Mas quiere convertirse en un “Presidente coral”, en un florero

Ni Convergencia quería renunciar a la candidatura de Artur Mas a la investidura que se tiene que votar este jueves en el Parlamento catalán, ni quienes tienen la clave de esa investiduras, la CUP (Candidatura de Unidad Popular), querían otro candidato que no fuera Raúl Romeva, número uno de la plataforma “Junst pel si”. Pero Oriol no había llegado tan lejos para quedarse sólo como número cinco de la candidatura. Y había ya una vicepresidenta del Govern que insistía en que ella seguía siendo fiel a Mas.

Ese era el sainete en el que se desarrollaba esta tarde el encuentro de representantes de la CUP, con representantes de Convergencia, Oriol Junqueras y el propio Mas, en el Palacio de la Gneralitat, hasta que fue el mismo Mas, que minutos antes había afirmado, con falsa convicción, que no estaba dispuesto a ser un Presidente florero porque su figura debía ser fuerte en el contexto político actual, decidió cambiar el sainete por la opereta (o por la revista, no se sabe bien), y terminar proponiendo, lo que han llamado “Presidencia Coral“: un Presidente florero y tres vicepresidentes, uno económico Oriol Junqueras, otro internacional Raul Romeva y el tercero social, para la actual vicepresidenta de la Generalitat, Neus Munté.

A cambio, la CUP se habría comprometido (no lo ha confirmado) a que dos de sus parlamentarios voten este jueves la candidatura de Mas y, el resto se abstenga, con lo que habría más votos positivos que negativos, y saldría investido “Presidente florero“ el número cuatro de la candidatura “Junts pel Si”, Artur Mas y Gavarró, con lo que queda convertido esa plataforma en algo así como “Juntos por el tres por ciento”. Aunque Convergencia y, sobre todo Mas, estaban dispuestos a ceder en todo, o en casi todo (y ahí está su discurso de investidura del martes que no tiene nada que ver con la posición política del President, desde que llegó a la Presidencia de la Generalitat en 2012), no parecía que los antisistema de las Candidaturas de Unidad Popular estuviesen dispuestos a ceder, porque traicionarían el discurso contra la corrupción, que ha sido su principal caballo de batalla y con el que han sabido conectar con los indignados del 15-M, en cuyo caladero ha estado buena parte su electorado.

De todas formas a la hora de redactar esta crónica la “Presidencia coral” no dejaba de ser una propuesta, hasta cierto punto desesperada de Mas, en un intenso inútil de salvar la cara después de las sucesivas humillaciones de la que ha sido víctima por parte de los “cuperos” hasta la misma mañana de este miércoles el portavoz del grupo parlamentario de la CUP insistía en que si presentaban otra vez a Mas harían lo mismo que hicieron el martes, es decir, votarían que “no”. Pero cualquier cosa puede pasar en un partido que se autodefine como “una organización política asamblearia de alcance nacional, que se extiende en los Países Catalanes y que trabaja por un país independiente, socialista, ecológicamente sostenible, territorialmente equilibrado y desligado de las formas de dominación patriarcales”. En definitiva, un partido basado en el régimen asambleario que se reconoce sin complejos de izquierdas, anticapitalista, antieuropeo, ecologista y feminista.

Con esta definición, con la situación catalana y con esa posible solución de “Presidencia coral”, es lógico que muchos medios, como la Agencia Reuters vaticinen que a los partidarios de la secesión “les puede salir el tiro por la culata”. Si además es la CUP la que le da los votos a Mas. No se sabe cómo puede terminar el “proceso”. Hoy Financial Times “se asombra de que un hombre como Mas favorito de la Comunidad empresarial de Barcelona pueda pactar con un partido “de extrema izquierda, con posturas y políticas considerablemente más radicales que las del partido español anti austeridad Podemos”. La CUP, recuerda, se opone a que Cataluña pertenezca a la UE y a la OTAN e insta a que un futuro estado catalán de prioridad a alianzas con países como Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, la Autoridad Palestina y el Kurdistán, que defiende la nacionalización de las entidades financieras, así como la suspensión de pago de la Deuda.