Masacre en París, guerra abierta y miedo en Europa

Cuarenta y ocho horas después del atentado que ha sufrido Francia desde la Segunda Guerra Mundial, una auténtica masacre que ha dejado al país en estado de shock, en pleno estado de emergencia, con el Ejército tomando prácticamente todos los lugares estratégicos, las fronteras cerradas por la suspensión del Tratado de Schengen y una amarga sensación de impotencia y miedo, todo parece indicar que el país se prepara para una dolorosa y larga guerra contra el Estado Islámico que se ha reconocido autor de la muerte de al menos 129 personas (tres de ellas españolas) y más de trescientos heridos, ochenta de ellos, de extrema gravedad.

El Estado Islámico (Daes o Isis) tiene su origen en la invasión y guerra de Irak de 2004, cuando parte del Ejército de Saddan Hussein, disuelto por Estados Unidos, se une a las fuerzas de Al Qaeda a las órdenes del egipcio Zarqawi, ejecutado en una operación del Ejército americano. Le sucede Abu Abdullah Eashij, para dar paso, posteriormente a Abu Bakr al-Baghdadi, que es el que decide participar en la guerra de Siria y funda, en 2010, el llamado Estado Islámico, un califato, una forma de Estado dirigido por un líder político y religioso de acuerdo con la ley islámica o sharia. Ese califato incluye las ciudades de Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar en Irak y Raqqa en Siria. Además de varios campos de petróleo, represas, carreteras y límites fronterizos.

Al menos ocho millones de personas viven bajo el control parcial o total del EI, que ha impuesto una estricta interpretación de la sharia, forzando a las mujeres a llevar velo, obligando a los no musulmanes a convertirse o a pagar un impuesto, e imponiendo castigos que incluyen ejecuciones, crucifixiones, cortes de cabeza, decapitaciones públicas, en las que participan incluso niños y toda clase de horrores, para tener atemorizada y cautiva a la población. Algunas estimaciones calculan que el Estado Islámico y sus aliados, controlan al menos 40.000 kilómetros cuadrados en Irak y Siria, casi el territorio de Bélgica y que, ayudado económicamente, primero por Qatar y Arabia Saudita, ahora vive también, de todo el efectivo que ha ocupado de los bancos de las ciudades iraquíes que han conquistado, de la venta de petróleo, de extorsiones, secuestros e impuestos revolucionarios. Se calcula que tienen 50.000 combatientes, de ellos, 12.000 extranjeros y 3.000 occidentales.

Este es el complejo político-militar al que el presidente francés François Hollande declaraba la guerra sin cuartel, en la madrugada del sábado, en pleno estado de emergencia, advirtiendo que “Francia no tendrá compasión con los bárbaros del Estado Islámico y actuará con todos los medios y en todos los terrenos“. Francia está “en guerra” y atacará al Estado Islámico “para destruirlo”, añadía horas más tarde el primer ministro Manuel Valls: “Quiero decir a los franceses que estamos en guerra, sí estamos en guerra” y “vamos a actuar y a golpear a ese enemigo” yihadista “para destruirlo” en Francia, Europa, en Siria e Irak”, decía Valls en televisión 24 horas después de los hechos, agregando que la respuesta francesa será “del mismo nivel que el ataque”, “Responderemos golpe a golpe para destruir al ISIS y a ese ejército terrorista”.

En realidad, Francia ya viene actuando en lo que es el Estado Islámico desde finales de septiembre cuando aviones Rafale bombardearon campos de entrenamientos dónde se preparaban yihadistas procedentes de Europa y, horas antes de los atentados de París, desde el portaaviones Charles De Gaulle, salían cazas para destruir una de las mayores fuentes de petróleo con las que se abastecen los combatientes del Daes y con las que, además, se financiaban.

Cuarenta y ocho horas después de la masacre de París, el mundo sigue consternado por una barbarie que no tiene límites ni escrúpulos morales. Consternado y, sumido en el desánimo y en el miedo, sabiendo que es precisamente el miedo lo que mantiene viva la estructura del llamado Estado Islámico. Un miedo inevitable al que hay que vencer, teniendo en cuenta que es su principal y más poderosa arma. Pero también deberíamos saber que todos podemos descubrir a qué les tiene más miedo nuestros enemigos, observando los métodos que ellos usan, para aterrorizarlos.