda el diario Le Monde, 300 militares españoles están encargándose de las tareas de formación de las fuerzas armadas en Irak y otros 150 de tareas de defensa. El jefe del Partido Popular no ha olvidado la guerra en Irak en la que participó su país, junto con Estados Unidos en 2003. Esta participación que decidió otro jefe de Gobierno conservador, José María Aznar, no solamente había sido criticada por una inmensa mayoría de la población, sino que había tenido como consecuencia los atentados de Atocha del 11 de marzo de 2004, que se habían cobrado la vida de 191 personas y cerca de 2.000 heridos en trenes de cercanías. Tres días más tarde, Aznar perdió las elecciones legislativas (en realidad las perdió Rajoy). A un mes de las elecciones legislativas del 20 de diciembre, Rajoy está empeñado en evitar que se repita algo similar y, por eso, le ha invadido el terror y la obsesión con los que el actual Presidente llegó al poder.

Hoy cuenta, o puede contar, con los socialistas bajo determinadas condiciones, y sobre todo con Ciudadanos que, sin complejos, se han sumado a la solidaridad con Francia con todas sus consecuencias. Quienes aprovecharán el “No a la Guerra” serán, sin duda, los de Podemos.