Mas: nadie ofreció tanto y ninguno fue tan humilladlo

Ningún otro Presidente ofreció tanto, y ninguno fue tan humillado y ninguneado como Artur Mas i Gavarro (Barcelona 1956) en su segundo intento de ser investido Presidente de la Generalitat, después de haber metido a Cataluña en un camino de difícil salida, en una auténtica rebelión contra el Estafo central que, con la aplicación estricta del Código Penal, según viene advirtiendo el fiscal de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, puede llevar consigo una pena de prisión de treinta años. Hasta ahora, estamos hablando de desobediencia a una decisión del Tribunal Constitucional pero, a la hora de subir en el grado de la tan traída y llevada “proporcionalidad” no hay que olvidar el artículo 472 del Código Penal que se refiere a la rebelión que, según el ministro García-Margallo es lo que está ocurriendo en Cataluña.

La rebelión, recuerda el ex miembro del Constitucional y del Consejo de Estado, José Luis Manzanares, en una crónica publicada hace nueve días en este mismo digital, castiga a quienes “se alzasen violenta y públicamente” para conseguir determinados fines, entre ellos “declarar la independencia de una parte del territorio nacional” (art. 472 del Código Penal). Las penas de prisión para los inductores y promotores pueden llegar a quince años y subirían a treinta si, por ejemplo, se esgrimiesen armas, hubiera combates o se hubiese ejercido violencia grave contra las personas (art. 473). Las manifestaciones a favor de la independencia de Cataluña han sido pacíficas hasta ahora. En todo caso estaríamos en un delito que no requiere violencia, pero sí un alzarse “pública y tumultuosamente para impedir por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad, corporación o funcionario público, en legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de sus resoluciones administrativas o judiciales” (art. 544).

Con la advertencia del Constitucional de que tanto el Govern en funciones de Mas, como el propio presidente y la presidenta del Parlament, Carmen Forcadell, de que tienen que cumplir la admisión a trámite del recurso de inconstitucionalidad presentado por el Gobierno, y la suspensión de la declaración independentista, este jueves el Parlament ha vuelto a rechazar la investidura de Mas. A pesar de que Mas estaba dispuesto a todo: a crear lo que ha llamado una “Presidencia coral” (cosa del familiar Palau de la Música); a ceder parte de su poder en los temas económicos (que llevaría como vicepresidente el ecocomunista Raúl Romeva), los temas internacionales (de los que se encargaría Oriol Junqueras ) y de los temas sociales (a cargo de la actual vicepresidenta Neus Munté ), a someterse, incluso, a una moción de confianza en el plazo de once meses, ha pesado más en la CUP los escándalos de corrupción del clan de los Pujol y la propia corrupción en la etapa de Artur Mas, como máximo representante de la Generalitat, que cualquier otra promesa, concesión o propuesta de acuerdo, la mayoría de ellos, contradictorios con la ideología y la trayectoria de CDC (Convergencia Democrática de Cataluña). Un partido tan desprestigiado que ha tenido que presentarse con la plataforma “Junts pel si”, colocando, además a Mas, escondido en el número cuatro de la lista y, cambiando de nombre el propio partido, para concurrir a las elecciones generales del próximo 20 de Diciembre.

Antes de estas elecciones la CUP, dándole incluso una vuelta más a todas las concesiones que ha venido haciendo Convergencia y el propio Presidente, frente al malestar de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y de Oriol Junqueras, daría, según versiones que han comenzado a circular a primeras horas de la noche, el paso definitivo para aprobar la investidura. A este fin, habrían convocado una Asamblea para tomar una decisión colectiva y formular un argumentario para explicar su cambio de postura.