Un Mas humillado, prepara nuevas elecciones

Mientras en Barcelona, todo está preparado para que este lunes el Parlamento catalán apruebe la proposición por la que echa a andar el proceso de la independencia y la desconexión progresiva con España con el rechazo de la legislación española, y la legalidad del Tribunal Constitucional, y en Madrid el Gobierno ya tiene convocados a los miembros del Consejo de Estado para que emitan el dictamen correspondiente de la resolución que se va aprobar, Artur Mas, el presidente de la Generalitat, prepara su discurso de investidura y espera, resignado, una nueva humillación por parte de quienes se niegan a votarle, porque en cierto modo, representa la corrupción de toda una época.

Escondido en el puesto número cuatro de la candidatura “Juntos pel Si”, sin aparecer en público desde el nombramiento de Carmen Forcadell como presidenta del Parlament, transigiendo con todas las exigencias que le ha impuesto la CUP (Candidaturas de Unidad Popular) y, con un gobierno dividido porque muchos de sus miembros creen que ha llegado demasiado lejos pactando con los antisistema cosas que son incompatibles con la supuesta ideología de Convergencia, Mas prepara su tercera investidura, sabiendo de antemano que desembocará en un fracaso y que, en todo caso,volverá a ser humillado por quienes le tratan como un apestado.

Nada que ver con su primera investidura en 2010, con el voto de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y la segunda en 2012, con la abstención de los socialistas. A la tercera no será, ni mucho menos, la vencida, a pesar de que, excepto bailar la sardana en medio del hemiciclo, le han propuesto de todo como salida a una situación que está bloqueada y sin salida. Desde compartir la Presidencia, hasta crear una Presidencia coral, pasando por proponer a otro candidato, que no sea de Convergencia, se han barajado todas las posibilidades siempre que no sea Mas el presidente de esa nueva Cataluña que este lunes pretende dar los primeros pasos hacia la independencia, su desconexión y su escisión de España.

Lo quieren fuera, lo quieren echar como el mayordomo (en este caso, mayordomo de Jordi Pujol i Solei y su numerosa y nada Honorable familia) que se ha llevado las joyas. Lo quieren sacar por la puerta de atrás, a pesar de que ha hecho todo lo que le han pedido, a pesar de que ha aceptado cosas que a cualquier militante sensato de Convergencia, le pueda parecer una traición y un escándalo. Le obligarán a votar una resolución (condición sine quoanon para llegar a la investidura) y volverán a humillarlo en una sesión que es histórica, y así quedará marcada en todos los libros de la Historia de Cataluña, aunque la Historia termine, como se espera, con más pena que gloria y con más frustración que alegría.

Cuarenta y cuatro días después de las elecciones del pasado 27 de septiembre, planteadas como un plebiscito, no hay ni plebiscito entre los propios independentistas. Si Artur Mas tuviese dignidad renunciaría a esa investidura que comenzará este lunes por la tarde y que se tiene que substanciar el martes, se negaría a pronunciar un discurso que, con toda seguridad, será unas nueva traición para su gobierno y para los militantes de su partido, y teniendo en cuenta los datos que este domingo publica El Periódico de Cataluña, recuperaría el sentido común, y haría una amplia reflexión sobre la situación que describe el gabinete de Estudios Sociales y Opinión Publica (Gesop).

Según este estudio, el 52% de los catalanes están en contra de que el Parlament impulse actos de desobediencia, el 18,7% apoya una Declaración Unilateral de Independencia y, el 16,8%, quiere unas nuevas elecciones. Los dos tercios de los votantes de la CUP están en contras de que se le dé el voto a Artur Mas, la mitad de los calanes no quieren la continuidad de Mas, y el 42% de los catalanes valora (frente al 41,4%) “más bien negativo”, un acuerdo entre Junts pel Si y la CUP.

Pero tendrán que sacarlo, porque tiene previsto esperar hasta después de las elecciones generales de diciembre y, en enero, volver a convocar elecciones para la primera semana de marzo… A menos que alguna torpeza del Gobierno central estropee todo… Que todo es posible.