Un crimen contra la Humanidad y la guerra inevitable contra el EI

El mundo y, especialmente Europa sigue, en estado de schock, indignada y, también, aterrorizada, el desarrollo de los acontecimientos en Francia, tras la masacre provocada por el Daesh ( Estado Islámico ) el pasado viernes en París, en lo que es, sin duda, el mayor atentado de la historia de Francia después del final de la Segunda Guerra Mundial, un atentado múltiple que se ha saldado, por el momento, con 129 muertos y, en torno a 350 heridos, de los cuales, ochenta, son de gravedad extrema.

Descubrir, de pronto, que los autores de la masacre no son como se creía “lobos solitarios”, sino miembros de varias células perfectamente organizadas desde el exterior ; que el belga Abdelhamid Abaaoud, un yihadista huido a Siria y condenado en Bélgica, en ausencia, a 20 años de cárcel, es el supuesto cerebro de la operación y que ha preparado los ataques desde Siria ; que el Santuario de la mayoría de los militantes diaristas se encuentran a escasos kilómetros de Francia, en Bruselas, en el barrio de Moleenbeek, de poco más de noventa mil habitantes, la mayoría de ellos, jóvenes en paro de distintas nacionalidades y no integrados; que se había advertido casi proféticamente en el mes de Septiembre por parte del juez antiterrorista francés Mar Trevidic que lo más grave estaba por llegar y que “nos quieren hacer el mayor daño posible y a largo plazo, lo harán”; que algunos de los kamikazes que se suicidaron con chalecos explosivos estaban catalogados como “peligrosos” pero que no estaban vigilados o habían escapado del control de la policía y, en fin, que alguno estaba fichado policialmente como delincuente de pequeños robos y droga, ha sido, sin duda, la gran sorpresa y el gran descubrimiento de la opinión publica, en estas últimas horas en las que se han vuelto a anunciar nuevos ataques en los próximos días o en las próximas semanas .

Solo se habla de guerra. La palabra más repetida en los editoriales y comentarios de todos los periódicos, la más oída en la radio y la televisión, la más repetida en la calle desde minutos después del primer balance de la masacre, y especialmente desde los primeros bombardeos sobre Racca, la capital del Estado islámico, por parte de aviones Refale para destruir bases de entrenamiento, suministros, y mando de operaciones ( con ayuda de información norteamericana), ha sido, precisamente, la de guerra. La han utilizado tanto el Presidente de la Republica Francois Hollande como el primer Ministro Valls Tanto uno como otro, han escogido el lenguaje que va asociado a esa guerra. Francia actuará ‘sin piedad’ (Hollande) y piensa ‘acabar’ (Valls) con sus enemigos.

Desde que se conocieron los primeros datos de la tragedia, el presidente Hollando utilizó la expresión de “acto de guerra”, una expresión que era reflejo de una dura realidad que iba mucho más lejos que los atentados contra los periodistas del semanario satírico “Charlie Hebdo”, condenados por supuestas ofensas al Profeta Mahoma. Esta vez, la condena a muerte era indiscriminada. A ciudadanos que tranquilamente cenaban en terrazas, celebraban el final de la semana o asistían a un concierto de heavy metal. Eran, sin duda, verdaderos “actos de guerra”. Aleatorios, pero perfectamente coordinados y planificados. Eran lo más parecido al bombardeo de las ciudades enemigas llevado a cabo durante la Segunda Guerra Mundial. La diferencia esta vez es que no había sirenas, no había refugios antiaéreos, tan sólo el miedo y el terror de que pueden producirse nuevos ataques, nuevas amenazas, en cualquier lugar, en cualquier momento.

Pero esa guerra ya, en cierto modo, la había emprendido Francia con los primeros ataques en septiembre contra los centros de entrenamiento en Siria, convertida en una fábrica de terroristas, Sin embargo, esa guerra, según los expertos, no debería emprenderla Francia en soledad porque en este caso, es Europa, en especial y el mundo occidental, los que están amenazados Ha sido un crimen contra la Humanidad. Ahora es el momento de una acción concertada de la OTAN para erradicar a Daesh. La OTAN y sus aliados regionales deben desplegar tropas sobre el terreno y fuerzas aéreas contra los bastiones del Estado Islámico en Siria e Irak. Si Occidente no actúa con decisión el Estado islámico seguirá ganando fuerza en Oriente Medio, África y el Sur de Asia. Seguirá reclutando y entrenando a combatientes de todo el mundo, algunos de los cuales viajarán a los países occidentales para emprender esa cruzada en la que están empeñados.

Y, lo más grave es que los sondeos de opinión que suelen realizar todos los centros de estudios internacionales, indican el espectacular aumento del nivel de apoyo entre los musulmanes, hacia quienes han conseguido lo que no ha conseguido Al Qaeda: hacer realidad el viejo sueño del Califato. Un Califato dominado por el terror pero que produce admiración entre esas jóvenes generaciones que no están integradas en Occidente pero que manifiestan el mismo nivel de apoyo que existe entre musulmanes de todo el mundo. En los términos utilizados por Osama Ben Laden, Isis, es “el caballo ganador”, que se opone de manera heroica “ y exitosa “ a Occidente y a las naciones musulmanas traidoras. Este apoyo es vital para el reclutamientointernacional y para su capacidad de golpear a Occidente.

Es el camino que parece haber emprendido Hollande al anunciar que ha pedido la convocatoria del Consejo de Seguridad de la ONU, para que se apruebe una resolución que exprese la determinación de la comunidad internacional de combatir al Estado Islámico. El objetivo, ha insistido, “no debe ser contener, sino destruir al EI”.