Rajoy: de consejero delegado a concursante de Pasapalabra

Mientras el Presidente del Gobierno hacía este lunes un balance de cuatro años de legislatura, que en vez de un balance político, parecía el balance del consejero delegado de una constructora, después del estallido, de la burbuja inmobiliaria (balance económico según los criterios contables más ortodoxos, creación de empleo, crecimiento de las exportaciones, resultados espectaculares en cuanto a lo exigido por Bruselas, cumplimiento de los criterios de déficit, plan de ajuste sin olvidar las necesidades de los más marginados…), en Cataluña, en el acto de constitución del nuevo Parlamento surgido de las elecciones del 27 de septiembre, su nueva presidenta Carmen Forcadell, cerraba el acto con un sonoro grito de “Viva la República catalana”.

Parecía una respuesta a las palabras que el Presidente del Gobierno acababa de pronunciar en el Palacio de la Moncloa, anunciando que estaba dispuesto a hacer frente al desafío independentista, uno de los problemas más graves de la legislatura que se cerraba, y que como responsable del Ejecutivo, tenía previstos todos los mecanismos para poder actuar, porque ha repetido, era su obligación como Presidente del Gobierno, aunque en cualquier caso, esperaba que no tuviese que tomar ninguna decisión de ese estilo, referendos, sin decirlo, a la reciente reforma del Constitucional, sobre el cumplimiento de las sentencias.

El Presidente del Gobierno ha hecho un balance triunfalista, de consejero delegado en dificultades, y que está a la espera de la decisión de la Junta General de Accionistas, sobre la renovación de su Contrato.

En un momento determinado, el consejero delegado del PP, se ha lamentado de que después del esfuerzo realizado, después de salvar al país de la ruina, no se tuviera en cuenta la labor realizada durante la legislatura que termina este lunes y a la que ha puesto final el Presidente del Gobierno, después de haber reunido al Consejo de Ministros, en sesión extraordinaria en el Palacio de la Moncloa, para cumplir los trámites constitucionales de disolver las Cámaras y convocar las elecciones generales para el próximo 20 de diciembre. Esa es la última fecha libre en el calendario para la convocatoria oficial, ya que, de hecho, la legislatura habría terminado el pasado 20 de noviembre, fecha en la que hace cuatro años fueron convocadas las generales, por el presidente saliente José Luis Rodríguez Zapatero.

Sin ningún entusiasmo, como el consejero delegado en dificultades de una empresa que necesita de un cambio, de una vuelta de tuerca, Mariano Rajoy ha presentado un balance aseadito, en el que la creación de empleo ha sido “el indicador más claro del cambio” económico vivido esta legislatura, en el que se ha pasado de destruir 1.430 puestos de trabajo diarios en 2011 a crear 1.492 cada jornada en 2015. En un tono cansino, puramente tecnocrático, y algo aburrido, el Presidente del Gobierno ha intentado reconciliarse con el electorado, después de tantas y tantas promesas incumplidas y se ha referido a la situación de la que se hizo cargo del país en 2011.

El jefe del Ejecutivo subrayó que “España ha sabido superar la peor crisis económica de la historia, sin permitir que nadie quedara al borde del camino”, puesto que las pensiones han seguido creciendo y dado que “no hemos permitido que los impagos asfixiaran la asistencia sanitaria”. Rajoy ha destacado que, en cuatro años, el país ha pasado de caer económicamente como consecuencia de la recesión a tener “el crecimiento más alto” de la Unión Europea poniendo de manifiesto, que España ha ganado competitividad “sin devaluar la moneda”, lo que calificó como “una de las grandes transformaciones en esta legislatura”. Es decir el mismo discurso que viene repitiendo desde mayo del año pasado cuando se convocaron las elecciones europeas y que ha repetido en todas las elecciones, a pesar de lo que le vienen diciendo de que “no sólo de recuperación vive el hombre”.

No fue mejor la rueda de prensa en la que dejó de contestar a casi todas las preguntas, como si estuviese participando en el concurso de Pasapalabra. Ninguna respuesta y… Pasapalabra. Hasta cuando le preguntaron si estaba dispuesto a cara a cara con Pablo Iglesias y con Albert Rivera, dejando toda la responsabilidad de esa decisión a su jefe de campaña y de gabinete Jorge Moragas. Y quizás la más importante: si estaba dispuesto a entregar su cabeza si esa era la exigencia de Ciudadanos para un pacto con el PP (“Mi cabeza está bien dónde está y quisiera mantenerla dónde está”, respondió a la gallega). ¿Si pierde seguirá en el escaño, seguirá de Presidente del Partido? Silencio y,…Pasapalabra.

  1. mazarino says:

    No más PPSOE ya está bien de soportar robos y mentiras,además de ningunear a la gente.
    Nunca más PPSOEz

  2. Gora - Gora says:

    Pero, ¿que clase de porros se fuma el amigo Sebastian para soltarnos estas crónicas apocalípticas y ridículas? Y, ¿donde está esa libertad de expresión de la que tanto presume y que tanto reclama, si luego censura un post tan inocente como éste, porque nos preguntamos con fundadas razones que clase de costo practica el amigo?